¡Felicidades y gracias! 2
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Solicité posibles respuestas al enigma pedagógico: Pintar los márgenes a las hojas de los cuadernos. ¿Como para qué? Y recibí algunas respuestas por demás fascinantes
A veces, la falta de tiempo, la ausencia de musas o una simple indisposición del ánimo hace del trabajo un proceso arduo, lento y doloroso. El resultado es insatisfactorio y tratándose de la prensa tirana no hay mañana que valga.
Me ha ocurrido por supuesto y me disculpo.
No obstante, algunos de esos trabajos de cuya paternidad aun reniego me han valido comentarios positivos y uno que otro cumplido.
En cambio, cuando por una afortunada concatenación de eventos cósmicos se conjugan las ideas, la claridad y la inspiración y el resultante es un ejemplo de dialéctica escrita, me voy a dormir con la seguridad de que he hecho mi aportación a la construcción del México que todos soñamos y de que al día siguiente he de recibir toda suerte de encomios y hasta una probable invitación para trabajar como diplomático en la ONU.
Nada. Sucede que el único que me leyó ese día fue el corrector automático. Y mis piezas más pulidas de retórica impresa terminan formando parte de alguna piñata de las Monster High o de los minions.
Supe sin embargo, desde que concebí mi pasada entrega que -sin importar que fuese un trabajo digno del segundo escenario o del primer escenario-, generaría empatía por la sencilla razón de que había mucha gente inmersa en la problemática que se abordó:
Bueno, he de agradecer que el artículo del martes "¡Felicidades y Gracias!" triplicó la cantidad de visitas y aprobaciones habituales en una típica columna de feliz suerte.
No me voy a adornar, sé que la buena acogida (siempre se escucha raro eso) de amigos y lectores obedeció -al menos por esta vez- a las circunstancias y no al mérito de su autor.
Aun así, por ello decidí improvisar una segunda parte que no espero alcance las cumbres de "El Padrino II", pero confío no sea tan deplorable como la "Los Cazafantasmas 2".
Solicité posibles respuestas al enigma pedagógico: Pintar los márgenes a las hojas de los cuadernos. ¿Como para qué? Y recibí algunas respuestas por demás fascinantes:
"En la junta del colegio dijeron que eso les da una formación a los niños (supongo que será para que aprendan a vivir como nosotros, con límites)".
"Acá en México se exige que los muchachos de secundaria lleven cuadernos forrados de tal color y cosidos. Mientras, los pendejos de Japón pierden el tiempo con la robótica; o en la India, con banalidades como la informática".
"Lo hacen para rellenar el pobre plan de estudios".
"Deja tú eso, los chiquillos mal que bien los pueden hacer. Ahora les pidieron cuadernos de 120, 140 y 160 hojas ¡y que esté cosido con estambre!".
"Si ya vienen con espiral y piden que se los quites y se cosan con estambre, ¿entonces por qué jodidos no los venden ya cosidos?"
"Como en todo lo que se refiere a educación seguimos inmersos en los años 50, cuando se escribía en papel estraza y el estudiante era obligado a dibujar márgenes".
"Hace siete años cuando mi hijo entró a primaria yo le pregunté a la coordinadora cual era el propósito de los márgenes y muy `educada' ella me respondió levantando el volumen de su dulce voz: `Eso es algo que se debe hacer, no está sujeto a cuestionamientos ni a sí le gusta o no. ¡Reglas son reglas!'".
"Una buena manera de dar forma cuadrada a los pensamientos de los inocentes chicos".
"`Es obligatorio y punto, señora. Si no le gusta lo sentimos mucho'. Esa fue la respuesta de la maestra".
"Es parte del condicionamiento, no obedece a razones de aprendizaje, sino a la idea de repetir la misma operación una y otra vez como en la fábrica".
"Es para afinar la motricidad de los pequeños. Pero casi no funciona cuando los papás son los que se avientan la chamba".
"El criterio normalista, `normalizador'. ¡Que todos seamos normales!".
"Yo proteste cuando era estudiante... de nada me sirvió protestar ¡como tampoco me sirvió de nada marginar con rojo tanta hoja!".
"¡En lugar de mofarte ven ayudarme.!".
No son todas, pero sí las más representativas, las que me ahorran cualquier comentario adicional y las que ayudan a explicar por qué nos cuesta tanto desatorar al país de su histórico atolladero.
Una vez más, ¡Felicidades y gracias!
petatiux@hotmail.com
NACION PETATIUX