En estado de asalto

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Opinión
/ 15 agosto 2014

Los trabajadores de México están en estado de asalto.

Cada día de pago se comete este despojo al bolsillo del trabajador manual. Lo mínimo del salario no es tasa ni medida, sino límite legal para evitar delito. Cualquier patrón que se respete no paga la jornada sin añadir algo a lo señalado en su región. El pago por hora de trabajo sigue siendo uso extranjero sin aterrizaje nacional.

Lo que llaman canasta básica supera en precio a lo que un asalariado puede comprar. Lo de salario familiar es solo una fórmula porque no puede vivir una familia con lo que le dan al que debe sostenerla. Los que se van a trabajar al otro lado se dan cuenta de la diferencia enorme en el monto de remuneración de acá y de allá. Lo que mandan de allá nunca lo hubieran podido ganar acá.

Las economías miopes y descentradas consideran inflacionario cualquier aumento en el pago del trabajo. El valor adquisitivo de lo recibido se iba reduciendo gradualmente a pesar de los ridículos aumentos periódicos. Llega el momento en que el contraste entre lo que reciben por su trabajo los gobernados y sus gobernantes resulta escandaloso y denuncia, por si mismo, una injusticia social, laboral y política.

Hay una violencia institucionalizada en este asalto nacional. Las medidas para suprimir la pobreza resultan epidérmicas y paliativas porque dejan sin restitución este saqueo, ya tan prolongado, al portamonedas familiar. Si se duplicaran los salarios aun serían insuficientes frente a las carestías de los monopolios disfrazados.

El excesivo número de beneficios privilegiados para quienes dicen legislar sin representar y para mandatarios sin mandato de mayorías produce una concentración de ingreso desproporcionado y voraz. Las reformas pueden quedarse en reformismos de parche y pomada sin la cirugía que logra dar a cada quien lo que le corresponde.

Hay ahora voces certeras que se han levantado para señalar ese secuestro de capital. El salario del trabajador, en su pequeñez progresiva, ha subsidiado las fortunas descomunales en un país que huye de sí mismo para ir a ganar al extranjero lo que acá se le sustrae.

Esa reforma inmediata de un salario justo suficiente y familiar daría credibilidad a las que tanto alardean resultados posibles para plazos que se alargan. Es hora ya que se cancele para siempre el asalto al bolsillo del trabajador




El autor de Claraboya, quien ha escrito para Vanguardia desde hace más de 25 años, intenta apegarse a la definición de esa palabra para tratar de ser una luz que se filtra en los asuntos diarios de la comunidad local, nacional y del mundo. Escrita por Luferni, que no es un seudónimo sino un acróstico, esta colaboración forma ya parte del sello y estilo de este medio de comunicación.

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