Los mercados de Saltillo
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En sus casi cuatro siglos y medio de existencia, Saltillo ha tenido varios mercados. El primero de ellos era llamado el Parián y estaba ubicado justo donde comienza la calle de Victoria, en la pequeña manzana que forman las calles Allende, Juárez y Morelos. Era un espacio de la villa tlaxcalteca de San Esteban, construido exactamente en el límite que lo separaba de la villa española de Santiago del Saltillo. Debido a la coexistencia pacífica de las dos poblaciones, el Parián daba servicio a los pobladores de ambas. En el mismo sitio se construyó después el Hotel y Banco de Coahuila, un bello edificio de piedra derruido para construir en su lugar un "moderno edificio" que aloja hoy a Bancomer.
Ya fundidas las dos poblaciones por decreto de 1834, unos años después el Ayuntamiento otorgó una concesión al señor Jesús Salas para construir y administrar un mercado en los terrenos adjuntos a la placita Madero, entre las calles de Castelar, Aldama y General Cepeda, conocido como La Marqueta. Al terminarse el tiempo pactado en la concesión, el edificio pasó a manos del Municipio y dejó de ser mercado para alojar las instalaciones del Instituto Madero en 1884, una institución bautista que impartía cursos de educación primaria y secundaria para señoritas, en muchos casos gratuitamente.
Por los años 20 del siglo pasado, se estableció un mercado particular, el Mercado Colón, en el triángulo limitado por las calles de Colón, Xicoténcatl y Moctezuma y sirvió sólo por unas tres o cuatro décadas, pues era insuficiente para las necesidades de ese sector de la población.
El Mercado Juárez tiene una larga historia. Ubicado en la antigua Plaza Tlaxcala, en terrenos que pertenecían desde el siglo XVI al pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, el sitio era una gran extensión que comprendía desde la Iglesia de San Esteban en la actual calle de Ocampo hasta la de Pérez Treviño hacia el norte. En aquel lugar se realizaba anualmente la famosa Feria del Saltillo y ahí se establecían los comerciantes locales y foráneos y los locales de los juegos de azar. El espacio servía también para los espectáculos al aire libre que de vez en cuando llegaban a la ciudad. En el extremo norte se encontraba la Plaza de Toros que luego fue derruida para levantar en ese sitio el primer edificio del Mercado Juárez, llamado así desde que se inauguró en 1902.
El primer edificio del Mercado Juárez era imponente y de los principales de la ciudad.
Tenía tres puertas que daban a la plaza Acuña, a las que se accedía por una pequeña escalinata. Por el lado de Pérez Treviño había una alta gradería frente a las puertas y los puestos todos eran internos, no daba ninguno a la calle. Pero se goteaba tanto, que dos años después hubo de cambiarse el techo por uno de lámina de fierro. Las llamas lo devoraron en 1925. El segundo edificio fue destruido totalmente por otro incendio en 1952, y pasaron siete años antes de que se inaugurara, en febrero de 1957, un horrible cajón que le sirvió de alojamiento, hasta que en 2002, el entonces alcalde de Saltillo, Oscar Pimentel González, emprendió su restauración total para hacerlo, además de funcional, bello y armonioso con los edificios colindantes.
Los mercados eran los grandes centros comerciales de las ciudades y entrañaban un significado especial para sus habitantes. Eran centros de reunión, cambalache y regateo.
Ahí se compraban y vendían toda clase de mercancías. Los modernos supermercados vinieron a sustituirlos y a cambiar las costumbres del mercadeo, entre ellas la del tradicional "pilón" que los comerciantes daban a sus marchantes. Saltillo, como pocas ciudades en el País, conserva todavía hoy su mercado principal en el corazón de la ciudad.
edsota@yahoo.com.mx