¿En qué somos campeones del mundo?
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En una sociedad democrática, toda persona puede protestar como parte del derecho de asociarse y reunirse en forma pacífica para expresar en forma libre sus ideas en contra del gobierno.
No existe, sin embargo, el reconocimiento expreso de un derecho fundamental a protestar como resistencia constitucional al poder arbitrario. Esa libertad de protesta, en efecto, se deriva de manera implícita por el ejercicio de esas libertades de expresión, asociación, circulación y reunión, principalmente.
La protesta, por tanto, se sujeta a los límites que tienen estos derechos. La protesta siempre plantea la restricción de la “reunión pacífica”, siempre que se respeten en forma proporcional los derechos o a la reputación de los demás, o la protección de la seguridad nacional, el orden público o la salud o la moral públicas.
El problema de la protesta social es que las personas no lo hacen necesariamente en forma pacífica, mucho menos sin afectar los derechos a los demás. La protesta siempre perjudica a los demás. Pero el Derecho se niega a reconocer la desobediencia civil.
Es más: la protesta, por naturaleza, es subversiva: se grita, se bloquean calles, se realizan quemas; en fin, protestar en forma pacífica, ordenada y razonable no es la regla. Se protesta alterando siempre el orden público.
EL OTRO MUNDIAL
Ayer comenzó el mundial. No somos favoritos. Pero sí, por el contrario, la protesta social nos revela que somos campeones de personas desaparecidas, de dictaduras perfectas y de mal gobierno. Veamos.
1. Somos número uno en personas desaparecidas. Ninguna dictadura militar ni tampoco ningún país, sin conflicto armado, tiene el número de personas desaparecidas como nosotros.
El gobierno de México, sin embargo, nunca ha reconocido la dimensión del problema. Esta protesta es, a mi juicio, la más legítima, importante y preocupante. Se está convirtiendo en un gran movimiento nacional. Ya la ONU y la CIDH nos han alertado.
2. Somos campeones también en la concentración del poder. Desde el siglo XIX a la fecha, tenemos la tradición autoritaria de que el país se dirija por una misma persona o un solo partido para definir el rumbo del país.
Vivir en pluralidad, con límites y equilibrios de poder es una promesa republicana que no hemos podido consolidar. No hemos aprendido a ser libres e independientes en un contexto democrático.
La última versión autoritaria es la mayoría calificada simulada en el Congreso y la injerencia arbitraria en el Poder Judicial. Somos el único sistema de gobierno formalmente democrático que facilita la concentración del poder en una sola persona.
3. Somos el país de la improvisación. Del “ahorita” al “más tarde lo hago”. Ningún país que es sede mundialista deja a la última hora las cosas. Basta ir a CDMX, a Monterrey o a Guadalajara para darse cuenta del caos.
Es absurdo. Debemos aprender a hacer las cosas con la debida anticipación. Somos una de las economías más importantes del mundo. No somos un país de cuarta.
4. La protesta de algunos sindicatos nacionales de la educación nos revela que somos el único país en donde la educación de calidad es lo que menos importa.
Las protestas de la CNTE son únicas en el mundo. Les ganamos a todos.
BORRACHERA MUNDIALISTA
La FIFA World Cup es un gran evento internacional. Hay que disfrutarlo. Pero un juego de soccer no define el rumbo del país. Mucho menos resuelve los retos y desafíos que debemos enfrentar.
Entendamos que en la medida en que más se nieguen los problemas, más se van a agudizar. No se van a resolver con protestas. Esa sirve para sentarnos a dialogar, acordar y resolver la causa del malestar social.
Dejemos de insultarnos. Hay que buscar en serio a nuestros desaparecidos, a tener mejores equilibrios del poder y organizarnos de manera adecuada para resolver las prioridades de nuestra convivencia social.
La euforia de los 90 minutos es pasajera. La realidad es muy cruda. Como la resaca que te deja una bebida adulterada. Dejemos de consumir basura. La salud de la República lo necesita.