La familia de Madero

Opinión
/ 6 enero 2014

Edit O'Shaughnessy hizo la crónica de la toma de posesión de Madero como Presidente: "Detrás de ellos, y rebosando hasta los demás salones se hallaban, de los 232 miembros de la familia Madero, cuantos pudieron acudir a México, junto con sus amigos y los amigos de sus amigos".

Al triunfo de la Revolución, se acusó a Madero de dar excesiva injerencia en el naciente gobierno a sus parientes, especialmente a su tío Ernesto, a quien hizo formar parte de su Gabinete. La figura de Gustavo, antipática para muchos, se hizo odiosa: se le atribuían funciones de consejero áulico, de eminencia gris cuyas tendenciosas insinuaciones serían órdenes para la voluntad débil de don Francisco. En coplillas callejeras, en vitriólicos artículos periodísticos, en corrosivos "a propósitos" que se representaban en los teatros de revista, se aludía al nepotismo maderista, a la sumisión de Madero a los intereses familiares, a la influencia excesiva y determinante que sobre él tendrían sus parientes.

Madero, ciertamente, concedía capital importancia a su familia. Su amor filial era muy grande, aun tomando en consideración el estilo de los sentimientos de principios del siglo. Por su padre y su madre sentía verdadera veneración, no inició su campaña política nacional sino tras obtener el permiso y la bendición paternas. Por lo que hace a sus hermanos, el apego que hacia ellos sentía era entrañable. Las relaciones familiares de Madero presentan características de gran interés. Recordamos aquí el conocido episodio de la muerte del pequeño Raulito que, narrado por el propio Francisco, adquiere matices de emoción conmovedores: "...Estábamos en el Colegio cuando recibimos la noticia de que había muerto un hermano nuestro, a quien queríamos muchísimo, debido a su precoz inteligencia y a los nobles sentimientos que revelaba. Su muerte fue verdaderamente trágica, pues con un carrizo que él traía, hizo que se desprendiera la lámpara de petróleo que estaba pendiente de una pared, y al caer sobre él lo bañó el líquido combustible que inflamó con la mecha. Raulito (así se llamaba aquel querido hermano) sólo sobrevivió 17 horas y murió en medio de grandes sufrimientos, pero con una calma y una serenidad que revelaban la grandeza de su alma. En nuestra familia recordamos con ternura algunas de sus últimas palabras que pronunció antes de morir: "Ya no vuelvo a ir a la cocina, mamacita", porque precisamente cerca de aquel lugar había encontrado la muerte. Ese hermano querido, al abandonar este mundo, no por eso nos abandonó, y desde su mansión etérea sigue nuestros pasos con solícito cariño, desempeñando con sus hermanos de la tierra el dulce papel de espíritu protector, o sea lo que se llama en términos más poéticos "ángel guardián...".

Los Madero eran dados a procrear familias numerosas. En los primeros tiempos de su matrimonio el mayor deseo de Madero era el hijo que no llegaba: a Alfredo Dávila, de Mina, N.L:, le escribía apenas un año después de haberse casado: "... Lo único que en este mundo deseo más, es un hijo, aún no me lo concede la Divina Providencia, pero no pierdo esperanzas...". Era parte de la suma de ideas familiares el pensamiento de que Dios, tenía una bendición especial para las familias numerosas.

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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