`Just Kids'
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Una de las trampas al recordar nuestro pasado consiste en mirarlo con los ojos del presente; es decir, desde la persona que ahora somos, en lugar de intentar entender lo que fuimos.
Al igual que le sucede a tantas personas, Patti Smith era una adolescente que quería convertirse en artista. ¿Haciendo exactamente qué? No lo sabía. Sí sabía en cambio que para conseguirlo era una buena idea cambiar su pueblo por Nueva York, a donde se mudó en 1967.
Sobrevivió a su primer verano durmiendo en parques, al borde de la inanición, conviviendo con vagos y fracasando en su intento de encontrar trabajo. Estaba en riesgo, pero la primera noche en la que realmente se enfrentó a una situación peliaguda la salvó un chico al que sólo había visto dos veces, y que aceptó pretender que era su novio.
Ocho años después Patti Smith publicó un disco, "Horses", que se convirtió en una pieza de culto y la consagró como ícono del movimiento contracultural de la ciudad.
Conviene decir ahora que más que en una cantante, Smith se convirtió en una poeta que interpretaba sus versos con un grupo punk. Sus canciones se alargaban y sus actuaciones eran parte concierto y parte performance. Convencida de que lo importante era el arte por el arte, mantuvo siempre un perfil underground y no explotó su fama. Aunque grabó un tema con Bruce Springsteen no se lanzó a la senda de lo comercial. Aunque fue de gira por varios países no se hizo rica. Aunque era vista como una referencia no asumió un activismo político. Y aunque publicó varios discos más ninguno tuvo el impacto del primero.
Aun así, lo que ocurrió después sorprendió a muchos: en 1980 se casó con un músico, lo siguió a Detroit (!) y desapareció del mapa. Lo único que se supo de ella durante años fue el disco que publicó junto a su marido en 1988, y que pasó con más pena que gloria.
¿Qué hizo durante esa época de su vida? Lo explica de manera sencilla. Estaba criando a sus hijos. Estaba puliendo su talento para escribir. Seguía pensando que el arte es importante.
Se quedó viuda en 1994, y poco a poco fue retomando su vida pública. Músicos para los cuales había sido una inspiración le pidieron colaboraciones. Volvió a Nueva York. Comenzó a cantar de nuevo en escenarios. Y hace tres años cumplió la promesa que le hizo al chico que la había salvado aquella noche en Nueva York, y publicó en una autobiografía su vida en común.
Ahora sabemos que aquel chico era Robert Mapplethorpe, el célebre fotógrafo que por entonces era, sin embargo, tan sólo alguien más que también quería convertirse en artista. En "Just Kids" ("Unos chicos") Patti Smith cuenta la profunda y compleja relación creativa y sentimental que compartieron. No por nada, en sus propias palabras Mapplethorpe fue "el artista de mi vida."
Probablemente lo más hermoso del libro es su tono. Patti Smith no cae en la trampa de juzgar lo que fue con los ojos del presente; tampoco lo tiñe de nostalgia, ni le da una pátina atormentada para hacerlo interesante. Hay en su relato sufrimiento, drogas, desgarros, dudas y muchos momentos difíciles. Pero ella tan sólo se mira a sí misma y a Mapplethorpe con el candor que anticipa el título: como a unos chicos que estaban convencidos de que lo que más valía la pena en la vida era hacer arte, y se lanzaron a encontrar su camino. @luisalfredops / www.librosllamanlibros.com