Escapismo

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Opinión
/ 12 octubre 2012

Pocas cosas -coincidirán ustedes-, tan espectaculares como los actos de escapismo.

Que alguien logre liberarse de 50 kilos de cadenas, esposas y candados mientras se encuentra sumergido cabeza abajo en un cubo transparente repleto de agua, y antes de que le estallen los pulmones, es una hazaña que no se cansa uno de ver.

Por ello, sin duda, es que todos sabemos quién es el húngaro Erik Weisz, escapista entre los escapistas y a quien difícilmente puede disputársele el máximo pedestal en el Olimpo de los hombres que nos hacen creer que existen súper hombres.

Bueno, probablemente usted no logre identificar a nuestro personaje por el nombre anterior, pues muy temprano se lo cambió, tomando para ello prestado el apellido de otro famoso mago: Robert Houdin.

Prácticamente unánime es la posición, incluso entre los magos de nuestros días, de que Harry Houdini ha sido el más grande escapista de todos los tiempos, pues su talento para liberarse de camisas de fuerza, cuerdas, cadenas, esposas de la más diversa factura, barriles, cajas, baúles, bidones, bolsas, sacos, ataúdes, jaulas, habitaciones cerradas o cualquier artefacto inventado para mantener sujeto a un individuo, era más que sorprendente.

Además, Houdini demostró poseer un talento con el cual los políticos de hoy desearían contar aunque fuera sólo un rato: la capacidad de auto promoverse gratuitamente.

El truco era: tras llegar a un pueblo cualquiera, Houdini acudía a la estación de policía y retaba al responsable de las fuerzas del orden a que lo encerrara de forma que le fuera imposible escapar. Retaba también a los herreros del lugar a que llevaran sus mejores candados, esposas, cadenas o instrumentos de retención, y promocionaba el asunto en los medios locales.

Concretada la hazaña, el hecho le valía toneladas de reseñas periodísticas que contribuían a consolidar y acrecentar la leyenda que terminó siendo.
Muchos han intentado -y siguen intentando-igualar el talento de Houdini, realizando actos a cual más audaces y peligrosos.

Uno de los magos y escapistas más famosos de la actualidad, David Blane, por ejemplo, se hizo encerrar recién en una caja de cristal que permaneció suspendida sobre el río Támesis durante 44 días. Antes había concretado la hazaña de permanecer atrapado en un bloque de hielo durante 63 horas.
Otro es el canadiense Dean Gunnarson, quien hace dos años, en el aniversario de la muerte de Houdini, se hizo enterrar vivo para escapar de la tumba, abriéndose paso con sus propias manos hacia la superficie, en una proeza que le tomó dos días.

Otro exponente contemporáneo del escapismo es el estadounidense Robert Gallup cuya especialidad es la velocidad.

Porque no se puede evitar quedar así cuando uno presencia el acto en el cual Gallup es lanzado de un avión, a más de 4 mil 200 metros del suelo, cargado de cadenas, esposas y candados, logrando liberarse de las amarras y abrir su paracaídas cinco segundos antes de estrellarse contra el piso.
Y en las filas del escapismo también hay damas capaces de sorprender al auditorio con su destreza, audacia y temeridad.

Una de ellas es Kristen Johnson, quien se especializa en escapar de amarras y candados mientras se encuentra bajo el agua y contiene la respiración durante casi tres angustiosos minutos.

Usted coincidirá: uno puede ver una y otra y otra y otra vez los actos de estos seres humanos asombrosos y no se cansa de ello, porque se trata de hechos que demuestran, como en la serie de History Channel que dirige Stan Lee, que en este planeta existen individuos mutantes.

Uno intenta en el trayecto adivinar el truco, descubrir cómo le hacen los escapistas... Porque algún truco debe haber, tal y como nos ha acostumbrado a pensar el ilusionista ése de la máscara que se dedica a revelar el engaño detrás de los actos de magia.

Esta semana, sin embargo, el mundo entero fue testigo de la más grande proeza que en materia de escapismo se haya realizado. Se trata, sin duda alguna, de un acto difícil de igualar incluso si se poseyera un talento del calibre de Houdini.

Y es que se trata de un acto de escapismo para el cual se debe contar con un requisito que nadie -o casi nadie- estaría dispuesto a cumplir, incluso si ello le pudiera valer la inmortalidad: se requiere estar muerto.

Lo demás es fácil: que agentes de la policía lleven tu cuerpo a una funeraria -preferentemente en un pueblo de la Región Carbonífera- y lo dejen allí, encerrado dentro de un ataúd y, si se quiere, amarrado con cadenas. Luego que cierren la puerta con llave -por fuera, claro- y regresen a la mañana siguiente para encontrarse con que el cuerpo, ¡se ha esfumado!

¡Feliz fin de semana!

carredondo@vanguardia.com.mx
Twitter: @sibaja3

Columna: Portal, periodista con más de 30 años de experiencia en medios de comunicación impresos y electrónicos. Ingeniero Industrial y de Sistemas por la Universidad Autónoma de Coahuila y Licenciado en Derecho por la Universidad del Valle de México. Además, es máster en Administración y Alta Dirección por la Universidad Iberoamericana y tiene estudios concluidos de maestría en Derechos Humanos en la Facultad de Jurisprudencia de la UAdeC. Se ha desarrollado profesionalmente en el servicio público, la academia y el periodismo. Integrante de la Comisión de Selección del CPC, del Sistema Anticorrupción de Coahuila.

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