Cuentos interiores de Sylvia Plath
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"Por otro lado, es natural que el agua del lago humee y apeste debido a lo que los sueños han venido depositando pastosamente a su alrededor
a través de los siglos".
`Johnny Panic y la Biblia de los Sueños'
Inicio con un epígrafe de uno de los veinte cuentos de Sylvia Plath que el escritor, traductor y ya legendario promotor cultural David Ojeda ha realizado para Ediciones de Medianoche bajo el nombre "La Biblia de los Sueños. Cuentos Completos de Sylvia Plath", una edición que salió hace exactamente hace un año, en abril de 2011. El espléndido trabajo, trae al español por primera vez reunidas, versiones de veinte creaciones en prosa de esta escritora nativa de Boston, una poeta poco leída y mal entendida. Para conocerla, David Ojeda se dedicó como minucioso traductor del espíritu literario de Plath.
Además, lo interesante de esta labor es que él se ha empeñado en traer, para nuestro conocimiento, a la Sylvia literaria que para la propia Sylvia era la verdadera: "Para mí, anotó Sylvia Plath, la poesía es una evasión de la verdadera tarea: escribir prosa". Ésta es una de las anotaciones que hace David en su texto de presentación, que también incluye joya historiográficas, como los extractos del poema "lectores" de Frieda Hughes, hija de Ted y Sylvia, quien escribió: "(.) La querían desnuda. / deseaban saber de qué estaba hecha (.) Mientras sus madres yacen en tumbas apacibles, / enmarcadas por esos lindos guijarros verdes / y con flores en un frasco de conservas, / han desenterrado a la mía (.) le dieron vuelta, como si fuera carne sobre carbón, / para descubrir los secretos de sus muslos marchitos / y sus senos encogidos. / Vaciaron sus ojos para ver cómo miraba / y mordisquearon su lengua en pequeños bocados / para hablar con su voz. / Pero cada uno probó carne distinta / y comió un órgano distinto, / tocó otra piel. / Insistió cada uno en ser aquel que / mejor entendía / el que tenía la fórmula correcta. / Cuando emergió del horno de la estufa / la destriparon, la despellejaron / y la guarnecieron. / la han llamado suya."
Estos cuentos autobiográficos son colocados por Huerta en orden cronológico para asomarnos a la forma en la que Sylvia recuerda su infancia, su juventud, su encuentro con Ted Hughes y en general, esa manera relampagueante de ver y estar en la vida.
Por ejemplo, en el cuento "Un Domingo con los Minton", Plath escribe: "El suyo era un mundo crepuscular, donde la luna flotaba por encima de los árboles de noche, como un trémulo globo de luz plateado, y los rayos azulados fluctuaban a través de las hojas fuera de su ventana, temblando en fluidos patrones sobre el papel tapiz de su recámara (.)".
Más delante, en "Muchacho de Piedra con Delfín", Sylvia narra su encuentro con Ted.
Aquí un extracto: "Había una barba musgosa en la quijada de él. El cuarto y las voces se acallaron ante la primer débil voluta de un viento creciente. El aire se rarificó: tormenta por venir". Sylvia y Ted formaron una historia de amor y desamor interrumpida por el suicidio de Plath, quien luego de su muerte fuera tomada como bandera feminista.
Y Hughes sería visto "como un villano por la mayor parte de los lectores que han hecho de Sylvia Plath antes un símbolo que una escritora vigente y respetable. Al margen de eso, lo cierto es que Ted Hughes (.) fue con el legado de Sylvia un albacea muy quisquilloso, vedando documentos y fuentes, aspa como censurando investigaciones y publicaciones que abordaban la obra y la vida de la escritora"; anota David Ojeda.
Es hasta cierto punto esperable que la poesía de Sylvia se empezara a leer masivamente, posterior a su suicidio; esta relación de morbosa atracción por la desgracia de alguien viene pegada a los huesos de la humanidad. Y más delante, en 1982, 19 años posteriores a su muerte, recibió el Premio Pulitzer el libro de su poesía completa. Así que para no llamarla nuestra, más bien, para entender sus sueños, leamos más esta Biblia y dejemos que Sylvia sea quien se exprese, entremos al mundo de sus sueños. David, gracias.
claudiadesierto@gmail.com