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Opinión
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Fútbol y Política

Los Presos de ETA

Era predecible y así lo expusimos desde hace más de un año: el partido en poder de la Presidencia, que hizo alumbrar la esperanza de un cambio estructural en 2000, modificó estrategias y consolidó la tesis de que debía sostenerse a cualquier costo. Meses atrás se dio la impresión de que acaso, con los respectivos consensos de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, el mandatario Felipe Calderón no veía del todo con malos ojos la posibilidad de una segunda alternancia, siempre y cuando ésta se diera a favor del PRI y del mediático Enrique Peña Nieto quien ya aventajaba, por mucho, a cualquier otro postulante con merecimientos dentro y fuera de su propio partido.

Algo sucedió, sin embargo, que hizo cambiar de parecer a Calderón, acaso el temor a perder las consideraciones de un copartidario a trueque de una nueva consolidación priísta que debía romper con cuanto había sucedido a lo largo de doce años bajo administraciones de la derecha; o, peor aún, de cuanto NO había ocurrido en este lapso perdido para la democracia -ninguna reforma sustantiva se propuso salvo la que liquidó a los consejeros pecadores del Instituto Federal Electoral, bajo la presión de una oposición en pie de guerra-, y la justicia.

Calderón debió hacer números y considerar que, durante poco más de cuatro décadas, el ETA vasco ha asesinado a ochocientas cincuenta personas, que no son pocas desde luego ni deben desdeñarse; también que el mayor genocidio que vivió nuestra generación, la matanza de Tlatelolco en 1968, no sumó sino a dos o tres mil cadáveres aun cuando no exista una lista precisa de los mismos. Gustavo Díaz Ordaz se justificaba al respecto aduciendo que una cifra mayor de muertos podría ser perceptible a simple vista porque los vacíos en la sociedad los delatarían. No habló, claro, de que el silencio era también fruto del terror en una de las horas más negras de la historia del país. Y otro tanto puede achacarse a la negligencia criminal del régimen de Miguel de la Madrid cuando no supo responde, oportuna y eficazmente, a los sismos de 1985 en los que la ciudadanía tuvo mayor capacidad de organización para rescatar a los cientos -o miles- de cuerpos enterrados bajo los escombros.

Ayer hablamos de la simpleza con la que se trató de desdeñar a las víctimas de la narco-guerra o entre las mafias, incluyendo los infiltrados en las instituciones públicas y sobre todo las castrenses, aduciendo que, en todo caso, en México mueren más por diabetes o en accidentes que como causa de la violencia. Una auténtica perogrullada cuyo autor saltó en busca del gobierno guanajuatense hace meses, acaso para no abundar en más explicaciones al respecto, el doctor José Angel Córdova Villalobos.

La realidad nos dice que no es posible negar de manera superficial que las cifras imprecisas de ejecutados -algo más de 43 mil de acuerdo a la estadística oficial y hasta 60 mil si seguimos los desordenados recuentos de las organizaciones no gubernamentales-, son tan abultadas como las que han podido registrarse en las naciones sometidas a una violencia sorda, bélica, como las de algunas naciones de Medio Oriente y, desde luego, está a la cabeza de quienes integran las veintisiete economías "más fuertes" del planeta aun con enormes contradicciones de por medio. Además es sorprendente que con tal clima de inseguridad, extendido ya a toda la República, los inversionistas del extranjero no hayan perdido su confianza en el futuro de México y compren, claro, muy barata cuanta empresa se les ofrece, desde bancos hasta emporios de comunicación. El desarrollo de los bancos hispanos y del Grupo Prisa, por ejemplo, son síntomas inequívocos de que no a todos conviene la paz... porque la guerra devalúa propiedades y bienes y extiende la especulación.

Por esta razón, el Citigroup compró Banamex a precios d regalo -diez veces menos de lo que pagó por su equivalente en Chile-, y el consorcio español BBV-Argentaria, orgullo del País Vasco, hizo lo propio con Bancomer a pesar de que este banco no ofrecía problemas de liquidez ni de deuda alguna, contradiciendo la posibilidad de una fusión entre los dos bancos mexicanos para fortificar nuestra presencia en los mercados financieros; a cambio de ello, nos vendimos por migajas en plena reconquista.

Una verdadera tragedia para el futuro del país que revolotea sobre los comicios federales en curso. Nunca antes, como ahora, se habían conjuntado una crisis económica con otra política con los aderezos de la violencia -la de los narcos y la oficial- y el acecho desde el norte en donde ya se convirtió en un tópico, entre los postulantes republicanos a la Casa Blanca, insistir en la urgencia de "cooperar" -por no decir invadir- con las autoridades mexicanas en busca de criminales. Fácil la tienen porque nuestro gobierno sencillamente no reacciona sino a golpes de intrigas soterradas y golpes bajos incluso entre su cerrado grupo de aspirantes a puestos de elección popular.

No puede sorprender, en tales términos, los abucheos y reclamos constantes contra Calderón, como en Guadalajara en donde le preguntaron a dónde piensa vivir cuando termine su mandato a sabiendas de que, pese a la guardia pretoriana que tendrá para su protección, nada sería suficiente para garantizar la seguridad suya y la de su extensa familia. Calderón pretendió mostrarse valiente y aseguró que podría fincar en la perla tapatía, en demagogo puro.

¿Por qué no habló de su tierra, Michoacán, sobre la que lanzó una gravísima acusación -que las elecciones fueron infiltradas por el crimen organizado- sin aportar prueba alguna ni señalar un solo nombre? Esta actitud, contradictoria del principio elemental de que cualquier funcionario con conocimiento de un delito debe proceder a denunciarlo ante los tribunales correspondientes y de no hacerlo incurriría en gravísimas responsabilidades penales y administrativas, incluyendo la inhabilitación para desempeñar cargos públicos. Con este solo hecho, ya está sentenciado de antemano y puede procederse judicialmente contra él, antes o después de que deje la banda tricolor. Y Calderón lo sabe porque algún abogado rondará por su despacho en las célebres tardeadas de Los Pinos.  

Debate

Acción Nacional cada vez se parece más a la FIFA, numen de las mafias internacionales, que se cree superior a las soberanías de cada país como fue patente, hace dos años, durante el Mundial de Sudáfrica en donde sólo faltó que el dirigente futbolero impusiera a un nuevo presidente-títere para redondear la prepotencia de la organización.

También procede con todas las ventajas, al estilo del popular Barsa, a quienes los árbitros sirven en bandeja de plata todo tipo de tropelías contra sus adversarios, convertido en punta de lanza del nacionalismo catalán y del antitaurinismo trasnochado de ciertos barcelonistas radicales y tontos, con la preservación de costumbres, tan bárbaras, como los llamados "correbús" en los que se prenden los pitones de los toros y se les alancea y apedrea por las calles hasta la muerte. Esto sí es salvajismo y no cuanto sucede en las plazas de toros en donde los espadas, a cambio de sus vidas, se toman las de los toros bravos en un escenario en donde se exalta y homenajea el instinto fundamental de estas fieras: su bravura.

En cuanto a la política, el PAN pretende manejar a sus anchas el proceso en cierne, esto es aplicando las estrategias del desprestigio, esto es las campañas negras, para exhibir a los gobiernos en donde el priísmo o sus sucedáneos quedaron en cabeza, como Coahuila, Tamaulipas, Veracruz y Guerrero. Es una persecución casi grotesca pero que está siendo efectiva en cuanto a la difusión que induce a pensar que sólo los miembros de este partido proceden así, olvidándose de casos tan escandalosos como el del panista Luis Armando Reynoso, de Aguascalientes, y de Emilio González, de Jalisco, convertido en uno de los mejores aliados de Calderón.

Y, claro, ya podrán decir que estoy a favor del PRI, cuando esto es imposible por cuestiones de índole personal e ideológica, para descalificar lo que no pueden responder. Así de frívolos son sus voceros.

La Anécdota

Con los excesos regionalistas se quebranta toda posibilidad de unidad nacional. Sucede en Cataluña y el País Vasco en donde se pretende que los presos de ETA deben tener la condición de "políticos" cuando sobre ellos penden las muertes de inocentes, confesadas debidamente, como un argumento para volver a lanzar advertencias sobre la posibilidad de reanudar la violencia en esta crítica etapa de la vida española.

¿Y no es curioso que la presencia de ex dirigentes etarras en México haya coincidido con la oleada de secuestros, primero, y la exacerbación de extremistas, en zonas como Oaxaca y Guerrero sobre todo, incluso con la formación del EZLN, sin que siquiera se hayan abierto indagatorias al respecto? Puede ser que nos equivoquemos, pero sólo seguimos las líneas delineadas por los propios terroristas. ¿Será este flagelo el que nos falta?

E-Mail: loretdemola.rafael@yahoo.com.mx


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