La muerte de Tusquets
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La escritora ibérica Ana María Moix había hecho un pacto con su entrañable amiga, la editora y también narradora, Esther Tusquets: de morir una, la otra no escribiría la necrológica. Ana María Moix ha cumplido a la fecha, entre el dolor y la piedad de su pluma fuente. Las necrológicas por lo demás, para una de las mejores editoras en lengua hispana, se han sucedido sin prisa y sin pausa en el mundo entero y los nombres son del tamaño de su talento.
En el pasado mes de julio y en Barcelona, España, a los 75 años de edad, presa de una emperrada pulmonía y de un mal de Parkinson endémico, murió la editora catalana Esther Tusquets (1936-2012), quien durante 40 años dirigió la editorial Lumen, un sello de la llamada "Santísima trinidad" junto a Tusquets, claro, y luego, la poderosa Anagrama. Entre el azar, el abono familiar, la pérdida económica primero y luego el éxito descomunal, Esther Tusquets forma parte de ese cuerpo estelar, de esa luz editorial de la cual los nostálgicos de la Galaxia Gutemberg somos deudores.
Dice el refrán: "Cuando mueres, todos quieren ser tus mejores amigos". Tusquets los tenía y de los buenos. He leído al menos dos notas necrológicas de dos escritores de primera línea: Umberto Eco y Jorge Herralde. No escatimaron el reconocimiento y la apología a una de las mejores editoras en la historia reciente en la humanidad. ¿Ya notó el avispado lector la frase anterior, el elogio hiperbólico y la admiración desmedida de este escritor? La señora lo merece. Lea lo siguiente.
Cuenta la historia que el padre de Esther, llamado Magi, le compró a su hija de apenas 23 años y recién licenciada en Filosofía y Letras, la cual era una adolescente "difícil, poco sociable, angustiada y triste", según palabras de Carlos Geli, un sello religioso fundado en Burgos hacia 1940. Pronto, la adolescente Esther, "sin vocación" pero con "gusto", entró al mundillo editorial publicando a Ana María Matute. Luego vendrían dos colecciones para Lumen las cuales darían la vuelta al mundo hispano, "Palabra e Imagen" y "Palabra en el Tiempo". La niña editora se hizo señora, se consagró y su editorial empezó a multiplicar las pesetas como panes bíblicos.
Tal vez a usted le "suene" el siguiente autor, señor lector, pero no tanto la editorial y creo menos su editora. Pero hoy, y debido a esta nota necrológica de la cual damos cuenta, tendrá el puzle completo. Corrían los años 60 del siglo pasado; en la Feria del Libro más importante del mundo, Frankfurt, dos editoriales coincidieron codo con codo: Bompiani, de Italia, y Tusquets-Lumen, de España.
Esquina-bajan
Esther Tusquets empezó a platicar con un italiano que allí estaba. Le dijo que quería publicar a un tal Umberto Eco. Efectivamente, el muchacho aquel era Eco y sí, lo editó en español. Publicó por aquellos años un ensayo del semiólogo italiano que causó revuelo universal: "Apocalípticos e Integrados". Luego, dicho semiólogo, lingüista y esteta de la palabra, un día,se descubrió narrador y escribió una novela de proporciones centáureas: "El Nombre de la Rosa". El éxito llegaría a la pantalla grande, al mismísimo Hollywood.
Quien esto escribe y para fortuna suya, no obstante el recurrente cambio de domicilio (Saltillo-México-Monterrey-Saltillo) aún hoy conserva la primera edición para Lumen de la novela de Eco y conserva un librito delicioso, con finas y eruditas ilustraciones y cuadros medievales que Umberto Eco publicó luego del éxito de su novela: "Apostillas al Nombre de la Rosa."
Soy un nostálgico de la Galaxia Gutenberg. Prefiero leer y releer, como acariciar la piel de la mujer amada, estos bellos libros y tenerlos en la mano -cachondearlos-, en sus ediciones príncipe, que el encender el mustio ordenador personal y ver una página fría, impersonal, lejana. Los libros aún conservan su aroma, sus hojas ya no blancas, sino ajadas y almibaradas por el paso de mis manos y mi memoria.
Letras minúsculas
Y hoy, quien "descubrió" a un joven llamado Umberto Eco, doña Esther Tusquets ya está en mejor vida. Descansa y lee en paz.