Nuevas leyes, mismo rostro

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Opinión
/ 5 septiembre 2013

Son relevantes los momentos críticos en los que las fuerzas políticas nos vimos confrontadas por el estreno de la figura de la iniciativa preferente

Ha transcurrido ya un año legislativo para el Congreso, en ese lapso hemos sido partícipes de momentos trascendentes para la vida del país. Hace rato que la posición de legislador dejó de ser un día de campo, los nuevos tiempos nos constriñen a actuar con responsabilidad, con madurez para anteponer a la posición personal y el interés partidista, el interés de México.

En el recuento, por lo que toca a la Cámara de Diputados, se han presentado poco más de mil iniciativas, aprobamos 152 dictámenes, de entre los cuales destacan aquellos que han dado lugar a 7 leyes, 14 reformas constitucionales, 8 decretos y 123 reformas a leyes preexistentes. Con todo ello debemos preguntarnos ¿Qué ha cambiado desde entonces?

La influencia de nuestro esfuerzo es hasta ahora intangible, quizá solo hayamos logrado mantener una dinámica de trabajo parlamentario intenso, debido a que, los supuestos jurídicos tienen una naturaleza que se proyecta de un modo general y abstracto hacia el futuro, en lo inmediato constituyen mandatos de conducta positiva o negativa, cuyo impacto depende de un contexto amplio en el que se desenvuelven las relaciones múltiples de la sociedad.

Son relevantes los momentos críticos en los que las fuerzas políticas nos vimos confrontadas por el estreno de la figura de la iniciativa preferente, que estuvo acompañada de la presentación de la mal llamada reforma laboral, para satisfacer las demandas de la clase patronal. Las modificaciones a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, permitieron conceder al Ejecutivo las herramientas para organizar las funciones en el inicio del sexenio. En este mismo sentido, aprobamos la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos para el presente año, sin mayores contratiempos debido a los consensos logrados con anticipación.

Abordamos en el segundo periodo el gran pendiente de la nueva Ley de Amparo, la reforma constitucional en materia educativa; la tan anhelada reforma constitucional en materia de telecomunicaciones, la que sienta la obligación de las Entidades para garantizar la participación de los candidatos independientes en sus procesos electorales; modificaciones en materia de arraigo, de responsabilidad en el gasto gubernamental, de armonización para los registros públicos y la organización catastral, en materia de transparencia y otros varios ordenamientos que considero importante mencionar.

El Congreso ha sido foco de la atención principal de la opinión pública, la tensión política no ha estado ausente y cuando menos se espera, se hace presente para recordarnos las naturales diferencias. Sin embargo, mientras el quehacer del legislativo se ve empujado por presiones externas, los indicadores económicos no son nada halagadores, hemos jugado un papel de distractor de la responsabilidad de la administración federal, que no ha sabido contener la caída en los indicadores económicos, motivados por el sub ejercicio del gasto y el ajuste en las estimaciones del crecimiento, por lo que en cuestión de desarrollo estamos en el límite para el retroceso.

En efecto, la norma jurídica, la ley que es la materia prima del legislador y su producto principal, no cambia por sí sola -menos de inmediato-, la realidad que nos circunda; a su expedición le debe preceder un esfuerzo de construcción colectiva que le dé sustancia, para que sea efectiva en su aplicación y constituya un verdadero mandato que encauce en lo posible las fuerzas en pugna, le dé certeza a la vida institucional y seguridad jurídica a las personas.

Iniciamos ya un nuevo periodo ordinario de sesiones. Está en curso el planteamiento de reformas en materia energética y se avizoran iniciativas como la legislación secundaria en telecomunicaciones, el paquete económico, la hacendaria y la fiscal. Es clara la determinación del gobierno y su partido, de tratar de imponerse aprovechando su condición de primera minoría. De esa manera se cambia lo de arriba, pero el reto es como le cambiamos el rostro al México de abajo.


Por Silvano Aureoles
Coordinador del PRD en la Cámara de Diputados

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