El sofista moderno
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Ninguna asignatura escolar me cautivó tanto como Filosofía, a grado tal que en cierto momento estimé que hacía ella dirigiría mis estudios profesionales. Pero el sentido mundano-pragmático me previno sobre lo arduo que sería abrirme paso por la vida armado con nada más que los gruesos volúmenes de los grandes pensadores bajo el brazo. "Mejor estudiar una carrera en la que me vuelva rico pronto: ¡Comunicación!". (Ajá).
En la clase de Filosofía, el adusto maestro nos contó sobre otra élite de tipejos de la gloriosa Grecia antigua -previa a la crisis- llamados los sofistas.
Por oposición a los filósofos (los amantes del conocimiento), los sofistas se asumían dueños de la verdad, e hicieron de ello un oficio redituable: Cobraban un dineral como oradores que con sus malabares retóricos deslumbraban a las audiencias.
No fue sólo la falta de humildad lo que puso a los sofistas en antagonismo con los filósofos tradicionales, sino esa perversa manipulación de la verdad que los hacía pasar por sabios (al igual que los conferencistas y motivadores merolicos de hoy en día, con sus respuestas instantáneas y facilonas para preguntas complejas). De allí que hoy usemos la palabra sofista como elegante sinónimo de charlatán.
Mientras aprendía sobre estas corrientes opuestas del pensamiento, imaginaba a los paladines del saber, los filósofos clásicos, como una especie de Súper Amigos, aliados de la verdad, con Sócrates, Platón y Aristóteles a la cabeza, instalados en un bello recinto a la altura de su dignidad.
Y por oposición, los sofistas integraban la legión del mal, la liga de la mentira, el sindicato del engaño, formado por entes oscuros, versiones perversas de los héroes de la filosofía: Protágoras, Trasímaco, Pródico y otros con nombres de medicamentos de patente vencida.
El arma fundamental del sofista es, obviamente, el sofisma que no es otra cosa que una falacia (o todos los argumentos que se emplean para defender algo distinto a la verdad). Es la dialéctica al servicio de la mentira.
Una falacia es algo intragable, como que si A es B, entonces necesariamente B es A: Si duermo tengo los ojos cerrados, entonces si cierros los ojos duermo. Estaremos de acuerdo, pese a lo elemental del ejemplo, que la verdad se impone por más artimañas de lógica chapucera de las que se quiera valer el sofista.
Por desgracia, la falacia y el sofisma se salieron del ámbito filosófico para anidar cómodamente en la arenga política demagógica.
En eso pienso cuando escucho los razonamientos que el Gobernador Rubén Moreira esgrime para promover su siguiente estrategia: Eliminar las peleas de gallos, en función de que los palenques son sitios predilectos para el crimen y los negocios ilícitos.
Se vuelve necesario examinar la extraña lógica de don Rubén: De acuerdo con él, si las peleas de gallos son una actividad propicia par el crimen y la ilegalidad, al prohibirlas los miembros indeseables de la sociedad no tienen dónde reunirse, o dónde realizar sus negocios turbios, por lo que se retiran a su casa y rectifican el rumbo de su vida.
O quizás piense que al prohibir los palenques, los maleantes aficionados a las peleas de plumíferos van a ir, uno por uno, muriendo de aburrimiento y un buen día sólo quedará gente buena y de provecho.
De verdad, corríjame si algo no entendí del anuncio que hizo el mandatario sucesor consanguíneo: ".Nos van a criticar, pero estamos convencidos que con esta medida también estaremos combatiendo la delincuencia". ¿En serio se combate a la delincuencia quitándole sus hobbies? ¿Así funciona? ¿Y si prohibimos la música gacha para que no tengan que escuchar y la cerveza en bote para que mueran de sed?
De verdad me cuesta creer sus cada día más extravagantes razonamientos. Entonces, dice el Góber: Si X es fanático de Y; eliminamos Y con lo que X desaparece por arte de magia. ¡Esta sí que es toda una señora falacia, que al mismo Protágoras le habría costado enunciar!
Lo malo es que mientras nosotros los ciudadanos discutimos este y otros sofismas, la delincuencia ni se da por aludida, y si acaso se entera de estas "medidas extremas para su combate", no la culparía si decide dedicar un día entero tan solo a carcajearse de este asunto.
Me apena mucho que don Rub viva en ese universo paralelo en el que los postulados sofistas tienen más peso que los razonamientos filosóficos. A ver si pronto lo tenemos de regreso entre nosotros.
petatiux@hotmail.com