El dolor de la muerte (1/3)

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Opinión
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¿Por qué no hay una política clara y seria de salud mental y clínica por parte del Gobierno del Estado o del Ayuntamiento de Saltillo?

¿Qué es más importante para el Gobierno del Estado y su líder ejecutivo, Rubén Moreira, un corredor industrial o la vida de un ser humano? Sin duda, lo primero. De aquí entonces su programa estelar el cual ha sido una engañifa total, “Mil obras para Coahuila”. La calidad de vida en el Estado se ha deteriorado a tal nivel y grado, que un gran porcentaje de jóvenes, sobre todo, eligen morir a estar vivos en esta entidad lo más parecida a un panteón, no obstante la publicidad del Clan Moreira, los cuales han dirigido al Estado por casi dos sexenios. 12 años de condena. 

Los sentimientos estorban. Para la generación tecnológica la cual deletrea Internet, es más importante la inteligencia artificial que explorar las relaciones humanas y sentimentales. La despersonalización todo lo pudre, todo lo mancha. La política pública de Rubén Moreira es privilegiar lo material (inodoros, abrevaderos, pavimentar calles, pintar aulas…) y olvidar lo espiritual y la salud pública de sus habitantes. En dos sexenios y lo que va del que padecemos (Enrique Martínez, Humberto Moreira y éste, es decir de 2000 a la fecha) nuestra salud física y mental se ha deteriorado a tal nivel, que los suicidios se han incrementado un 300 por ciento. 

Cuando en cinco días (30 de abril al 4 de mayo) hubo tres suicidios de jóvenes en plenitud de vida y facultades (Javier Pinales, Jessica Zamora y María Isabel Martínez) y este escritor abordó el dolor de su muerte en un díptico, atentos lectores me hicieron llegar comentarios y anécdotas. La respuesta fue del tamaño del problema. Un maestro, más sabio y claro, mejor lector que este redactor, el académico Jesús García, mi maestro del Ateneo Fuente, “La coyota”, mandó el siguiente mensaje vía SMS: “Un saludo chavo. ¿Crees que un instante antes de que la cuerda cortara la vida de los suicidas no medió el perdón de Dios? Eran seres enfermos”.

De existir Dios maestro Jesús García, de existir Dios señores lectores y sólo de existir ese Ser Supremo el cual ya no cree en nosotros y al parecer no le interesa el problema del sufrimiento humano, lo mínimo que podría hacer es recibirlos en su reino, platicar con ellos, pedirles perdón y ofrecer refrigerio a su atribulada alma y consuelo eterno a su afligido corazón. Sólo eso. Lo deletreo de nuevo para que no se olvide: hablo de esto porque me preocupa. Padezco melancolía, tristeza, ictericia (mi madre, cuando yo era un infante decía junto a doña Romanita, la curandera de la familia, que estaba “atiriciado” y que así iba a crecer. Pues sí, así crecí y así voy a morir cualquier día) desde mi infancia. 

Esquina-bajan
Hoy a la ictericia (concepto del siglo XVI, donde uno se pone como piel de pergamino, entre amarillento y cenizo; sin brillo, sin motivo alguno de vivir) se le nombra con un término como si fuese un pronóstico de clima, “depresión”. Clínicamente hoy padecemos depresión. Cuenta un escritor y doctor que sabe bien este tema, Walter Riso, que alrededor del 25 por ciento de las diferentes depresiones se deben a alteraciones bioquímicas.

Es decir y en cristiano, nos falta litio, nos falta oxígeno, nos falta azogue, nos falta… ¡bah!, como si todo fuese una combinación de ácidos y proteínas, ir al supermercado y sí, beber del frasco de la felicidad compartida. ¿Por qué no hay una política clara y seria de salud mental y clínica por parte del Gobierno del Estado o del Ayuntamiento de Saltillo? porque a Rubén Moreira y menos a Chilote López Villarreal les interesa el tema. 

En el 2000 la cantidad de suicidios fue de 31, en el 2001 se registraron 33, para el 2002 el índice llegaba a 34 y al cierre del año 2003, se alcanzaban 121 suicidios… en 2009 fueron 177, en 2010 hubo 169 suicidas. En 2012, 151. El año pasado, 153. Y el horror de hoy: en 11 días, cinco suicidios (Javier Pinales, Jessica Zamora, María Isabel Martínez, Vicente Hazan y Jesús Cárdenas). ¿Por qué se suicidan los que se suicidan? No lo sé. Pero los comprendo.   

Letras minúsculas
La depresión, dice Walter Riso, es el “llanto de Dios”. Le creo. (Continuará)

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