Un inglés vendedor de historias

+ Seguir en Seguir en Google
Opinión
/ 1 diciembre 2014

A lo largo de mis 17 años como reportero me había topado de todo y con todo, pero nunca con un caso como el que voy a cronicar hoy.

Pues resulta que una mañana de marzo, después que hubo pasado el Día internacional de la Mujer y en la víspera de la Cuaresma, llegó a la redacción del periódico un señor alto, güero, delgado como una paja y de voz rotunda, contundente, que venía, dijo, a denunciar el maltrato físico y psicológico que sufría al lado de su esposa.

Resultó que el tipo era un inglés que había pisado Saltillo en calidad de consultor de empresas venido a menos, con su esposa, su hijo pequeño y su suegro cubanos.

Pero había un inconveniente, el inglés quería vender su historia al periódico. ¿Vender su historia?, le pregunté asombrado, traductor de por medio, claro, y él contestó que sí, que en los países europeos era común que la gente acudiera a los diarios para comerciar con sus historias de vida.

Y en mi vida, de veras, me había pasado que alguien llegara con oferta semejante a la redacción.

Le platico que fue después del día Internacional de la Mujer porque especialmente para esa fecha se había publicado un reportaje especial en Semanario que se llamó “Esposos desesperados” y que trataba sobre la vida de hombres golpeados y bocabajiaos, como diría “El Piporro”, por sus dulces esposas.  

Le respondí al inglés que no, que no era posible pagarle, que el periódico no manejaba esa política de comprar historias.

Su mujer lo había echado a la calle, estaba viviendo en su camioneta y no tenía un quinto para comer, así es que, dijo, accedería a contar su infierno si, cuando menos, le invitábamos la comida de ese día.

Más sorprendido me quedé. Un hombre de raza aria, consultor de empresas de calidad mundial, golpeado por su señora. Para lo insólito.

El inglés había leído el Semanario sobre hombres maltratados y quería que todos se enteraran de su caso dramático.

Durante la entrevista nos contó cómo su cubana esposa la emprendía contra él a trancazos, con un palo, con un bat, con un garrote, con lo que tuviera a la mano.

Y el menor insulto que le profería cuando estaba de buenas era “eres un inútil, un bueno para nada”, imagínese, al puro estilo de “Paquita la del Barrio”.

Fuimos en busca de la brava mujer, a su casa del fraccionamiento Aranjuez, pero no se encontraba nos dijo un señor negro que asomó por uno de los balcones y nos exigió, por demás enojado, que nos retiráramos, por no decir que nos corrió.

Al día siguiente se publicó la historia, una historia que le compramos, por una comida, a un inglés desesperado…  

Que todo México se entere...

Reportero del Semanario Vanguardia. Ha incursionado en el género del reportaje, la crónica y el perfil, en el abordaje de distintos temas, sobre todo con un enfoque social. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM