#TodosSomos (Vol.1 Payaso-candidaturas)

Opinión
/ 15 junio 2015

Los recientes comicios, no solo los últimos sino los cinco recientes pasados por lo menos, tanto federales como locales, le pueden aportar al interesado un esbozo de la transformación de la dinámica político-electoral mexicana.

Podemos, por ejemplo, ir midiendo la influencia real o imaginaria de la redes sociales y aprender a considerar este fenómeno no como un factor aislado sino en combinación con otros, como por ejemplo el nivel socio económico y educativo del universo de electores en una contienda. 

Pero yo quería hablar de otros dos fenómenos de la política nacional (y no, no hablo del Profe y la Maestra). Cuando digo fenómenos me refiero a dos sucesos relativamente recientes, ambos originados a su vez por un común detonante: la crisis de los partidos políticos tradicionales en nuestro País. Me refiero a las payaso-candidaturas y las candidaturas independientes.

Abordaremos primero las payaso-candidaturas. Se trata de recurrir a nombres y rostros ya posicionados en el acervo del elector promedio (gracias al circo mediático) para, con esa ventaja, desmarcarse de los otros contendientes. Es deplorable pero tiene lógica.

El mal ejemplo y antecedente al parecer lo puso Cantinflas, y no es porque el Mimo de México se haya tomado muy en serio lo de desenvolverse en la política fuera de la pantalla o en un ámbito distinto al de su gremio artístico, sino que uno de los primeros síntomas del hartazgo nacional fue que el Peladito comenzó a ser la opción recurrente entre los primeros sufragantes anulistas: El voto por Cantinflas fue la única catharsis possible durante el priato duro (Ah, shinga! A poco este es el suave?).

Ello tuvo que encender la chispa creativa de algún burócrata modorro quien en una de esas (que muy rara vez se dan en las oficinas públicas) parió una idea y se la llevó a su jefe, y este a su vez se la llevó a El Lic. El Lic se la adjudicó y la presentó como propia al Secretario, quien puso a sus secres y gatos a pasarla en limpio para que la viera el Gobernador y así el día del Informe el Góber se la enseñó al mero, mero Preciso de la República, jefe indiscutible del Partido:

 Estaba pensando, señor Presidente y si postulamos de verdad a Cantinflas? Quiero decir, claro, no a Cantinflas, Mario Moreno sino a alguien que como el Mimo le dé cierta confianza a la gente, digamos actores o incluso futbolistas.

El Presidente por supuesto casi corrió a gritos al pobre Góber por estar pensando en esas pendejadas, pero al día siguiente ordenó a su gente del partidazo que comenzaran a buscar en Televisa y en las canchas a los mejores perfiles para comenzar a trabajar de inmediato en sus candidaturas.

Pero no solo el PRI, ocurrió luego que el resto de los partidos, supuestas corrientes ideológicas y fuerzas políticas opuestas y complementarias de nuestra sociedad terminaron haciendo todos de comparsas en una misma comedia que de tan nefasta acabó por cansar al público.

Más demoraba en surgir y organizarse una fuerza opositora con posibilidades electorales que lo que tardaba en contaminarse y desprestigiarse con escándalos. Eso si no nacía ya bajo el sino de la corrupción.

Aquello se volvió una rebatiña entre partidos por seguidores, parecida a la que sostienen las religiones, iglesias y cultos por fieles. Prometiendo cada uno un Cielo más resplandeciente, más dichoso y más eterno que el de la competencia. Como era lógico y de esperarse, terminamos por no creerle a ninguno.

Ya desde los años 80 el viejo PRI (el único que conocemos aunque se pinte las canas y se estire el pellejo) había recurrido al star system para  abrevar de allí recurso humano que no le resultara tan repulsivo al electorado como los candidatos tradicionales.

Por citar solo dos: Silvia Pinal fue diputada federal y senadora, mientras que Paco Stanley fue candidato a la Asamblea Capitalina, aunque en cuestiones electorales el teleanimador no pasó de allí.

En años más recientes se recurrió a medallistas olímpicos y deportistas del ámbito profesional para que en vez de goles, carreras o touchdowns se dedicaran a conseguir votos.

Pero ya no era solo el PRI. También la derecha y la izquierda reclutaron famosos. Hoy en día la política está abarrotada de celebridades de poca monta. Personajes que han estirado sus warholianos 15 minutos de fama más allá de los límites de la ductibilidad del tiempo.

A los partidos políticos les dá lo mismo que se trate de un pitecantropo futbolero como Cuauhtémoc Blanco o un subnormal menesteroso de afecto como el Patricio Pato Zambrano (Alguien páseme una hebilla! La hebilla de un cinto!). 

Nuestra misma Presidencia es resultado de un experimento de maridaje de política-farándula que ni es exclusivo del PRI (recuerde a Patylú y el entonces dirigente del PAN, César Nava), ni se antoja para que sea el último (Manuel Velasco y Anahí en una boda que dá lástima porque nos sintetiza políticamente, una mascarada de simulación y fingimiento para disimular una hoguera de ambiciones sin fin).

Los partidos están tan urgidos de un poco de lustre que felices compran el patético brillo de nuestros irrelevantes artistillas con tal de entrar en nuestro circulo de afecto o confianza, como si se tratara de un detergente, un destapacaños o una toalla sanitaria.

Pero de eso a postular al vehículo de ventas para un cargo de elección hay un mundo de diferencia. Es como volver a Ronald McDonald presidente del consejo corporativo del emporio hamburguesero.

Evidencia lo poco que le interesa a nuestros partidos imponernos gente impreparada, de nula preparación y hasta moralmente cuestionable. No importa si conquistan territorios para el color que los postula y con dichas posiciones las consiguientes prerrogativas presupuestales para el partido.

La alcaldía, la diputación, la gubenatura o la Presidencia misma de la República importan un cuerno, que las ocupe cualquier mandril iletrado o cualquier diva de cuarta, en tanto sean botín para el partido. Bendita partidocracia!

Continuaremos en la siguiente entrega

petatiux@hotmail.com

Columna: Nación Petatiux

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM