El mural de Cárdenas

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Opinión
/ 8 agosto 2013

El problema con el arquetipo que representan el mural de Pemex y su gemelo -la CFE- es que está desfigurado, decolorado y desconchado.

En la cultura del mexicano promedio Pemex representa al gigante de la mitología estatista y motivo de orgullo nacionalista. Es el sujeto central, el mejor logrado, del mural que la ideología del nacionalismo revolucionario plasmó en las paredes de nuestra economía. Su autor, Lázaro Cárdenas, domina la política energética desarrollada por nuestro país desde l938, igual que por un largo tiempo lo hicieron el trío Rivera- Orozco- Siqueiros en el muralismo mexicano.

Hasta ahora ha sido imposible reformar el monopolio petrolífero estatal porque el mural es intocable, sería tanto como modificar los célebres frescos que ejecutaron aquellos artistas en los edificios públicos. Un sacrilegio inadmisible, crimen contra la soberanía nacional.

El problema con el arquetipo que representan el mural de Pemex y su gemelo -la CFE- es que está desfigurado, decolorado y desconchado. El modelo energético que preconizan se agotó. Nadie se atrevería a negar su utilidad en los tiempos del despegue industrial de posguerra, ni el soporte que dio al llamado milagro mexicano del siglo pasado. Es más, mantuvo en pie al país luego de la quiebra de las finanzas nacionales tras varios decenios de desmanes populistas y ha sido el medio para implementar una corrupta fórmula de apropiación privada de la riqueza nacional al funcionar como generoso yacimiento para el enriquecimiento explicable de la numerosa prole de la familia revolucionaria y de aquellos elementos de otras genealogías partidistas que siguieron la máxima de no ser políticos pobres para no ser pobres políticos.

Todo eso hay que reconocerlo sin regateos, pero la mala noticia en medio de tantos méritos es que el mundo cambió. El modelo funcionaba más o menos bien en los tiempos de las economías cerradas, pero es obsoleto en la era de la globalización y del aceleramiento científico y tecnológico. Sus rendimientos son alarmantemente decrecientes y sus métodos de operación ruinosos. Lo que pasa con el gas es la prueba: lo importamos porque el país no puede explotar sus cuantiosas reservas. Con la refinación del crudo ocurre algo semejante. No reinvierte porque Hacienda despoja a la paraestatal de la mayor parte de sus utilidades. Sin sus recursos el gobierno estaría en bancarrota. La víctima real de este cúmulo de atrasos y distorsiones es el consumidor. Mes a mes nos aumentan los precios de los combustibles. El mantenimiento del mural nos sale muy caro, ya no adorna nada.

El desastre está a la vista desde hace décadas, pero el intento que hizo Calderón para hacer una reforma energética se topó con la "cultura del mural" y con la mezquindad de la oposición. Cuando Octavio Paz dedicó algunos de sus más polémicos textos a la crítica del muralismo mexicano señalando su derivación en culto político, su incongruencia estética, su exposición de la ideología marxista simplista y maniquea, los adoradores de aquellos íconos lo excomulgaron. Los murales son sagrados. Carlos Castillo Peraza abordó el tema desde otra perspectiva y fue igualmente severo: "los murales mexicanos dividen este país y a su historia siempre en dos lados. [su] drama. es que obliga a escoger de qué lado se va a estar en la vida para siempre."

Las iniciativas de reforma energética presentadas por el PAN y la Coparmex desafían a los idólatras del mural de Cárdenas. El presidente Peña Nieto presentará su proyecto en los próximos días. Esperamos que el cambio de fechas del anuncio no lo motive un titubeo en el alcance de su compromiso reformista y tenga un fuerte contenido iconoclasta. Las que se ya conocen proponen modificar los artículos 25, 27 y 28 de la constitución para permitir la inversión de los particulares sin privatizar a las paraestatales, promueven las asociaciones público-privadas, modifican el régimen fiscal de Pemex y crean un organismo para optimizar la renta petrolera en favor del desarrollo nacional.

En sus escritos sobre los privilegios de la vista, Paz manifestó su simpatía por los pintores que se atrevieron a rebelarse contra el canon ideologizado de los primeros muralistas. Castillo Peraza abogaba por salirse del mural para hacer política, constructora de bienes públicos. Parece que por primera vez tenemos en el escenario a los actores políticos dispuestos a liberar a la economía del inservible cartabón petrolero del pasado, serán como Tamayo, Cuevas, Rodríguez Lozano, Castellanos, Lazo y Juan Soriano entre otros muchos que rompieron los monopolios en la escuela mexicana de pintura.

Por Luis Felipe Bravo Mena
Twitter: @LF_BravoMena

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