`Un poema por cada muerto, un libro por cada víctima'
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"Así es la muerte: /una planicie fatigada que se irisa de imágenes /una gota en la nada, /un eco sin origen, /una caída a plomo por el borde del aire." Ernesto de la Peña.
El espacio televisivo de los sábados entre 1980 a 1987 del Canal 13 de Inmevision, pertenecían prácticamente a Jorge Saldaña, quien temprano iniciaba la jornada con los "Desayunos", continuaba con "Sopa de Letras" y finalizaba con las noches de bohemia en "Nostalgias", en las que a la par de intérpretes consagrados, entonaba de vez en cuando alguna melodía.
De todos sus programas me quedo con dos: "Desayunando" y "Sopa de Letras", espacio en el que compartía sueños y vivencias con un grupo de intelectuales y peritos, entre los que se incluía a Francisco Ligouri, Gabriel Del Río, Leonardo French, Arrigo Cohen, Gerardo Ocampo, Pedro Brull, Carlos Laguna, Felipe San José, Alfonso Torres Lemus, Roberto Villaseñor, Otto Raúl González y el maestro Ernesto de la Peña.
De la Peña, fue considerado el décimo sexto sabio de fin del milenio y si bien es cierto su obra literaria no fue muy extensa, sí lo fue la propagación de las ideas, formas, gozos y maneras de la lengua castellana, de la que formó parte en su Real Academia.
Políglota, aun cuando no hablaba todos los idiomas que conocía, fue un Doctor traductor del griego, mismo que creo aquella tesis de que, en los albores del cristianismo, se tradujo mal la palabra virgen, por la de niña, y entonces surgió la veneración a la Virgen María. Lo anterior en una declaración no sólo valiente, sino arriesgada.
Creo que Ernesto de la Peña fue un sobreviviente de la hecatombe de Babel, y poseyó los secretos para explicar a las personas la sabiduría de Dios y también de las palabras, las frases y los días.
En uno de los programas de "Sopa de Letras", surgió una definición que no sólo es fondo, sino también sentencia: "La poesía, es razón inflamada".
Sus poemas son austeros, no rebuscados, pero sí incitadores a la descriptiva de un autor comprometido con los ritmos y la sintaxis, escribe en uno de ellos:"Por la tarde, en los vidrios que obstruyen la mirada/ a la noche invadida por las alas sin sueño/ te he gritado/ con los labios hendidos a golpes de nostalgia/ con mil cargas de alcohol y dinamita/ con los dientes dolidos por el resuello de las ingles/ y, en medio de mis muslos, el semen no vertido/.
En una de sus novelas, eso sí pocas," El Indeleble Caso de Borelli", trata el tema del vampirismo de una manera sutil y con tal disimulo, que no se alcanza en adivinar la tragedia.
Narra la historia de una niña monstruosa y aparentemente inocente que requiere de sangre para sobrevivir. El padre la adora, se da cuenta de que es totalmente anómala, que es un ser enfermo y entonces idea una manera para alimentarla, sin aclararse específicamente como lo hace. El hecho es que la niña engorda y engorda, y luego tiene unos derrames terribles, de los que sacan carretadas de sangre podrida. Una historiarepugnante y al mismo tiempo tierna.
Su muerte en septiembre, enlutó la fiesta y generó el homenaje, pero también al proceso de luto para las letras y el saber tan necesario en México, sobre este suceso, el novelista Gordon escribió:"Él siempre estaba buscando las fibras de lo sagrado, entendiendo en lo que tiene que ver con el tejido de una vida y de una existencia en donde lo más disímbolo está correlacionado, y él tenía las huellas y los vestigios de las palabras que podían conectarnos ciertos residuos de majestuosidad que se habían perdido, y que a través de la lengua se podían recuperar".
En su última entrevista, el viejo profesor refería:"Ya tengo 80 años, es más lógico que la muerte esté cerca. Tengo el propósito de vivir 30 más, pero lo más probable es que no se me haga. Eso me angustia, pero no dejo que se me aparezca el fantasma, trato de quitarle la sábana, porque si me empiezo a angustiar demasiado no hago nada".
El legado de De la Peña es claro y conciso: un poema por cada muerto y un libro por cada víctima en este México que se desangra, como la vampiresa Borelli.