De-bate en bote

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Opinión
/ 4 mayo 2012

Mañana... mañana, damas y caballeros, es el gran día, la jornada del tan esperado duelo, la fecha de la pavorosa confrontación, la cita con el destino, el choque de trenes...

Waterloo, Guagamela, las Termópilas, el asedio a Stalingrado, la noche triste, la caída de Berlín y hasta la victoria obtenida por las fuerzas mexicanas comandadas por Zaragoza en Puebla... todas las míticas batallas de la historia de la humanidad palidecerán frente al episodio que está por escribirse.

La cita es, todos lo sabemos, a las 20 horas, a las ocho de la noche, tiempo del centro de México; -6 horas, tiempo del meridiano de Greenwich; fecha estelar 14 mil 935.2, tiempo del Enterprise...

Los rivales se han preparado largamente para el momento, han integrado un robusto cuerpo técnico para que les entrene; han despedido preparadores físicos y motivadores profesionales que no dan el ancho; han realizado enroques en sus escuadras, afinado cuidadosamente su estrategia.

Saben bien que de este episodio depende su futuro, que no hay mañana para quien se retire derrotado de la arena, que la gloria y los honores no pueden ser compartidos y serán todos para el triunfador.

Los protagonistas de la confrontación saben perfectamente que a los derrotados sólo espera el olvido, el ostracismo, la ruina personal y el desprecio del público. Sus seguidores les acompañarán brevemente en la derrota, acaso les consolarán, pero la mayoría no tardará en volverse hacia el triunfador.

Múltiples batallas han debido librar para llegar a este momento, cruentos combates han protagonizado para merecer el privilegio de presentarse ante el público en esta jornada. Ha sido para todos, de una forma o de otra, un camino arduo y en ocasiones penoso.

Pero nada de lo hecho hasta ahora cuenta. Nada importa.

Lo único importante será su desempeño durante los minutos en los cuales estará sobre ellos la total atención del respetable. Sólo contará lo que hagan durante el tiempo en que cada movimiento, cada reacción, cada inflexión y, sobre todo, cada error, será atestiguado por millones de pares de ojos.

Los que saben del asunto ya lo anticipan y apuestan doble contra sencillo: la victoria será de quien menos errores cometa, de quien más disciplinado sea con la estrategia trazada antes del encuentro, de quien muestre mayor capacidad de reacción frente a los embates de los adversarios.

El árbitro, advierten los expertos también, deberá realizar un trabajo impecable para no hacerse notar en el marcador, para no inclinar la balanza, ni antes ni durante la confrontación, a favor de ninguno de los bandos. Deberá ser invisible y sólo aparecer en escena para traer equilibrio al combate.

Nadie, o casi nadie, duda que será un episodio excitante, que el encuentro hará vibrar a la teleaudiencia y que ningún mexicano, incluso quienes suelen mostrarse escépticos y hasta abiertamente contrarios a este tipo de ejercicios, habrá de perderse el evento.

Las televisoras y los medios alternativos ya se disputan desde ahora a los espectadores y lanzan anzuelos de todo tamaño para que sea su señal la que el espectador prefiera llegado el momento.

Todos los medios de comunicación le dedicarán amplios espacios y pondrán a la primera línea de sus analistas a desmenuzar lo ocurrido y explicarnos, concluida la batalla, por qué ganó quien ganó y por qué perdió quien perdió.

Horas y horas de tiempo aire, ríos de tinta y kilómetros de papel se destinarán a desentrañar el misterio, a repetir, una y otra vez, los momentos clave del duelo, los puntos de quiebre, las volteretas en el marcador, los movimientos en las tarjetas de los jueces.

Atestiguaremos después las conferencias de prensa de unos y otros y escucharemos las explicaciones sobre cómo se sintieron los contendientes en la cancha. Nos dirán, desde su perspectiva, qué funcionó y qué no de su estrategia, y nos compartirán su personal balance final del episodio.

Quien se alce vencedor nos dirá seguramente que fue difícil, pero que el apego a lo planeado y el estudio previo del rival le sirvió para plantarse con seguridad en el terreno, resistir los embates y desplegar su ofensiva.

Los derrotados dirán que entregaron todo, que realizaron su mayor esfuerzo, que lucharon con dignidad y no escatimaron esfuerzo alguno, que dejaron hasta la última gota de sangre en la arena. Probablemente culparán a alguien más o se quejarán de la intervención tramposa del árbitro.

Enseguida vendrán, por supuesto, los estudios de opinión, las mediciones del ánimo colectivo, la recopilación, sistematización e interpretación de lo que el público vio y sintió.

En fin: que se va a poner bueno y por eso no hay que perdérselo.

Aristas

Un amigo con quien comparto estas reflexiones me dice -al parecer con razón- que exagero, que no es para tanto, que el de Morelia-Tigres es apenas un partido de cuartos de final...

¡Feliz fin de semana!




Columna: Portal, periodista con más de 30 años de experiencia en medios de comunicación impresos y electrónicos. Ingeniero Industrial y de Sistemas por la Universidad Autónoma de Coahuila y Licenciado en Derecho por la Universidad del Valle de México. Además, es máster en Administración y Alta Dirección por la Universidad Iberoamericana y tiene estudios concluidos de maestría en Derechos Humanos en la Facultad de Jurisprudencia de la UAdeC. Se ha desarrollado profesionalmente en el servicio público, la academia y el periodismo. Integrante de la Comisión de Selección del CPC, del Sistema Anticorrupción de Coahuila.

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