440 kilómetros entre Piedras Negras y Saltillo

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Opinión
/ 7 abril 2026

Los ciudadanos de Piedras Negras cortaron el cordón umbilical con Saltillo. ¿Qué sentido tiene mantenerlo, si lo que reciben es cada vez menos?

Cuatrocientos cuarenta kilómetros separan a la Presidencia Municipal de Piedras Negras del Palacio de Gobierno de Coahuila. Es la distancia entre la colonia Las Fuentes, en la frontera norte, y el centro histórico de Saltillo. Google Maps dice que son cinco horas de trayecto.

En ello hay muchos factores que influyen. Además de la velocidad, está el deterioro de la carretera entre Allende y Nueva Rosita; el tráfico en Monclova, atrapado entre los interminables semáforos del bulevar Harold R. Pape y un parque vehicular que hace años rebasó su capacidad; luego viene Castaños y las malas condiciones de esa vía en sus accesos. Y finalmente, el congestionamiento en Ramos Arizpe y el bulevar Carranza de Saltillo. La distancia no sólo se recorre, se resiente. Y eso sin entrar en política, economía, ideologías, intereses y costumbres.

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Entre el escritorio de Manolo Jiménez, en Saltillo, y el de Jacobo Rodríguez, en Piedras Negras, hay una separación más profunda que la propia Muralla, esas montañas que anuncian la llegada al Sureste de Coahuila. No es sólo una distancia física: es una distancia de fondo y de forma.

Aunque Manolo es apenas cuatro años mayor que Jacobo, pertenece a una cultura política que acumula casi un siglo. Se mueve entre viejas costumbres y prácticas heredadas de antepasados remotos. Jacobo, en cambio, gobierna en un contexto distinto: con un margen de autonomía poco habitual, respaldado por las mismas siglas de la Presidenta de la República, pero con suficiente distancia, tanto de Saltillo como de la Ciudad de México.

Desde el año 2000, sin sustento constitucional ni legal, los gobernadores de Coahuila han extendido su influencia sobre los municipios del Estado. El fin del presidencialismo mexicano abrió la puerta para que los mandatarios estatales se convirtieran, en los hechos, en virreyes sexenales. Al controlar las sucesiones municipales, controlan a sus gobiernos, cuando son del PRI. Esta tendencia se profundizó en 2011, durante el gobierno de Rubén Moreira. Bajo el argumento de la inseguridad y la falta de recursos, Rubén, Miguel y ahora Manolo han ejercido un control que rebasa sus atribuciones formales, asumiendo en la práctica funciones municipales. Salvo contadas excepciones, el municipio libre se ha ido desdibujando. Sin embargo, las elecciones de 2024 marcaron un punto de inflexión. En el mismo estado donde el PRI había arrasado un año antes, Claudia Sheinbaum y su movimiento lograron imponerse en la cancha federal.

Con todas sus imperfecciones, la democracia electoral en México ha resistido desde su consolidación en los años noventa. Esto nos permite afirmar que la legitimidad de quienes gobiernan en los tres niveles no está en duda. Con fallas, sí, pero con resultados claros: alcaldes, gobernadores y la Presidenta están donde están porque obtuvieron la mayoría de los votos.

En Piedras Negras, Claudia Sheinbaum, Manolo Jiménez y Jacobo Rodríguez alcanzaron votaciones históricas en sus respectivas contiendas. Los tres superaron la barrera de los 40 mil votos. El dato es revelador: ese es el umbral para ganar en la ciudad. Y también confirma que quienes hoy encabezan los tres niveles de gobierno cuentan con respaldo suficiente. Eso se traduce en una cosa: legitimidad.

Frente a esa realidad, es la Constitución –federal y estatal–, junto con las leyes que de ellas emanan, la que delimita con claridad las atribuciones de cada autoridad. El principio es simple: la autoridad sólo puede hacer aquello que la ley le permite. Al gobernador de Coahuila no le corresponde ser alcalde de Piedras Negras ni de ningún otro municipio. La ley no se lo faculta. Coahuila ya eligió a sus alcaldes. Antes, eligió a su gobernador. Cada uno en su ámbito.

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Son 440 kilómetros de distancia entre Piedras Negras y el Palacio de Gobierno de Coahuila. También son kilómetros de intereses, políticas y necesidades distintas. Los ciudadanos de Piedras Negras cortaron el cordón umbilical con Saltillo. ¿Qué sentido tiene mantenerlo, si lo que reciben es cada vez menos?

Las elecciones intermedias que están por arrancar fueron el pretexto para una ofensiva gubernamental sin precedentes del Estado de Coahuila sobre el municipio de Piedras Negras. La democracia y la libertad cuestan; esta es la primera gran prueba para Piedras Negras en democracia. Toca resistir y luchar por nosotros mismos. No hacerlo deja el camino libre a la regresión autoritaria y centralista. Son los últimos manotazos del dinosaurio, a sus 97 años.

Facebook: Chuy Ramírez

Columna: Regresando a las Fuentes

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