La cuesta de julio

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Opinión
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La señalan en enero.

Cuesta arriba se asciende con cinturón trincado. Se echó media casa por la ventana. Quedó la cobija corta al estirar los pies. Se derrochó hasta llegar al monte de piedad que, a pesar de ser monte, se ve como cuesta abajo por lo que entra al bolsillo aunque deje las prendas empeñadas.
Y tenencia sobreviviente y predial con oferta de descuento y seguro vienen a sumarse a los egresos necesarios. Por nuestra habitual desigualdad hay quien vive un enero sin cuesta, avanzando por el valle de su suficiencia, sin zozobra alguna.

Ya atisba el ciudadano la otra cuesta. La de julio. Será la cuesta electoral para el alpinismo de los candidatos. Los votantes serán el alfiletero de todos los impactos propagandísticos mediáticos de los pretensos. Y esa será su cuesta de electores que pueden irle al pinto o al colorado, a cara o cruz, a águila o sol en el volado del sufragio.

En este momento apenas se están rompiendo los cascarones. Se empiezan a dar, con andadera, los primeros pasos. Desde la precampaña ya se escuchan las consabidas promesas y los autoelogios de alta calificación. Los futuros votantes se enclavan en una tipología abigarrada. Están los que deciden en plena casilla. Los que están anclados en su decisión partidaria de siempre, independientemente de nombres elegibles. Se dan los que logran descubrir al "menos peor" en el camino. Y los que se salen del juego por alguna de las diversas puertas: la del voto por Cantinflas, la del voto cancelado, la de la abstención. Y no falta el del voto convencido porque le llena el ojo alguien con cara de ser el mejor ni el del que sólo vota por botar del mandato a quien no quiere dárselo.

Es una verdadera cuesta que invita a ascender hasta el nivel del voto informado, consciente y responsable para lograr una democracia digna. Todo elector es como un contrayente que se va a casar. Sabe que abrazará un manojo mixto de cualidades y defectos. La mejor esperanza es la de elegir a alguien capaz de rodearse de un equipo que pueda armar el rompecabezas de la suficiencia con aportación de talentos diferentes.

Toda cuesta tiene su cumbre. La de enero llega a la del nuevo equilibrio de entradas y salidas y esperemos que la de julio pueda llegar a la cumbre de otorgar un mandato inteligente y la comunidad haga la mejor apuesta para un próximo sexenio...

El autor de Claraboya, quien ha escrito para Vanguardia desde hace más de 25 años, intenta apegarse a la definición de esa palabra para tratar de ser una luz que se filtra en los asuntos diarios de la comunidad local, nacional y del mundo. Escrita por Luferni, que no es un seudónimo sino un acróstico, esta colaboración forma ya parte del sello y estilo de este medio de comunicación.

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