El Mundial a la vuelta de la esquina
COMPARTIR
En México hay desaparecidos.
Pero viene el Mundial.
En México cada año se trabaja más y alcanza para menos.
Pero viene el Mundial.
En México faltan medicinas.
Pero viene el Mundial.
Mi tío dice que esas cosas no deben mezclarse porque son temas diferentes.
Yo le creo porque él terminó la secundaria.
—Tío Catarino, ¿vamos a ir al estadio?
Mi tío soltó una carcajada tan larga que espantó a un perro.
—¿Ya viste cuánto cuestan los boletos, Pánfilo?
—No.
—Yo tampoco. Me dio miedo.
—¿Tan caros están?
—Mira, muchacho, antes uno decía que algo costaba un ojo de la cara. Ahora cuesta los dos ojos y todavía te piden comprobante de domicilio.
Me quedé pensando.
—Bueno, pero podremos ver a Messi y a Cristiano de cerca.
—Claro.
—¿Sí?
—Sí. Si te los encuentras en el aeropuerto. Hizo una pausa.
—Aunque pensándolo bien, tampoco.
—¿Por qué?
—Porque el aeropuerto también está en obra.
Seguimos caminando.
Había tráfico.
Luego más tráfico.
Después otro tráfico diferente.
Parecía que toda la ciudad se estaba preparando para recibir al mundo encerrándose en sí misma.
—Tío, ¿y cómo van a mover a tanta gente?
—Con fe.
—¿Y funciona?
—Hasta ahorita no.
Llegamos a una taquería.
—Al menos podremos comer algo mientras vemos los partidos.
Mi tío revisó los precios.
—No sé.
—¿Por qué?
—Porque ya estamos entrando en la categoría de consumo de lujo.
—¿Los tacos?
—Los tacos.
Pedimos dos refrescos para sentirnos empresarios.
Después me animé a hacer la pregunta importante.
—Entonces, si no podemos ir al estadio, ni movernos por la ciudad, ni comer tacos sin solicitar un crédito, al menos podremos ver los partidos en la televisión.
Mi tío levantó la vista.
Miró el techo.
Luego miró el cielo.
Después miró el futuro.
—¿Qué pasó?
—Nada.
—¿Entonces?
—Ya compré el paquete.
—¿Cuál paquete?
—El que cuesta setecientos noventa y nueve.
—¿Para ver fútbol?
—Sí.
—¿Y antes cuánto costaba?
—Cuatrocientos.
—¿Y por qué no lo compraste antes?
—Porque soy mexicano y medio terco.
Guardamos silencio.
—¿Y si sigue subiendo?
—Dicen que puede llegar a mil cien.
—Entonces ya valimos.
—No necesariamente.
—¿No?
—Siempre queda una opción.
—¿Cuál?
Mi tío sonrió con la sabiduría de quien ha sobrevivido a varios sexenios y nunca ha visto a su selección en un quinto partido.
—Ver los partidos en el trabajo.
—¿Y si me corren?
—Entonces ya estarás viviendo la experiencia completa del mundial en México.