Sin libertad, pero con libertad intacta
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Por: Jackie CampbellEl jueves 3 de julio del presente año, un periódico de Saltillo, Coahuila, ridiculizó una actividad que sigue un proceso educativo integral al interior del Penal, el cual a través de módulos que llevan una continuidad, permite un proceso de aprendizaje de escritura y periodismo.
El proyecto fue aprobado por autoridades estatales hace casi dos años, y son los responsables de establecer las reglas del juego para que el taller se lleve a cabo, como de recibir el resultado del mismo: la publicación de un libro colectivo, con los trabajos creados por los internos que lo conforman.
Es de suma importancia resaltar el hecho de que el equipo que ofrece el taller “El Ojo Derecho de Polonio” no conoce la situación jurídica de los alumnos, en un acto primordial de respeto, y evitando hasta los más insignificantes prejuicios, pues la tarea es la relación enseñanza-aprendizaje, la formación de grupo, y el fomento del respeto y honestidad en la escritura.
La coordinación del taller insiste en que los internos aprovechen el taller sin abandonar su derecho a la alimentación y se les proporcione su desayuno previo al taller; también apoya con medicamento cuando algún interno del grupo lo requiere y no es posible obtenerlo al interior de la cárcel; ha logrado -aunque aún no sea de manera escrita- que aún cuando un interno se encuentre en área de castigo, no sea interrumpido el proceso que tiene relación a su derecho y acceso a la educación y cultura; y si es posible, que quien tiene la dicha de contar con un puesto laboral, pueda incluso ausentarse para estudiar, reponiendo las respectivas dos horas semanales de taller.
En sintonía con las relatorías especiales de educación y de personas privadas de libertad de la OEA, el objetivo es que los muchachos escriban, y más allá de ello, que adquieran técnicas puntuales de escritura; que adquieran un oficio; y que a través de sus palabras, quienes vivimos en libertad, seamos capaces de ver seres humanos en cada uno de ellos.
El fundamento es legitimar los testimonios y palabras de presos para reconstruir lo que les sucede en cualquier cárcel, pues no hacerlo sería tener una mirada intencionalmente miope de los derechos humanos.
La invisibilización social de las cárceles es parte de la deshumanización social y parte de una política sancionatoria que no tiene justificación. Las imágenes que los internos puedan describir, debe permear para eliminar la estigmatización que de ellos se tiene en la sociedad. Si a ello se añade el que tanto el periodismo heterodoxo como el nuevo periodismo llevan a cualquier género a ser crítico, porque son libres en su expresión literaria, son provocadores e irreverentes, y quien los escribe, se involucra como protagonista en la historia que redacta, podremos acercarnos a las personas que viven el encierro, sentir su energía, percibir sus ruidos y olores.
Sin embargo, pareciera que la nota del periódico, lo que busca es dañar al proyecto y a quien lo creó. La nota firmada por la redacción, aparece en la edición impresa que se distribuye de manera gratuita en instituciones y dependencias, pero también en su página electrónica, y en redes sociales. Por la aplicación WhatsApp, al compartir la nota, el director del periódico escribió: “Qué opinan compañeros, los nuevos periodistas jajaja”. La cabeza de la nota es: “De la cárcel, ¿a periodistas?”.
Si bien la nota no incluye las características que ella debía contener, tampoco tiene fluidez, imparcialidad, ni estilo; ofrece mayoritariamente nombres completos de internos, delitos, incluso con detalles –equivocados, por cierto- y la sentencia que estos –supuestamente- tienen. Datos que en ningún momento deben de hacerse públicos y menos con el dolo de mortificar tanto a las familias como al entorno de quienes, culpables, cómplices o inocentes de algún delito o infracción, cumplen una sentencia.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos dice que: “por graves que puedan ser ciertas acciones y por culpables que puedan ser los reos de determinados delitos, no cabe admitir que el poder pueda ejercerse sin límite alguno o que el Estado pueda valerse de cualquier procedimiento para alcanzar sus objetivos, sin sujeción al derecho o a la moral”.
La pena que cada uno paga, es en sí misma la privación de libertad, y ninguna humillación, tortura o negación de derechos, debe permitirse. Puede ser incluso, que haya delitos que no fueron cometidos en Coahuila, y que en nada ofrezcan valor, utilidad, progreso o seguridad a la sociedad, el darlos a conocer mientras se cumple la sentencia. El afán de identificarlos, y estigmatizarlos, no sólo va en contra de la moral y ética del periodismo, sino que aniquila la posibilidad laboral y social de ellos mismos, y de cada uno de los miembros de sus familias.
La nota miente al decir que el proyecto pertenece a la Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Saltillo; miente al señalar que son reos de alta peligrosidad, y que estarían pensando en ejercer el periodismo, una vez que obtengan su libertad. Sin lugar a dudas, los internos, alumnos del taller, escriben por mucho, con más ética, estilo, creatividad y ritmo, que quienes desde un medio de comunicación fundado hace más de cincuenta años, en Saltillo, lo hace hoy en día. No sería raro que empezaran a publicar en medios serios y con credibilidad, desde el interior de la prisión; sus plumas con su reflexión y aportación, son necesarias en la sociedad.
La nota menciona los nombres de once internos, de los cuales solo nueve forman parte del taller -y se omiten otros-; a los otros dos internos que jamás han estado inscritos. Es decir, se perjudica a aquel privado de libertad que busque su derecho a recibir educación. Mientras que, en la medida en que les permitamos expresarse, y nos demos el permiso de escucharles, sabremos de inmediato que se trata de seres humanos igual que cualquier otros.
Sobre el estigma, la Real Academia Española precisa que se trata de una marca o señal en el cuerpo; desdoro, afrenta y mala fama; marca impuesta con hierro candente, bien como pena infamante, bien como signo de esclavitud. Las tres definiciones coinciden con las investigaciones de Erving Goffman, que concluyen en que la sociedad establece los medios para categorizar a las personas y darles atributos respecto a sus apariencias, con lo cual unas personas darán la identidad social a otras, de la misma manera en que se colocaban grillos de hierro alrededor del cuello, o iniciales grabadas con fuego, para los esclavos, tal como lo transcribió Charles Dickens de la prensa americana, respecto al trato a los esclavos en 1842.
No interesan las motivaciones de la iniciativa privada que en connivencia con personas del gobierno pretenden imprimir la identidad social de quienes hoy están en la cárcel. Dejar sin sancionar este evento, sería añadir un capítulo más a las notas que Dickens escribió hace unos siglos.
“En una exacta foto del diario señor Ministro del imposible, vi en pleno gozo y en plena euforia y en plena risa su rostro simple…Aquí en la calle sus guardias matan y los que mueren son gente humilde…”
¿De qué se ríe?
Mario Benedetti