Política exterior y diplomacia
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Con el nuevo gobierno llega una sorpresa: el secretario de Relaciones Exteriores no será uno de quienes participaron en esa área durante la transición, tampoco un diplomático experimentado. No es del equipo cercano de Peña ni está alineado con un partido político.
No pienso entrar al falso debate acerca de si los miembros del Servicio Exterior Mexicano son o no los más o los menos adecuados para conducir la cancillería. Hace mucho tiempo aprendí que las etiquetas sólo sirven para cegar la mirada, o la mente, de quien las usa.
El que un economista llegue a la SRE no es por sí solo un indicador de cuál será su rumbo ni su desempeño, pero sí es señal de que para el nuevo gobierno la política exterior debe estar más enfocada a la promoción de negocios y de inversiones. Nada mal en ello: la diplomacia debe servir para avanzar los intereses nacionales, que son muchos y diversos, y no sólo para las formalidades o los discursos.
Los intereses de México y de los mexicanos pasan por tres carriles imprescindibles: protección, promoción y prevención.
La protección se refiere a la atención, cuidado y servicios para los mexicanos que viven o transitan en el extranjero. Si bien muchos entienden por ello el trabajo consular, la tarea va mucho más allá. La verdadera labor de protección debe incluir trabajo de cabildeo y relación con autoridades, medios e influenciadores locales para avanzar los temas de los mexicanos en el exterior que les afectan para bien o para mal, y un buen consulado es el que se vuelve parte de la vida y el debate en las comunidades en que opera.
La promoción, para lo que aparentemente se designó al nuevo canciller, no es, ni puede ser, solamente económica o comercial. Se trata de presentar a México ante el mundo en todas sus facetas y ante todos los públicos: su historia, cultura, atractivos de inversión, turismo, academia e investigación, su sociedad. No es la promoción del gobierno en turno, sino la del país: quien sepa presentar y promover a México como un país con futuro y promesa más allá del sexenio nos hará un gran bien.
Finalmente, viene la prevención, lo más cercano a lo que se conoce como la diplomacia tradicional. Es aquí donde se tejen y construyen las relaciones con otras naciones, esas que hacen o impiden que lo que le importa a México avance y no se atore: desde acuerdos comerciales hasta convenios que limitan la proliferación de armamento o que buscan proteger el medio ambiente, hasta aquellos que establecen metas y reglas para la convivencia entre naciones, acuerdos y tratados o procesos de paz o de solución de controversias.
Para un país como México, que nunca ha visto en la agresión militar su herramienta principal de defensa ni de crecimiento, la diplomacia y el derecho internacional son indispensables. Sin ellas, habrá siempre naciones más poderosas que quieran sacar ventaja de un mundo sin reglas de convivencia civilizada. Es por eso que la política exterior es clave para defender los intereses y la soberanía, para promover a nuestro país y a los mexicanos.
La cancillería tiene un servicio profesional como pocas otras dependencias del sector público, que siempre se ha beneficiado y enriquecido de la llegada de personajes de otros ámbitos que suman su esfuerzo y talento al Servicio Exterior Mexicano. Satanizarlo o endiosarlo es igualmente absurdo: lo que debe hacer el nuevo gobierno es aprovecharlo.
Gabriel Guerra Castellanos
Comentarios: @gabrielguerrac