El adiós de Benedicto XVI
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Sin duda, la noticia de esta semana es el anuncio de la renuncia al papado de Benedicto XVI. A estas alturas parece que ya se ha dicho todo. Encuentro opiniones de quienes todo lo ven mal, por mera animadversión ideológica hacia la Iglesia Católica. Entre ellos, siempre encontramos a los aficionados a las teorías conspirativas, en toda acción detectan fuerzas obscuras actuando en uno u otro sentido.
Para hacer frente a este tipo de críticas, nunca faltan católicos que saltan a la palestra en defensa de la Iglesia. Aplauden al Pontífice que fallece o en este caso que renuncia y reciben con gran alegría a su sucesor. Para estas personas no existe crítica que valga, todas son parte de la perpetua conspiración que busca destruir a la Iglesia de Cristo y que no lo logrará.
No pretendo entrar a ese debate milenario. Como creyente, me inclino más hacia la lógica de la fe y de las enseñanzas de esta institución que considero perfecta, creada por Dios; pero no pierdo de vista que la institución está formada por seres humanos imperfectos, del primero al último.
Benedicto XVI informó su retiro, así lo permite el Derecho Canónico que rige la Iglesia que encabeza.
El todavía reciente fallecimiento de Juan Pablo II, invita a hacer comparaciones. Quienes atacan a la Iglesia dirán que por pura ambición de poder, Juan Pablo II se quedó en el cargo hasta la muerte.
Irónicamente también dirán que Benedicto XVI renuncia por falta de fuerza y tenacidad.
El Papa polaco resistió los embates que siempre buscan derrocar al que ocupa el poder; mientras el Papa alemán no lo consiguió. Pasan a Benedicto la factura por la disciplina que impuso dentro de la Iglesia, particularmente en el caso de los abusadores de menores; Juan Pablo II que no le entró a esos temas y conservó el statu quo, no fue atacado. Estas conclusiones resultan muy simplistas, carecen de rigor analítico e histórico, particularmente a la luz de los primeros años de pontificado de Juan Pablo II, en lo que a disciplina se refiere.
En el otro extremo se encuentran quienes todo lo ven con ojos de bondad. Juan Pablo fue un héroe y un ejemplo para la tercera edad, resistió como un gigante; en tanto que Benedicto está dando un ejemplo de caridad al romper tabúes. Juan Pablo fue fiel a su misión hasta su muerte; Benedicto será fiel a su misión, pero por amor a la Iglesia y por su bien, dará paso a una nueva generación, con mayor fuerza y vigor, para que encabece el destino espiritual de cientos de millones de católicos en todo el mundo.
En todo caso, nos encontramos frente al rompimiento de un paradigma. Hacia el futuro, los Sumo Pontífices podrán irse a descansar al llegar a la edad de retiro y no pasará nada.
Con independencia de las teorías conspirativas, de las alabanzas de unos o los denuestos de otros, veo este precedente como algo positivo. Si un Papa renuncia cuando se encuentra en plenas facultades mentales y posee algo de fortaleza física, inhibirá, sin duda, la lucha por el poder. Los vacíos siempre se llenan, con mayor razón cuando hablamos de vacíos de poder. Si un Papa se encuentra en estado cuasi permanente de enfermedad, no debe extrañarnos que el vacío de poder que ello genera, se sature de luchas por obtener el control.
Aquellos que llegan a Obispo de Roma y a sucesor de Pedro, en la cumbre del poder en el Vaticano, suele rondar los 70 años; por el contrario, en el mundo secular, políticos y empresarios de esas edad se encuentran en pleno retiro. ¿Será por eso que la Iglesia ha logrado sobrevivir mucho más que cualquier democracia, dictadura o liderazgo empresarial? Obviamente, a los 70 y más se controlan más las pasiones, sin duda mucho más que a los 40.
Creo que Juan Pablo II fue el último gran líder de escala mundial. Desde su desaparición detecto un enorme vacío. Fue pieza fundamental para el derrumbe del bloque soviético. Habló de frente a las dictaduras de todo signo ideológico y a las democracias. Nunca rehuyó al debate, por más espinoso que fuera el tema. Criticó por igual el capitalismo y el socialismo. Generó el aplauso y la incomodidad de Bush y de Fidel Castro.
Creo que los errores u omisiones en que pudo caer Juan Pablo, se deben a su precario estado de salud, creo que tuvo mucho que ver con la crisis eclesial a finales de su pontificado, más por omisión que por acción. En toda organización humana la cabeza debe tener pleno control del timón, especialmente en una que aglutina a millones de seres humanos, de lo contrario, las tentaciones de apropiarse del mismo quedan sueltas. Nada bueno puede salir de esas luchas por el poder. Eso es lo que evitó Benedicto XVI.
Facebook: Chuy Ramirez
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