Detrás de las nogaleras. el Saltillo profundo
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Hoy Saltillo, Coahuila resulta una ciudad envidiable por su buen clima, la limpieza de sus calles, sus vías de comunicación, por sus universidades, por sus museos, por el estilo de vida de su gente. Pero Saltillo profundo es mucho más de lo que se observa a primera vista.
Detrás de los hermosos Nogales que aún abundan en el horizonte saltillense y que dialogan con el paisaje hay una historia que contar. Esas altas nogaleras que hoy dan marco a casas residenciales, o que aparecen como duendes en medio de la zona urbana, deberían ser consideradas como patrimonio cultural.
En septiembre de 1591 llegaron a la Villa de Santiago del Saltillo, fundada en 1577, un grupo de 246 personas provenientes del señorío de Tizatlán. Eran hombres, mujeres y niños tlaxcaltecas que venían caminando desde la parte alta de Mesoamérica, a ellos se les otorgaron tierras y aguas para fundar la más influyente Nueva Tlaxcala en el noreste de la Nueva España: el pueblo de San Esteban.
Al frente de este grupo humano venía José Buenaventura de Paz, noble tlaxcalteca descendiente de Xicoténcatl. El Capitán Francisco de Urdiñola había custodiado a los migrantes que habían hecho un viaje de más de tres meses. Dos personas que fueron fundamentales en la misión culturizadora, amén de otras personas que en este momento no citaré.
Entonces habitaba la Villa de Santiago del Saltillo una veintena de españoles. Los noventa y siete varones adultos (71 casados y 16 solteros), con experiencia en materia agrícola, llegaron a enverdecer el valle aprovechando el líquido del gran ojo de agua y las mil quinientas hectáreas que recibieron llevando consigo árboles frutales propios de la Gran Tlaxcallan, domesticando los nogales endémicos que existían y cultivándolos para consolidar nogaleras.
El aumento de la masa forestal de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, también conocido como San Esteban del Saltillo, se logró gracias a sus conocimientos de ingeniería hidráulica lo que les permitió construir acequias -todas ellas hoy desaparecidas-, mostrando a la par, el raigambre y cohesión de un pueblo que supo defender los privilegios que obtuvieron por parte de la Corona Española en las Capitulaciones de 1591, sin dejar de trabajar en actividades mineras, ganaderas y por supuesto en actividades agrícolas.
Trajeron desde Mesoamérica el maíz y la gastronomía asociada a este grano, la cultura del árbol, el conocimiento del adobe como material constructivo y también el oficio del cabildeo político. Gracias a esta última capacidad, los tlaxcaltecas de San Esteban lograron colonizar el yermo territorio norestense de la Nueva España apoyando y estableciendo pueblos como Parras en 1598, San Miguel de Aguayo, hoy Bustamante en 1686, San Juan del Carrizal en 1687, San Francisco de Coahuila en 1675, Candela (antes San Bernardino de la Caldera) y Lampazos en 1698; San Antonio de los Llanos, Hualahuises, Purificación, Concepción y Guadalupe en 1715, entre otros.
San Esteban se integró en forma definitiva a Saltillo en 1837 aunque sus sabores mesoamericanos ya habían tomado carta de residencia. Hoy las nogaleras saltillenses, no sólo la panadería y los sarapes, representan los ecos tlaxcaltecas que siguen presentes dentro del Saltillo profundo.