Un chico diferente
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La niñita le preguntó a su padre: Papi: ¿todos los cuentos empiezan con las palabras Había una vez?. No, hijita ârespondió el señorâ. Hay unos que empiezan con las palabras: Hoy no: me duele la cabeza; Hoy no: estoy en mis días, o Esta noche no: mañana debo ir a ver al médico El papá de Pepito lo llevó al zoológico, y ante la jaula del tigre le habló de la ferocidad del animal. Dijo el niño. No sé qué haría yo si el tigre escapara y te diera la muerte con sus colmillos y sus garras. El señor se conmovió. Dime entonces âprosiguió Pepitoâ qué autobús debo tomar para volver a casa En la cantina, frente a diez botellas de cerveza, Empédocles Etílez llamó por el celular a su señora: Voy a llegar tarde, vieja âle anuncióâ. Acabo de toparme con un embotellamiento El doctor del pueblo fue a atender a la señora que iba a dar a luz en una cabaña del bosque. Cuando llegó era ya de noche, y la única persona que estaba ahí, a más de la parturienta, era el pequeño hijo de la mujer. El médico se vio en la necesidad de pedirle al chamaquito que lo ayudara sosteniendo una lámpara a cuya luz se llevó a cabo el alumbramiento. Alzó en alto el doctor al recién nacido y le dio la consabida nalgadita, con lo que el bebé empezó a llorar. Péguele más, doctor âsugirió el chiquilloâ. A quién se le ocurre ir a meterse ahí Doña Pasita era muy devota, tanto que iba a confesarse todos los días. Con sus frecuentes confesiones aburría al padre Arsilio, y le quitaba tiempo haciéndole la relación de sus nimias culpas de mujer anciana. Cansado ya de esa piedad exagerada, cuando otra vez doña Pasita llegó al confesionario el buen sacerdote le dijo: No te voy a confesar a menos que hayas matado a alguien o engañado a tu marido. La viejecita salió presurosa del confesionario. Al salir vio a su amiga, doña Rugadita, que también iba a confesarse. Ni te formes âle aconsejóâ. Esta tarde el padre está oyendo nada más asesinatos y adulterios Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, visitó con las señoras de su club a los presos de la cárcel. Le preguntó a un recluso: Dígame usted, buen hombre: ¿cuándo años le impusieron de condena?. Respondió con tristeza el prisionero: 475 años, señora. No se aflija âlo consoló doña Panopliaâ. Ya casi se fue un día más Una mucama le dijo a otra: Ya no aguanto este trabajo. Todo el día diciéndole a la patrona: Sí, señora. Sí, señora. Sí, señora. Yo tampoco aguanto más âdeclaró la otra-. Toda la noche diciéndole al patrón: No, señor. No, señor. No, señor Lo siento âle indicó el director de la editorial al novel escritorâ. Aquí manejamos sólo nombres muy conocidos. Ése precisamente es mi caso âse alegró el novatoâ. Me llamo Juan El guía le comentó al cazador: Nos encontramos en una selva virgen. Me lo explico âreplicó el otroâ. Está muy fea En la suite nupcial le dijo la novia al novio: ¡No puedo creer que ya estemos casados!. Contestó él: Nada más deja que pueda desatarme este nudo del zapato y te lo demostraré Le confió un tipo a otro: Mi esposa y yo ya no nos vemos por las noches. ¿Por qué? âse sorprendió el amigo. Explica aquél: Un consejero matrimonial nos sugirió tener sexo todas las noches Le contó Susiflor a Rosibel: Conocí a un chico que no fuma, no bebe, y no se la pasa siempre viendo en la tele partidos de futbol. ¡Fantástico! âexclamó, admirada, Rosibel. Ni tanto ârespondió, mohína, Susiflorâ. También se hace sus propios vestidos La mamá de Rosilita salió embarazada. Le preguntó a la niña: ¿Qué te gustaría tener? ¿Un hermanito o una hermanita?. Respondió la chiquilla: Si no te afecta demasiado la figura me gustaría más bien tener un caballito poni La hija de don Poseidón fue a la ciudad a inscribirse en la Universidad. Días después doña Holofernes, la mamá de la chica, recibió un mensaje de ella. Le comentó a su esposo: Ya matricularon a nuestra hija. Dijo con acento sombrío el vejancón: Siempre supe que eso iba a suceder Aquella pareja se presentó en el hotel como marido y mujer. El encargado de la recepción le preguntó al hombre: ¿Quieren cama matrimonial o camas gemelas?. Se volvió el caballero hacia la dama y le preguntó a su vez: ¿Qué prefieres, mi vida?. Respondió ella: Lo que usted quiera, señor FIN.