2008, La ruta de la crisis y sus efectos

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Opinión
/ 22 febrero 2015

Gran comprador y vendedor de mercancías, emisor de moneda internacional (dólar) y centro financiero especulativo, Estados Unidos ha tenido y tiene enorme influencia económica y, por la globalización, impacta la dinámica de la economía mundial ¿Por qué se originó la crisis y por qué aún persiste? Aunque existen diversas interpretaciones, en términos generales la ruta crítica es la siguiente.

1.- Cuando se dispara la productividad de la fuerza de trabajo ésta dinamiza a la industria extractiva, a los servicios y al comercio, lo que implica una tendencia a la contratación de mano de obra. Este ciclo de ascenso de la economía se presentó naturalmente en Estados Unidos a finales de los años ochenta y principios de los noventa del siglo pasado, incrementando sus exportaciones y favoreciendo a la economía mundial con sus importaciones.

2.- La productividad en el sector secundario –industria y maquila- genera que periódicamente se incrementen los gastos alrededor de la producción que va en ascenso, pero por competitividad dichos gastos no se deben trasladar al precio final, sino más bien se reembolsan con cargo a la ganancia esperada, por tanto la acumulación no es la esperada.

3.- Los excedentes de capital –ganancia- se reinvierten en la producción, pero otra parte se destina al ahorro en bancos o a la especulación bursátil, es decir que en Estados Unidos fue necesario que los excedentes financieros se colocaran en créditos e incrementaron la liquidez desde mediados de la década de los noventa y principios de la primera del nuevo siglo. Así la tasa de interés referencial al ahorro se redujo de 6.5% en el año 2000 a 2% en el año 2001, por ende el interés al crédito tuvo reducción.

4.- Por competitividad tendencialmente los costos se reducen principalmente en fuerza de trabajo, lo que genera que la oferta monetaria que corresponde a sueldos y salarios tienda a reducirse: en 1980 el uno por ciento de la población estadounidense se apropiaba del 8 por ciento de la riqueza, pero en el año 2000 esa misma franja social absorbía el 20 por ciento del ingreso nacional; además el desempleo pasó de 8.8 por ciento promedio de 1995-2004 a 10.6 por ciento promedio de 2005 a 2008 (en 2009 fue de 16.3 por ciento) lo que se traduce en que la demanda agregada periódicamente se redujo, por esto fue necesaria la colocación crediticia de los excedentes financieros, sobre todo créditos hipotecarios.

5.- Sin embargo, dicha liquidez presionó a la inflación incrementándose de 2 por ciento promedio anual en los noventa a 2.7 del 2000 al 2007, y aunque dicha inflación fue menor a la década de los ochenta (3.8 por ciento promedio anual) la visión monetarista asumió el control de los precios, así del año 2000 al 2004 en el vecino país la tasa de interés activa fue en promedio anual de 5.8%, pero del 2005 al 2007 se incrementó en promedio a 7.4 por ciento, es decir que, aparte de la venta-traspaso de deuda, se encareció el crédito.

6.- Lo anterior induce a que a partir del año 2000 se inició el ciclo de descenso de la economía norteamericana, pero no se tomaron adecuadas previsiones de política económica.

No se detuvo la asignación de crédito (incluidas las hipotecas subprime, o tóxicas por el alto riesgo de suspensión de pagos) ni la especulación bursátil respecto a dichas transacciones. El no pago inició desde principios de la década del 2000 y la burbuja inflacionaria de la bolsa explotó en el 2008 generando pérdidas multimillonarias en transacciones bursátiles y la necesidad del rescate bancario, de aseguradoras y de armadoras de automóviles, el cual inicialmente sumó 800 mil millones de dólares. La crisis se presentó en el mundo.
Con pérdida de confianza y menos inversión directa, con menos contratación y salarios contraídos, sobre ofertado el mercado, persisten a nivel mundial las repercusiones de la crisis del 2009.

Sustentados en la visión neoliberal de la autorregulación del mercado y de la mínima participación del Estado en la economía, países como México no tomaron decisiones de política económica integral y la caída del PIB fue de –6.7 por ciento en 2009 y aun no hay recuperación sostenida; por otro parte, al prever que el crecimiento mundial sería sostenido otros países incrementaron su deuda pública, como España, Irlanda, Portugal, Italia y Grecia (actualmente 97, 120, 122, 126 y 164% de su producto –PIB- respectivamente), pero en plena crisis se redujo la recaudación impositiva, lo que causó el estricto ajuste impuesto por el FMI y que ha generado reducción del gasto público, altas tasas de desempleo, nulo crecimiento, eliminación de programas sociales y gran descontento social.

La dinámica económica no es sólo de liquidez o tasas de interés como la perciben los neoliberales, sino más bien de la correlación entre la producción-distribución (capital-fuerza de trabajo) y sus efectos. El mercado no se autorregula, sino que genera sus propias distorsiones, de ahí la necesidad de la política económica integral en un Estado de derecho.

José María González Lara
Profesor de la Facultad de Economía

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