La salud
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En 1948 la Organización Mundial de la Salud estableció el 7 de abril como el Día Mundial de la Salud, que se conmemora todos los años y en cada uno se elige un tema que pone de relieve una esfera de interés prioritario para la OMS.
En realidad, el Día Mundial de la Salud es una campaña en la que se invita a todas las personas -desde los dirigentes mundiales hasta el público en genera,l de todas partes- a prestar una atención especial a un problema de salud con repercusiones en todo el planeta.
Este año, el tema elegido fue el envejecimiento y la salud, y el lema: "La buena salud añade vida a los años". Se trata de mostrar cómo gozar de buena salud durante toda la vida, lo cual puede ayudarnos en la vejez a tener una vida plena y productiva, y a desempeñar un papel activo en nuestras familias y en la sociedad.
A lo largo del pasado siglo la Humanidad no ha cesado de añadir años a la vida. Este siglo el mundo albergará pronto más personas mayores que niños, de manera que los hombres y mujeres de edad avanzada no sólo viven más tiempo, sino que además pueden llevar una vida productiva con calidad en todos los niveles de la sociedad.
En el Siglo 21 la experiencia de envejecer será muy distinta de la del siglo pasado. Tenemos que reinventar la vejez. Con ocasión del Día Mundial de la Salud, la OMS invita a todos a reflexionar sobre el tipo de sociedad deseable y a examinar las políticas y las medidas que necesitamos poner en marcha para adelantarnos al envejecimiento de la población y responder a él privilegiando ante todo la salud.
Hoy es claro que para México la vejez está a la vuelta de la esquina y que, según datos de la Secretaría de Salud, las generaciones más numerosas, las nacidas entre 1960 y 1980, ingresarán al grupo de 60 años y más para el año 2020, lo que se reflejará en un aumento de adultos mayores en las próximas décadas.
La pirámide poblacional de nuestro País -la distribución de la población de acuerdo con su edad- ha cambiando de manera inusitada en los últimos años. México, de haber tenido una población joven y en crecimiento, paulatinamente se ha ido transformando en una nación con población envejecida. El resultado de esta tendencia será una cantidad cada vez mayor de personas adultas mayores y la modificación de las formas de vida de los mexicanos.
Las acciones que se llevaron a cabo en el área de la salud en las décadas pasadas lograron que México transitara de ser un país con tasas de natalidad y mortalidad elevadas, a uno con aumento en la esperanza de vida al nacer y una mortalidad infantil cada vez menor. El mejoramiento paulatino de las condiciones de vida de los mexicanos es resultado de prácticas diversas, como saneamiento de pueblos, vacunación, mejoras en la nutrición, incremento en el acceso a los servicios de salud, mejor vivienda y educación.
La planificación familiar, que entró en escena en México, en los años 70 tuvo efectos más eficaces en los años de la década de los 80 y 90. De entonces a la fecha, la esperanza de vida al nacer se ha modificado sustancialmente pasando, en general, de 71.2 años, en 1990, a 76.6, en el 2010.
En este País el envejecimiento poblacional tendrá que ser estudiado a conciencia, y se tendrán que planear oportunamente las estrategias para su atención, ya que la forma de envejecer del pueblo mexicano es muy diferente a la de los países europeos, que ya han transitado por el mismo fenómeno pero con matices socioeconómicos, culturales, demográficos y de salud diferentes.
Una de las características muy interesantes del envejecimiento poblacional en México es la feminización de la población de personas adultas mayores. Según datos del INEGI, para 2010 la esperanza de vida de los hombres era de 74 años y la de las mujeres de 79. Estas diferencias tienen explicaciones antropológicas: las mujeres hemos logrado el acceso a la medicina preventiva para el cuidado de la salud y, desde la niñez, una cultura de la salud y la belleza física más desarrollada.
Ahora que arrancaron las campañas por la Presidencia de la República conviene comparar las propuestas de las plataformas de los distintos partidos para prevenir y asegurar que las políticas públicas prevean adoptar una cultura de una buena relación intergeneracional, así como una infraestructura para atender las necesidades de los y las adultas mayores.