La vida
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Todos los días, todos los meses y todos los años; todos los tiempos, son los mejores tiempos para mi amigo, Armando Fuentes Aguirre
Lo dijo así, como se dice la letra de un viejo tango el cual es un cardo en el gaznate; lo dijo así, como se entona una canción la cual se conoce desde siempre; lo espetó así, como se hablan los amigos, como se desgrana una margarita o granada en la mesa, como el hálito de un perfume antiguo ya conocido. Don Armando Fuentes Aguirre lo soltó en la mesa habitual de almuerzo de los lunes. Lo dijo sin premura, sin eco ni comparsa: Poeta, me estoy encariñando con la vida. Y eso es malo.
Todos los días, todos los meses y todos los años; es decir, todos los tiempos, son los mejores tiempos para mi amigo y compañero de armas, Armando Fuentes Aguirre. A últimas fechas, amén de ser los mejores de su vida, escribe mejor que nunca. Escribe mejor que todos. Los martes viene publicando una columna sobre historias de Saltillo; textos a mata caballo entre la
ficción, su autobiografía y la realidad. No es ninguna de las tres y son las tres mismas. No pudo encontrar mejor título para encabezarlas y llegado el momento, recopilarlas en libro: Plaza de Almas.
Todos los martes y en cualquier parte del país donde usted se encuentre, puede leer a Catón con estas historias-estampas de un Saltillo, de una ciudad periférica cualquiera de este país; una ciudad de provincias donde bulle eso llamado condición humana; sí, donde hay pasiones, leyendas, añoranzas, nostalgia, melancolía donde anidan las almas. Catón tiene meses ya con este proyecto el cual, cuando no lanza una recta de 91 millas por hora âen lenguaje beisboleroâ, lanza de 93 o de plano, en la siguiente semana lanza pelota caliente: un texto de 95. Imposible para uno.
Los lunes son de almuerzo mañanero con Armando Fuentes. A últimas fechas y por motivos personales, ha faltado el tercer mosquetero, Alfredo García. Esperemos pronto se reincorpore. Sin éste, la mesa es de tres patas. Pero también, de vez en cuando la mesa crece, se alarga en cantidad y calidad. Quienes han estado son el atildado Rector de la Universidad Autónoma de Coahuila, Blas José Flores; el candidato a diputado local, Súper Chemota, José María Fraustro Siller y el hombre el cual crece como la espuma, el Alcalde de Ramos Arizpe, Ricardo Aguirre.
Cuando llega una dama a la tabla, las maneras de don Armando Fuentes son afables, caballerescas. El cronista es un escritor de buena planta. Bien nacido en Saltillo, como este redactor, cuando todo mundo se entrega al vituperio en contra de la ciudad âocio, pena y condena de los amargadosâ, don Armando y este columnista renovamos votos en Saltillo.
Esquina-bajan
Años de esta tertulia en lunes por la mañana. Aunque en honor a la verdad, la hemos movido de día varias veces por motivos de trabajo de los tres comensales. Años de compartir el pan, los chilaquiles, los molletes, el café amargo y el verbo. Pero caray, Armando Fuentes Aguirre da qué pensar. Siempre he creído una cosa, posee el don de la ubicuidad. Está en todas partes. Claro, también en la sopa y los postres.
Un día, para confirmar reunión, me marca desde Mérida, Yucatán; desde Guadalajara o desde León, Guanajuato; sólo para aparecer fresco y entero, con su cabellera blanca e inmaculada, su mentón altivo y vestido pulcramente de lino en el almuerzo tradicional de los lunes. Para variar, sólo un día antes había estado dictando cátedra en Campeche. Transpira fuerza, vigor y esa mágica voz la cual reclama atención y conmueve auditorios.
Perdonadme lectores, perdonadme maestro; perdonadme don Armando, tal vez y sólo tal vez por esta única ocasión usted está equivocado; no es usted quien está encariñado con la vida, no señor; la vida lo reclama don Armando. Eso llamado vida está encariñado con usted, con su estilo tan personal de escribir, sus dotes de orador, sus bondades de amigo y ser humano; su fiel y amorosa presencia con su familia
Letras minúsculas
No don Armando, la vida reclama su presencia. Y para fortuna mía, los lunes ya comparto un girón de ella con usted.