El Grito
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Le llaman de Independencia.
Y es un "¡viva!" repetido desde el balcón del Palacio de Gobierno.
Viene acompañado de un repique que recuerda el de Dolores. Las plazas de armas se llenan de gente que busca celebrar las fiestas patrias. Algunos llevan trajes típicos y sombreros galoneados.
Se vive un regocijo folclórico con pirotecnias y jolgorio popular. Alrededor de las 11 de la noche los "¡vivas!" de la multitud responden al "¡viva!" de la autoridad ante el micrófono. Se agitan banderas tricolores y estalla una celebración popular regocijada.
Se dará ahora en un septiembre humedecido de lluvias, con reformas en arranque legal y protestas callejeras multiplicadas en la capital. El "¡viva!" sigue siendo "¡viva!" y no vive. Es todavía proyecto y esperanza, sueño y propósito. El vivir del México que se celebra independiente conjuga ese verbo como un proceso más que como un logro.
Se sembró en Dolores la semilla con un grito pero sigue el anhelo nacional de los verdaderos frutos de adultez ética, de madurez relacional, de realización de una paz en la justicia. Se manejan palabras que todavía no corresponden a realidades. Democracia, justicia, independencia, soberanía, son como una nomenclatura prematura que nombra lo que no ha llegado todavía plenamente.
El Grito está acompañado cada año de muchos otros gritos. Tienen diferentes tonalidades: de reclamación, de exigencia, de protesta, de lamento. También los hay de propaganda, de publicidad, de desinformación y hay gritos silenciosos de quienes no tienen voz.
Los gritos de esperanza no se escuchan mucho porque son como un murmullo que se levanta lentamente. Es un México que siempre ha vivido con lo mejor de esa mezcla prodigiosa que resulta de la historia, la raza, la tierra, la lengua, la cultura y la fe.
Ese México que es pueblo y escribe diariamente la verdadera historia con sus lágrimas, su sudor y su sangre. Que sigue palpitante con lo mejor del espíritu en medio de todas las limitaciones materiales.
Frente al grito de "¡Viva México!" se levanta también ese otro grito silencioso de un "¡Vive México!" cuyas sienes se ciñen de olivo por el arcángel divino y cuyo destino eterno está escrito en el cielo por dedo de Dios...