Sagrado Corazón de Jesús

Opinión
/ 9 abril 2012

A mis padres, Agripina y Guillermo

Un viento fresco, mezclado con polvo y basura se arremolina en una banqueta pequeña, ante una puerta de madera vieja. Estamos frente a una casa. Luce deshabitada. El aire sucio de la ciudad se ha acumulado hasta formar una capa en el suelo, enmarcando la fachada. Tocamos, nadie abre. Nadie contesta.

Nosotros, menos pobres que los pobres, vamos vestidos con nuestra adolescencia. En la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús nos pidieron que acudamos. Que vengamos a esta casa, ubicada en el número tal de la calle equis. Que aquí nos esperan.

Por eso llegamos en grupo, charlando animadamente, cargando bolsas con alimentos. Pero nadie abre. Pensamos que la familia a la que tenía por destino el alimento, ya no vive allí. Tocamos la puerta de nuevo, fuertemente pero ya con un dejo de juego.

Emprendemos la retirada y rechina la madera de la puerta. Se abre lentamente. De la oscuridad surge el rostro de una anciana. Está asombra

Nosotros también. Algo hay en su rostro, como mantenido a raya, a punto de desbordarse. Algo parecido a una cura o un alivio. Le decimos que venimos de la parroquia de Frontera, que nos mandó el padre Héctor, que les traemos alimentos.

 Ella sonríe levemente y gira su rostro al interior de aquella oscuridad: "No estamos solos, viejito, mira". Vuelve sus ojos a nosotros y dice como liberando un bocado de miedo: "Nos íbamos a dejar morir. Nos habíamos acostado para morir". Algo de agua salada resbala por el rostro de la mujer. "No tenemos hijos, somos pobres. Y nadie viene nunca, porque estamos viejos y no servimos para nada. Ya no esperábamos a nadie".

Nosotros no atinamos a decir palabra alguna. Es tal el azoro que entregamos las bolsas en silencio. Alguno de nosotros empieza a sonreír. Decimos cosas pequeñas, tendemos un tímido abrazo. La luz entra en la casa. Nuestras respiraciones son agitadas, como animales nerviosos ante lo que se acaba de develar, como temiendo eso en nuestras vidas.

Luego de sus agradecimientos, nos vamos. Cruzamos calles y más calles con aquel viento tangible de gránulos terregosos; con un sol ya comiendo nuestras mejillas. Ninguna entrega de alimentos a otras familias nos ha marcado como llegar a esta casa. Algo parecido a la dignidad recobrada, a una alegría pura y a la limpieza de una herida, se funde por un instante a nuestra columna vertebral.

Me asomo adentro de mis catorce años y escribo este momento en el lado más suave de mi corazón. Que no se olvide, o que se olvide poco, o que lo recuerde al menos. Que se quede conmigo un poco de la bondad presente en un acto simple; la bondad incluso accidental que le toma a una por sorpresa al cumplir una tarea; que permite luego acceder a una revelación: el sencillo hecho de dar; no de llenar la cabeza con ideas, no de invadir. Dar. Pequeño acto. Pero acto al fin.

¿Qué sería de ellos? Pienso ahora. ¿Qué fue de nosotros y de nuestras sonrisas al final de aquel mediodía? ¿Qué es de tantos y tantos? ¿Qué es de los solos? Un tumulto de pensamientos. Sólo atino a pensar en lazos; en dar lo poco, lo que se pueda, un pedazo de jabón, un puñado de servilletas, una naranja o una sábana, la caja de antibióticos que resta, un vaso y un cepillo.

Caminamos el día aquel de semana santa entre sol y polvo.

Como caminamos ahora entre sol y polvo. Allí están, son muchos, somos muchos. Pequeños actos. Con o sin fe, no importa. Pequeños actos místicos, laicos o escépticos. Vamos.
claudiadesierto@gmail.com

Nacida en Monclova, Coahuila. México, en Junio 3 de 1969. Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Maestra en Historia de la Sociedad Contemporánea. Doctora en Ciencias y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario. Ha publicado entre otros, “Los frutos del sol“ (Castillo MacMillan 2005) libro infantil y poemarios entre los que figuran Casa de sol (FECA-CONACULTA 1995), “Ruido de hormigas“ (Gatsby Ediciones, 2005), Carne para las flores, antología personal (Aullido libros, España 2011), Las flores desenfundan sus espinas, antología personal (Secretaría de Cultura de Coahuila, 2013) y “Donde la piel“ (Mantis Editores/CONARTE, 2019). Aparece en “Anuario de poesía mexicana“ (Fondo de Cultura Económica, 2006).

Obtuvo el primer lugar en fotografía Coahuila luz y forma 2003. En poesía, recibió beca del FONCA, estímulos como joven creadora y como creadora con trayectoria del FECA y del PECDA en varias ocasiones. Fue becaria FORCA-Noreste 2011-2012, en Lima, Perú donde impartió talleres sobre poesía objetual. Como invitada de honor del Festival Internacional de Teatro Tánger 2013 en Marruecos, se leyó su poesía traducida al árabe. Parte de su trabajo también tiene versiones en inglés, alemán, portugués y francés. Entre las revistas en las que ha publicado, destacan el número inaugural de la revista de poesía contemporánea de Valencia “21veintiúnversos“, ( octubre de (2015), y “Lichtungen“ (noviembre de 2016) en el apartado “Literatura del norte de México“, en el que sus poemas fueron traducidos por Christoph Janacs.

Fotografías medio ambientales, video poemas y atmósferas sonoras fueron exhibidos en la Galería Mohammed Drissi de Tánger (Julio-agosto 2021). Participó en la muestra de arte coahuilense titulada Segar el mar, dentro del 49 Festival Cervantino. Parte de su trabajo se encuentra en el portal virtual www.thenatureofcities.com, al lado de artistas medio ambientales del mundo. Actualmente es Directora de Divulgación Científica en el Museo del Desierto.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM