Diego al desgaire
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"Mira, el duende cuando más lo buscas menos llega. Yo creo que es cosa del Todopoderoso. Muchas veces lo buscas en teatros maravillosos y dices voy a poner toda la carne en el asador y el duende no llega y luego estás en un bar, entre amigos, y te dicen ¡pero coño, por qué no ha pasado esto en el teatro.! Adonde más difícil que llegue es a la voz, porque la guitarra es tocable, al baile le llega también, pero es a la voz. es un estado de ánimo. el flamenco es un estado de ánimo según te levantes ese día, conforme te va deparando cosas malas, buenas, alegres, tristes. si tienes pena, si estás cabizbajo aunque beses al santo, no, no, el cante es muy delicado porque lleva muchas facetas. El duende es una quimera continua. Yo estoy siempre en la quimera del cante, amo tanto la música que también tengo una gran facilidad para aburrirme de ella".
"Todo lo que tiene sonidos negros tiene duende. Manuel Torres tenía duende. tenía sonidos negros. él se montaba en su burro y se iba de Granada a Córdoba, a ese concurso de flamenco, y se iba parando por todas las ventas y cuando llegaba la hora de cantar en el concurso llegaba prácticamente sin voz, porque se había parado a cantar en todas las tascas habidas y por haber, cantando".
Diego "El Cigala" suelta una carcajada por los hazañas de su antecesor y recuerda: "Hay una película de Federico García Lorca: "Muerte de un poeta", donde sale esa frase en casa de Manuel de Falla, quien delante de García Lorca le pregunta y Torres dice: "Todo lo que tenga sonidos negros es el duende".
La obsesión se centra en Federico: "¿Tú sabes a quién me recuerda Atahualpa Yupanqui en el `Romance de la Luna Tucumana'? Cuando escuché esa letra lo primero que se me pasó por la cabeza fue, digo, Atahualpa habrá tenido que leer a Lorca porque la letra es muy lorqueada, súper lorqueada, porque fue el poeta por excelencia, el poeta de los gitanos, no sólo en el "Romancero Gitano", y se le han cantado cosas, pero yo haré en día un disco no sólo con el "Romancero Gitano", sino con su biografía, con letras enteras desde "Bodas de Sangre", "Yerma", "María Pineda". Hay tanta riqueza para hacer un buen disco homenaje a Federico García Lorca, sería maravilloso".
Los silencios de "El Cigala" son más ensordecedores que los de la plaza de La Maestranza, interrumpidos por su pensamiento: "Si él hubiera venido a México, aquí no lo hubieran matado, aquí se le quería mucho y tres días antes le estaban diciendo sus más íntimos vete a México, no cojas ese tren a Granada; y con Manolete y una amiga suya, Lupita, le dijeron ve a México, en México te quieren y te aman. Lo hubiéramos tenido todavía aquí".
Erudito de la obra lorquiana, calla unos segundos que interrumpo para aportar algo que tal vez ignora, le digo que en el "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías" Federico no menciona el nombre del toro que mató a su querido amigo, detalle que ningún taurino olvidaría porque el nombre del toro asesino siempre sigue al del torero muerto: Joselito, "Bailaor"; Manolete, "Islero". No aparece en "La cogida y la muerte", ni en "La sangre derramada", ni en "Cuerpo presente", ni en "Alma ausente". Por qué, le pregunto. "No sé, yo ahora mismo no me lo puedo imaginar. ¿Me lo puedes decir?". Sí, le digo, porque el toro se llamaba `Granadino'. "¡Ah! Odioso, totalmente odioso, ja, ja. ¿`Granadino' fue el toro que mató a Sánchez Mejías?" Sí, le digo, granadino como García Lorca. "Como García Lorca, qué pena, qué cosa más tremenda, no lo sabía, qué bonito". Puede que no sea por eso, pero a ver, digo. "Yo creo que sí, tienes muchísima razón, que venga un toro granadino a cargarse a Sánchez Mejías, está de madre".
Creció en el Rastro, el Tepito de Madrid, el barrio popular con tenderetes los domingos como La Lagunilla de México, sobrino del cantante flamenco Rafael Farina. A los 12 años ganó su primer concurso de cante y todos los otros posibles hasta "Lágrimas negras", en 2002, aclamado por "The New York Times" como "El mejor disco del año". Se instala con toda su familia en la República Dominicana y recorre el mundo en un espectáculo sobrio, sin alardes, sin escenografía, sin bailaores ni más voces. A palo seco, dirían los calés.
Y la voz del poeta: "Que no quiero verla. Dile a la luna que venga, que no quiero ver la sangre de Ignacio sobre la arena. Por las gradas sube Ignacio con toda su muerte a cuestas."
El duende es también luto.