¿Qué hacer a los 20 años?

Opinión
/ 10 junio 2012
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Claro que hay jóvenes que han encontrado su vocación y la trabajan día a día con pasión, dedicación, cuidado y esfuerzo, pero observo también a infinidad de jóvenes que sencillamente desperdician su tiempo en no sé que tantas tonterías, a muchachos  colmados, henchidos, regocijándose en amplias áreas de confort, viviendo en permanente fiesta,  queriendo vivir en libertad, pero lejos de toda responsabilidad.  Parece que a este grupo de jóvenes les hemos enseñado bien: se encuentran mucho más satisfechos consumiendo que generando, que creando, que haciendo de excelsos sueños realidades manifiestas. Ante tal falta de ánimo y ganas estos muchachos se quedan a la zaga, renuncian voluntariamente a ser lo que ya son, y luego por sus fracasos se culpa a sus padres o la sociedad entera,  pero ¿quién construye su mediocridad, sino la vagancia, la indiferencia por la vida o la falta de entusiasmo de ellos mismos? Rebeldes a la mediocridad

Me pregunto,  para esos jóvenes ¿dónde se encuentra su gran sueño y la emoción por un ideal? ¿Dónde habita el ideal? Ese que Ingenieros describía: "Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes el ala hacia tal excelsitud inasible, afanoso de perfección y rebelde a la mediocridad, llevas en ti el resorte misterioso de un Ideal. Es ascua sagrada, capaz de templarte para grandes acciones. Custódiala; si la dejas apagar no se reenciende jamás. Y si ella muere en ti, quedas inerte: fría bazofia humana. Sólo vives por esa partícula de ensueño que te sobrepone a lo real. Ella es el lis de tu blasón, el penacho de tu temperamento".

No hay prisa

Salvador Macip, escritor y divulgador de la ciencia, comparte una teoría que manifiesta que hoy, a diferencia del pasado, la expectativa de vida  sobrepasa los 75 años (cuando nació Einstein era de 30 años) y que, por tanto,  al contar con la ilusión del tiempo no hay la misma prisa de antes para crear, emprender y lanzarse de lleno a la vida, aunado a esta situación nos hemos inventado muchísimas maneras de perder el tiempo, provocando que ahora el ocio ya no represente una actividad complementaria a la productividad, sino que, para muchos,  se haya convertido en la mismísima esencia de la vida.

Según este autor vivimos en cámara lenta: postergando, esperando para mañana lo que nuestros ancestros, por obvias razones, hacían a edades más tempranas. Vaya contradicción, vivimos más, más rápido, pero sin la urgencia de hacer en la vida temprana proyectos trascendentes.

Macip comenta un estudio que comprueba que las genialidades, en general,  llegan más tarde, "así desde 1980, la media de edad de los investigadores en el momento de hacer los descubrimientos que les han reportado un Nobel es de 48 años, mientras que desde principios del siglo XX a 1980 era de unos 36. Si nos centramos solo en el de química, por ejemplo, en 1900 el 66% de los premiados había reunido méritos para ganar la medalla antes de los 40. En el año 2000 este porcentaje había bajado hasta cerca de cero" pareciera que eso que dijo Einstein en relación a que un físico podía considerarse muerto cuando pasaba de los 30, ha quedado en el pasado".

A edades tempranas

Sabemos de la juventud del creador de facebook, de que Jobs y Wozniak, de 21 y 26 años, crearon la computadora personal y que Bill Gates a los 19, emprendió Microsoft.

Pero sospecho que pocos saben que a los 17 años Galileo descubrió  la ley del péndulo y formuló las leyes sobre la caída de los cuerpos; que Newton, antes de los 25, creó el cálculo diferencial y la ley de gravedad; que Lavoissier, fundador de la química moderna, a los 25 de denominó oxígeno a uno de los componentes del aire; que Darwin, a los 29, formuló la teoría de la evolución;  que Gauss, a los 17, dio a conocer sus fundamentales descubrimientos matemáticos sobre números complejos; que Einstein, a los 26, publicó su articulo sobre la relatividad; que James Watson, a los 25, descubrió la doble hélice del ADN; que Maxwell, entre los 25 y los 35, descubrió las radiaciones electromagnéticas.

Muchos ni siquiera imaginan que Edison, a los 22 años, patentó su primer invento; que Graham Bell, a los 29, patentó teléfono; que el compositor  Franz  Schubert  falleció a los 31 años después de componer  cerca  de  mil  obras y más  de  600 canciones de  concierto; que el inmortal John Keats, poeta británico, vivió solo 25 años; y que el inigualable Mozart murió a los 35, produciendo en plena juventud la música más sublime de todos los tiempos.

Estos personajes, al igual que otros tantos, aprovecharon su tiempo, crearon y avanzaron sobre el mismísimo porvenir dejando un invaluable legado a la humanidad.

Ellos encarnaron la emoción de un ideal.

Elogio a la lentitud

No deseo confundir, al hablar de esa prisa por emprender y crear, por encontrar la vocación personal y colocar todo el esfuerzo en ella, no quiero decir que se viva sin conciencia, rápidamente, porque vivir la vida así no es vivir, sino sobrevivir; tampoco sugiero de vivir obsesionados por el tiempo, sino todo lo contrario; de hecho,  es necesario reducir la marcha y buscar el tiempo justo para cada actividad.

No hablo de ser esclavos del reloj,  ni tampoco a quedar atrapados en la telaraña de los compromisos, sino de enfocar las horas en interpretar adecuadamente el mensaje divino que nos habita para emprender nuestra misión.

La urgencia para hacer y crear no contradice el hecho de saber vivir pausadamente, de crear el tiempo para disfrutar la vida productivamente, de gozar en grande los momentos; más bien, insisto, hablo del apremio de sentir la emoción por el ideal, de ir al encuentro de la misión personal que la vida ha puesto en las manos y el corazón de todas las personas, de descubrir tempranamente ese ideal, esa vocación personal de la existencia.

Me refiero a que los jóvenes asuman la responsabilidad de su tiempo, de su particular biografía y de la época que les ha tocado vivir, a que no desperdicien la vida frente al televisor o en esas eternas pachangas que los convocan y seducen todos los días, o en quedarse dormidos. Me refiero a que tomen la vida por los cuernos, con responsabilidad, a que aporten y vivan a plenitud, a que lean, ejerzan un pasatiempo,  aprendan, convivan, piensen, imaginen y trabajen, a que aprovechen productivamente cada instante, cada día.

Vivir audazmente

¿Qué hacer a los 20? Vivir audazmente el banquete de la existencia, aprender a escuchar el corazón para encontrar sus potencialidades, el ideal, la vocación, asumiendo la responsabilidad de andar aún cuesta arriba, renunciando al mundo; encontrar las razones de la existencia, el porqué y el para qué de la personal presencia en este planeta.

Luchar y luchar por su sueño, por un ideal, sabiendo que si se tienen las agallas siempre habrá futuro, jamás caer en la coartada de los mediocres y cobardes, de esos que justifican toda clase de fatalismos y derrotas, que,  por tanto,  nunca busquen fuera de sí mismos las causas de los fracasos; que los jóvenes  "tengan al menos el valor de descubrir en el espejo que ellos mismos son sus mayores enemigos. O sus mayores amigos, si, en lugar de buscar coartadas, se deciden a tomar su vida con las dos manos y a construirla durante años cada mañana y cada tarde".

¿Qué hacer a los 20? Soñar, imaginar,  creer, emprender. Encarnar la ilusión de un ideal.

¿Qué hacer a los 20? Sencillamente evitar desperdiciar la vida.

cgutierrezitesm.mx


Escritor y cinéfilo de tiempo completo. Actualmente trabajo como colaborador en el periódico Vanguardia de Saltillo, Coahuila, con quienes laboré en diversas áreas durante cerca de seis años, desde mis prácticas en la universidad hasta luego de mi graduación. También realizo reportajes y entrevistas para la revista Newsweek en Español, desde mi llegada a la Ciudad de México en febrero de 2017.

Me apasiona la crítica de cine, labor a la que dedico buena parte de mi tiempo para mantenerme al día con los estrenos más recientes, así como tener un amplio panorama de los clásicos en este mismo ámbito. Escribo y leo por placer. Publico textos en mi blog personal (blogenllamas.wordpress.com), en su mayoría relatos cortos. Tengo dos libros de cuentos publicados por el Municipio de Saltillo: “Demasiado Tarde” (Acequia Mayor, 2016) y “Los Ausentes” (Acequia Mayor, 2017).

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