Encíclica Laudato Si

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Opinión
/ 23 junio 2015

Por fin llegó la tan esperada Encíclica del Papa Francisco, Laudato Si, Alabado Seas, palabras tomadas del Cántico de la Creaturas de San Francisco de Asís, quien hace más de 800 años defendía el cuidado de la naturaleza, de nuestra casa común, como pide el Papa Francisco.

Desde la fe, el Papa eleva su voz en el debate, imprimiéndole un sentido moral y religioso, acerca del estado actual de la naturaleza y sobre el cuidado que estamos obligados a brindarle.

Un día después de publicada, las principales iglesias cristianas respondieron a su llamado. Bartolomé, Arzobispo de Constantinopla, líder espiritual de la Iglesia Ortodoxa Oriental; así como Justin Welby, Arzobispo de Canterbury, cabeza de la Iglesia Anglicana, reconocieron el llamado del Papa y se sumaron a él mediante un mensaje conjunto publicado en el New York Times el 19 de Junio.

El mensaje cala hondo, su impacto será profundo y duradero, esperamos. La comentocracia en el mundo se ha volcado en opiniones diversas. Los portales de internet, radio y televisión, desde el mismo día de la publicación han generado un alud de referencias al llamado papal. El debate inició en el instante. Basta ingresar a Twitter @Pontifex, para comprobarlo.

Una vez más la Iglesia Católica fija lineamientos morales claros y precisos sobre temas de gran trascendencia. Así lo ha venido haciendo desde Rerum Novarum de León XIII en 1891. Desde entonces queda claro que la Iglesia no es de izquierda ni de derecha, por más que los dos bandos quieran jalarla para su lado. La Doctrina Social de la Iglesia está por encima de toda ideología. La Iglesia Católica no debate sobre políticas a ejecutar o desarrollar; define los lineamientos morales que deben guiar el debate que conduzca a esas políticas. Eso hizo frente a la revolución industrial, frente al comunismo, a la guerra fría, la injusticia laboral, los ataques a la dignidad humana y ahora frente al Cambio Climático.

En resumidas cuentas, el Papa hace un llamado a católicos, cristianos y personas de buena voluntad. Nos invita a preguntarnos: ¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?, Esta pregunta no afecta sólo al ambiente de manera aislada, ¿Para qué pasamos por este mundo?, ¿Para qué vinimos a esta vida?, ¿Para qué trabajamos y luchamos?, ¿Para qué nos necesita esta tierra?. Si no nos planteamos estas preguntas, dice el pontífice, no creo que nuestras preocupaciones ecológicas puedan obtener resultados importantes.

El Papa hace un claro llamado a una ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales, inseparablemente vinculadas con la situación ambiental. el análisis de los problemas ambientales es inseparable del análisis de contextos humanos, familiares, laborales, urbanos y de la relación de cada persona consigo misma, porque no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una única y compleja crisis socio-ambiental.

La ecología ambiental, es inseparable de la noción del bien común, que debe comprenderse en el contexto actual donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos.

El Papa da especial importancia al agua de los pobres, escasa y de mala calidad. Con todas sus letras se refiere a una opción preferencial por los pobres y a una leal solidaridad intergeneracional como pilares para heredar un mundo sostenible a las futuras generaciones.

Es imposible resumir este mensaje en un espacio editorial. Los invito a leerlo en su integridad y a profundizar en él. Los cristianos, particularmente los católicos, tenemos una obligación muy clara hacia la naturaleza. Las personas de buena voluntad, con o sin fe religiosa, encontrarán muy enriquecedora esta lectura.

El planeta, nuestra casa común, nos pide otro estilo de vida, austero y responsable. Sólo así, concluye Francisco, podremos alcanzar un acuerdo sobre los regímenes de gobernanza global para toda la gama de los llamados bienes comunes globales.

Twitter: @chuyramirezr

Facebook: Chuy Ramirez

Columna: Regresando a las Fuentes

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