Un gran final para Don Draper
COMPARTIR
Advertencia:
Contiene spoilers
Un día, platicando con un amigo ilustrador, poeta y un poco loco, comprendí una sentencia que me provocó un sentimiento paradójico: me preocupó y me tranquilizó a la vez.
Le contaba a este amigo sobre las metas y los planes y la inconformidad latente que reina en algunas personas que siempre queremos hacer más, pero no sabemos qué ni porqué ni para qué. Es un hambre insaciable de proyectos, una necesidad constante de renovación; luego, una sensación perenne de incertidumbres porque regresan a torturar las mismas interrogantes de siempre.
Recuerdo que dije algo como lo siguiente: Sabré a dónde voy, estaré satisfecha, hasta que consiga ESO que tanto me atormenta las ganas. Mi amigo sonrió y me respondió: Nunca estarás satisfecha. Los que así nacimos, así seremos para siempre.
Bien saben a qué me dirijo con esta introducción. La historia de Don Draper llegó a su final en pantalla, aunque suponemos que en la trama de Mad Men no existió un desenlace sino las mismas constantes: insatisfacción espiritual seguida de gloria profesional; logros que pierden el sentido y alimentan de culpabilidad el vacío existencial. La vida de Don Draper, como la de muchos que llevan un gen creativo-destructivo en el ADN, es cíclica.
Fue una conclusión perfecta para uno de los personajes más emblemáticos de la televisión actual. Don nos cautivó de principio a fin con su halo de misterio que conservó hasta su última escena. Lo dije en alguna otra columna y lo repito ahora. Las palabras que describen perfectamente a Don Draper son las más complejas de cualquier vocabulario: inconformidad perpetua.
¿Nos importa, realmente, que Peggy Olson haya terminado enamorada de su compañero de departamento? Claro, era lo que realmente necesitaba para equilibrar su vida pero aun así, ¿fue épico? ¿Acaso nos provocó una gran impresión el hecho de que Joan se decidiera finalmente por su realización profesional? ¿Era necesario que Pete regresara a los brazos de su exesposa? ¿Nos enterneció hasta las lágrimas la historia de amor de Roger Sterling?
Si acaso, nos tomó por sorpresa el triste desenlace de Betty (es lo que yo digo, fumar no hace ningún bien) y el cambio repentino y obligado de Sally de adolescente a mujer.
No. La mayoría de las conclusiones no fueron colosales. Eso sí, todas resultaron congruentes con el ir y venir de los personajes. Fue una última temporada repleta de simbolismos, melancolía y guiños para fanáticos, como las pequeñas apariciones de algunos personajes conocidos en otras entregas. Pecó en momentos de pretenciosa, pero cumplió en la mayoría de los aspectos.
Lo mejor del final de Mad Men fue sin duda el final, final. La sonrisa final de Don Draper, el spot final del refresco más vendido del planeta. Don, al final, entregó el alma al diablo y le regaló un perfecto comercial. Mi Twitter: @CalladitaR