La asignatura pendiente
COMPARTIR
Agustín Basave
Director de posgrado de la Universidad Iberoamericana
Escribo estas líneas antes de la jornada electoral. No prejuzgo la elección, sólo sostengo que la transición democrática mexicana, con todos sus avances, no ha logrado evitar la manipulación. Si bien hoy los votos ya no son inventados, algunos votantes siguen siendo manipulados.
Primer ejemplo: la reforma electoral 2007-2008 tuvo a mi juicio más luces que sombras, pero tener tantos spots en vez de más debates no ayudó a discernir, y prohibir la propaganda negativa fue tan sólo un buen deseo. Es un error dispersar los esfuerzos en perseguir la denigración subjetiva en vez de concentrarlos en erradicar la calumnia objetiva. Porque el elector puede detectar y descalificar la ofensa, pero no tiene los elementos para descubrir la mentira, y es responsabilidad de la autoridad electoral detener un anuncio que contenga falsedades antes de que salga al aire. En esta contienda hubo varios, el más deplorable de los cuales fue el que editó un discurso de Andrés Manuel López Obrador para dar la impresión de que proponía la vía armada. Ese y otros más se transmitieron varias veces.
Segundo ejemplo: la legislación ha contrarrestado la iniquidad mediática en términos cuantitativos pero no cualitativos. ¿Cómo neutralizar los sesgos en la información, en las imágenes? ¿Cómo impedir que los entrevistadores acorralen a un candidato exigiéndole una y otra vez responder preguntas muy duras y a otro le acepten todas sus evasivas? Tercer ejemplo: la trapacería paga. ¿De veras cree alguien que no se excedieron los topes de gastos? ¿Acaso hubo un gobernador o un secretario federal que no usara el aparato gubernamental para inducir votos? ¿Y cuáles fueron las consecuencias, quién tuvo que pagar un costo político mayor al beneficio electoral que obtuvo? Nadie. No es sólo que el clientelismo goce de cabal salud, es que en general sigue siendo muy fácil violar o evadir la ley en México. Y es que el derecho mexicano tiende a castigar la torpeza, no la corrupción. Cuando se trata de demostrar la culpabilidad del taimado, nuestras normas son tan rigurosas como alambicadas (por cierto, cuando esgrimí este argumento en un artículo sobre Cassez no faltó quien insinuara que estaba defendiendo al secretario de Seguridad Pública; ¡por favor, menos fanatismo y estulticia!). Y la normatividad en torno a las elecciones no es excepción.
El proceso electoral del 2012 fue menos turbio que el del 2006, el IFE mejoró, pero la manipulación en todas sus expresiones sigue saliendo muy barata. He aquí nuestra gran asignatura pendiente: encarecerla.
Twitter: @abasave
El Universal