Lucky Ladies ni de placer culpable
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Llego tarde a la polémica, y nada más lo hago porque una amiga me insistió en que hablara de este nuevo “reality” de FOX Life “Lucky Ladies”. ¿Vale la pena ensañarme con un programa así? Quizá no, pensé. Porque “Lucky Ladies” va dirigido a una audiencia que encuentra fantásticas, por ejemplo, a las Kardashian. Y no soy yo. Después cambié de opinión (en lo de ensañarme, por supuesto).
“Lucky Ladies” es el título de la nueva y “aventurera” propuesta de FOX Life para Latinoamérica. La productora decidió que por algún motivo desconocido, la vida de seis mujeres dizque roqueras –esposas o hijas de rockeros– iba a parecernos fascinante. Así que se armó uno de estos populares “realities” que todo el mundo ha visto alguna vez aunque sea por error. De esos “realities” con un guión estructurado y algunos objetivos claros: causar controversia, divertir y generar conversación y presencia en redes sociales.
Si hablamos de producción, “Lucky Ladies” se lleva una palomita porque está bien realizada y planteada. Es en su contenido donde comienzan los tropiezos porque lo primero que nos obliga a preguntarnos es: ¿Así son las esposas “alocadas” de los rockeros mexicanos? ¿Neta? ¿Marichelo? “Lucky Ladies” más bien se parece a “The Real Housewives of Orange County” en versión la Condesa. Algunos dirán que tanto frivolidad como vulgaridad son inaceptables en la televisión, pero ahí tenemos desde telenovelas cachondas en horarios impropios (y en tv abierta), hasta los programas más nefastos en Telehit. Así que todo se vale mientras exista público con ganas de entretenimiento anodino. Y aunque invito a ver otra clase de televisión, respeto los gustos ajenos.
¿Dónde comienzan los verdaderos problemas de “Lucky Ladies”? En su falsedad insostenible (las actuaciones son pésimas), en la total falta de química entre sus protagonistas y en que ninguno de los personajes se ganará NUNCA a los espectadores. No es, por supuesto, una serie ni novedosa ni controvertida ni hace que nadie ponga el grito en el cielo. Sus dos o tres confesiones subidas de tono no sorprenden a más de una monja o señora copetona. Y las peleas entre mujeres, tan ridículas la mayoría de las veces, nomás queman al hermoso género femenino.
“Lucky Ladies” es un programa como muchos otros que demuestran que la sociedad todavía necesita un buen cacho de estupidez (y que siempre lo necesitará). Sin embargo, de entre lo peor de la industria hay todavía escalas de degradación. Y “Lucky Ladies” se coloca hasta el fondo porque incluso para ofrecer contenidos basura, triviales y pasajeros, hay que saberle. “Lucky Ladies” no tiene a ningún Ozzy Osbourne ni tampoco a ninguna de las conejitas de la mansión Playboy; ni ninguna de las “esposas” posee un carisma equiparable al de cualquiera de los de miembros de “Duck Dynasty”. Ni es tan divertida o estúpida como “Jackass”.
Como siempre, el error de los mexicanos es quererse tomar las cosas con demasiada seriedad. Y una tontería como ésta debería resultar en algo mucho más entretenido. “Lucky Ladies” no lo consigue y ni hablar. Es un reality que seguramente pasará sin pena ni gloria. Es una pérdida de tiempo que ni para placer culpable alcanza como con otros programas del género.
Mi Twitter: @CalladitaR