Samba en silla de ruedas

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Opinión
/ 10 septiembre 2012

Era la alegría paralímpica.

Era el nexo coreográfico para los próximos juegos en Brasil. Estaban felices porque fueron 4 mil 289 competidores de 165 países los que mostraron la excelencia de sus capacidades diferentes. México, que había ganado 20 medallas en los juegos de Beijing, ahora se llevó 21. En China fueron 10 medallas de oro, tres de plata y siete de bronce. Ahora, en Londres obtuvieron 21 preseas: Seis de oro, cuatro de plata y 11 de bronce. Atletismo y natación fueron los deportes del triunfo nacional. Pesas y judo también.

El estadio de Stratford era un ascua de luces, colores, música y carros alegóricos. La típica capoeira brasilera con el sonido del berimbau, arco musical que combina con el pandeiro, se sumó al carnaval de samba sobre ruedas de los entusiastas deportistas. Superaban gozosamente sus limitaciones físicas.

No hubo pantalla grande para estos juegos. Sólo redes sociales en videos que las recorrieron a raudales, mostrando "lo mejor de la humanidad" según expresión de Sebastián Coe, presidente del Comité Olímpico Británico. "Dieron al mundo hazañas de velocidad, resistencia, destreza y habilidad que muchos pensaron como imposibles", dijo Philip Craven, presidente del Comité Paralímpico Internacional.

La presencia y la participación esforzada de estos deportistas ha sido un mensaje viviente. Mostraron la grandeza del espíritu capaz de superar, con elegancia y fortaleza, lo que es visto como incapacidad o invalidez. Fueron heraldos de la dignidad de la persona humana victoriosa, no sólo por una medalla conquistada sino por el esfuerzo heroico desarrollado en la competencia.

Quienes son vistos habitualmente con compasión son ahora admirados, ovacionados, premiados y, hasta envidiados por quienes no tienen sus capacidades diferentes.

Los londinense piensan que tuvieron en su tierra, como lo aseguró Craven, "los mejores Juegos Paralímpicos en la historia"... ¡Una porra más, ovación y aplauso para los mexicanos y mexicanas que superaron en Londres lo que se había ganado en Beijing!...

El autor de Claraboya, quien ha escrito para Vanguardia desde hace más de 25 años, intenta apegarse a la definición de esa palabra para tratar de ser una luz que se filtra en los asuntos diarios de la comunidad local, nacional y del mundo. Escrita por Luferni, que no es un seudónimo sino un acróstico, esta colaboración forma ya parte del sello y estilo de este medio de comunicación.

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