Don Carlos Pereyra

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Opinión
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Al saltillense Carlos Pereyra Gómez, nacido en 1872 en esta capital, puede dársele sin titubeos el título de primer historiador de América. De familia ilustre y acomodada, por el lado materno era nieto del gobernador de Coahuila, Miguel Gómez Cárdenas, y por el paterno, nieto de Pedro Pereyra Umarán, el presidente municipal que había recibido a don Benito Juárez cuando en 1864 llegó a residir a Saltillo, y de doña Agustina del Bosque, una respetada dama de la sociedad saltillense y una abuela que ejerció gran influencia en el crecimiento y la educación del niño que de adulto sería el gran historiador Carlos Pereyra.

Sus padres le proporcionaron esmerada educación. Fue alumno del Colegio de San Juan y realizó sus estudios preparatorios en el Ateneo Fuente en su ciudad natal. Se recibió de abogado en la Escuela de Derecho de la entonces Universidad de México, donde más tarde enseñó Historia Patria y Sociología, así como también fue maestro en la Escuela Nacional Preparatoria.

A esta etapa pertenecen sus primeras obras, las que pronto le dieron un lugar distinguido entre los escritores mexicanos. Ocupó luego la Secretaría de la Embajada de Washington y ascendió rápidamente a Encargado de Negocios en Cuba y Ministro Plenipotenciario en Bélgica y Holanda. Simultáneamente recibió la elevada distinción de ser designado miembro del Tribunal Internacional de Arbitraje de La Haya en 1913. Por diferencias con el gobierno de su país, dimitió a sus cargos diplomáticos. Su incompatibilidad con la Revolución Mexicana le hizo romper relaciones con los sucesivos gobiernos mexicanos, y desde 1916 se estableció en España. Allí dedicó su talento y su vastísimo saber a la empresa de revisar la historia de la obra de aquel país en América y trató de reivindicarla frente a sus detractores. Condenó juicios injustos y sustentó la tesis de los beneficios que supuso su labor civilizadora durante la etapa de la colonización del Nuevo Mundo. En 1920 publicó "La obra de España en América", y en los cuatro años siguientes aparecieron los ocho volúmenes que componen su "Historia de la América española".

También ejerció la crítica al modelo estadounidense en su relación con América, principalmente en dos importantes libros. Uno de los primeros, "El mito de Monroe", una encendida defensa de la hispanidad, y uno de los últimos, "El fetiche constitucional americano", publicado en 1942, el mismo año de su muerte. Otros de sus libros son "La huella de los conquistadores", "La conquista de las rutas oceánicas", "Breve Historia de América", "Hernán Cortés y la epopeya del Anáhuac" y "Francisco Pizarro". Publicó gran cantidad de artículos sobre temas semejantes en la prensa de muchos países hispanoamericanos y en los medios españoles.

Vivió 26 años en Madrid y jamás solicitó la nacionalidad española. Siempre se supo un huésped de la madre patria. Allá murió, en 1942, y hasta seis años después sus restos fueron repatriados para reposar en la Rotonda de los Coahuilenses Distinguidos en el panteón de Santiago, en Saltillo.

Carlos Pereyra nunca olvidó su ciudad natal. En 1934 escribe un precioso artículo sobre el padre Calixty, cura de la Catedral, en el que pinta pinceladas de la vida en casa de su abuela Agustina y revela cómo la figura del sacerdote, a quien apenas conoció de niño, se convirtió en compañera inseparable de su exilio. Se recuerda a sí mismo como el niño que visitaba la casa de su abuela, y escribe: ".ha andado mucho. Ha visto gentes buenas y malas. Ha pasado junto al crimen y se ha inclinado en presencia de la virtud. Pero recuérdenlo cuantos hayan estado en el Saltillo. El señor cura Calixty es el compañero de aquel peregrino".

 


Profesora de Lengua y Literatura Española. Dirigió el departamento de Difusión Cultural de la Unidad Saltillo de la UAdeC. En 1995 fue invitada por la Universidad Tecnológica de Coahuila, unidad Ramos Arzipe, para encargarse del área cultural, que incluía la formación del Centro de Información y cuatro años más tarde vendría la fundación del Centro Cultural Vito Alessio Robles, recinto que resguardaría la biblioteca de su padre, y donde hasta hoy labora.

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