¿Ya amaneció?

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Opinión
/ 13 marzo 2015

Si ya amaneció entonces ya es sábado y estamos a salvo. Aunque todavía es necesario pasar revista a las pertenencias personales y, sobre todo, al físico para asegurarnos de no haber sido víctimas de algún maleficio cuyas consecuencias no se hubieran manifestado aún. Porque lo importante es sobrevivir, sin rasguños ni magulladuras, a la fatídica fecha

¡No se ría! ¡En esta columna siempre hablamos en serio! Si usted no es supersticioso está bien, se le respeta, pero le recomendamos pensarlo mejor, es decir, considerar el riesgo inherente en no prestar atención a los peligros circundantes, al maleficio inminente, a las acechanzas perpetuas.

Claro, si usted pertenece a las filas de los precavidos, es decir, de quienes creen en la mala suerte, le tenemos una buena noticia: si está leyendo estas líneas, despreocúpese, porque ya la hizo O bueno: casi.

Porque ésta fue la penúltima semana del año en la cual debimos estar alertas y cuidarnos —como gato con las vidas contadas— de caer en el abismo del infortunio. Ya sólo nos resta un viernes 13 en el actual calendario y llegará hasta noviembre.

Lo peor ha pasado. Podemos considerarnos fuera de peligro, pues hemos sobrevivido a dos tercios de la salación reservada este 2015 por la diosa fortuna para nosotros. Y, además, fueron dos meses seguidos: febrero y marzo.

Seguro por eso el clima ha estado tan descompuesto.

¿Le da risa? Pues tiene usted derecho pero, honestamente, no estaría de más darse una vueltecita con los yerberos del mercado Juárez. Una poción protectora, una pata de conejo, un ojo de venado o una estampa milagrosa no le hace mal a nadie y sí pueden servir de efectiva protección en caso de un repentino ataque de las fuerzas oscuras.

Porque debe usted saber que permanecer en casa, encerrado bajo siete llaves –sin salir de cama y guardando riguroso ayuno- en viernes, o martes, 13 no es suficiente. Y bien probado lo tiene la historia.

El papa Formoso, por ejemplo, recibió de un vidente —en viernes 13— la siguiente ominosa advertencia: no encontraras descanso ni después de muerto.

Y, en efecto, casi un año después de haber entregado el equipo, su cadáver fue exhumado y sometido a juicio. Encontrado culpable de todos los cargos imputados, sufrió la degradación post mortem: se le mutilaron los tres dedos con los cuales impartía la bendición papal; sus despojos putrefactos fueron arrastraron por las calles –atados a una carroza- y más tarde arrojados al río Tiber.

¡Y si eso le pasó a un Papa...!

Mejor protéjase, hágase de alguna de las muchas herramientas inventadas a lo largo de los siglos para alejar las malas vibras. Si ya sobrevivió al día de ayer, la próxima vez puede no tener tanta suerte.

Por otro lado, debe tener en cuenta un dato importante: uno puede sortear el peligro, escurrírsele a la mala suerte, librarla pues, pero probablemente no logre evadir los efectos secundarios.

¡En serio! Mire usted: ¿quién le asegura que, producto de tanto estrés, no acaba uno con hipertensión arterial, angina de pecho o como candidato seguro a un infarto?

Y no es para menos. Allí anda uno todo el día cuidándose de no pasar debajo de una escalera, de no atravesarse en el camino de un gato negro –y menos aún pisarle la cola-, de no tocar papalotes oscuros...

Pensándolo bien, en peligro y esto de andarse cuidando de la mala suerte se ha convertido ya en un problema de salud pública y es la causa del incremento preocupante en el número de personas con padecimiento cardiovasculares.

Habríamos de estudiar el caso y buscar algún remedio. Podríamos, por ejemplo, comenzar por integrar una comisión especial (multidisciplinaria, pluralmente conformada y dotada de presupuesto suficiente, of course), encargada de investigar la relación existente entre los martes y viernes 13 y la incidencia de ciertos padecimientos crónicos. ¿No habrá por allí algún diputado interesado en acercarse a los problemas populares y dispuesto a echarle una manita a los desesperados?

Digo, bien podríamos terminar con el problema de raíz, expidiendo un decreto mediante el cual se proscriban los días trece del calendario, cuando éstos coincidan con el viernes o el martes.

¡Claro!... Cuando toque viernes o martes 13, automáticamente se pasaría del 12 al 14, agregándose al final un día cuando el mes tenga 30, o sumándoselo al mes de febrero cuando se trate de meses con 31 jornadas... al cabo en febrero tenemos espacio de sobra.

–¿Y los años bisiestos, oiga?

–Pues ya veremos... lo importante, por ahora, es no pasar más angustias.

¡Feliz fin de semana!

Columna: Portal, periodista con más de 30 años de experiencia en medios de comunicación impresos y electrónicos. Ingeniero Industrial y de Sistemas por la Universidad Autónoma de Coahuila y Licenciado en Derecho por la Universidad del Valle de México. Además, es máster en Administración y Alta Dirección por la Universidad Iberoamericana y tiene estudios concluidos de maestría en Derechos Humanos en la Facultad de Jurisprudencia de la UAdeC. Se ha desarrollado profesionalmente en el servicio público, la academia y el periodismo. Integrante de la Comisión de Selección del CPC, del Sistema Anticorrupción de Coahuila.

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