Acoso a los empresarios desde la mañanera

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Opinión
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Los empresarios están, como muchos mexicanos, en estado de indefensión. Son víctimas de su propio oportunismo, temor y pequeñez

Fueron por los periodistas y medios de comunicación, y los representantes de los empresarios se quedaron callados; después fueron por los opositores, y los grandes empresarios permanecieron callados; criminalmente se gestionó la pandemia, y los empresarios se quedaron callados; se interpretó la ley para construir una mayoría legislativa avasallante, para cambiar la Constitución unilateralmente, y los empresarios se quedaron callados; se colonizó al INE y al Tribunal Electoral, y los empresarios siguieron callados; se acabó con el sistema de justicia, se afectó el amparo, se amplió el poder de las autoridades para la prisión preventiva, y los grandes empresarios se quedaron callados; una Corte gobernada por la mediocridad dio al régimen la facultad para bloquear cuentas bancarias sin orden judicial, y los representantes de los empresarios se quedaron callados.

El gobierno declaró virtual amnistía a los criminales, y los empresarios se quedaron callados; la Fiscalía General reveló que el contrabando de combustible fue organizado desde la Secretaría de Marina, y los grandes empresarios se quedaron callados; el exconsejero jurídico del presidente reveló que tal contrabando tuvo como origen el financiamiento de campañas del partido en el gobierno, y los empresarios se quedaron callados.

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Ahora el gobierno va por ellos. Ocurre cuando los medios, en buena parte, se han sometido; la oposición es marginal por su descrédito; la justicia no existe porque se acabó con la independencia del juzgador y los buenos fueron suplantados por los mediocres; la salvaguarda de los derechos es incierta porque el juicio de amparo se degradó y se anuló a la justicia federal. Los empresarios están, como muchos mexicanos, en estado de indefensión. Son víctimas de su propio oportunismo, temor y pequeñez. No son todos, pero sí los más. El resto, que son cientos de miles, tiene que soportar los malos gobiernos y la extorsión, en ocasiones, por la barbarie de los criminales.

El régimen político es estatista como antes, con la diferencia de que la sociedad mexicana y la realidad del mundo son muy distintas. A México le costó adecuar sus reglas y sus autoridades a la nueva realidad, proceso accidentado e incompleto, pero amplió las libertades, mejoró la legalidad y llegó la normalidad democrática. Insistir en el estatismo y en el partido hegemónico ahora es recrear las condiciones que llevaron al fracaso al viejo régimen presidencialista.

La presidenta Claudia Sheinbaum llama a los empresarios a invertir; entiende que el crecimiento del país sólo puede cobrar fuerza con un sector privado decidido a participar. La Presidenta ofrece garantías, pero las decisiones de su gobierno y del anterior van en contra. No hay razones para la confianza.

El problema ahora no es sólo la falta de crecimiento. Se avecinan tiempos de inestabilidad y crisis; las finanzas del país están muy comprometidas por una política de gasto y crédito irresponsables; las tragedias recientes en las paraestatales se deben a haber prescindido del mantenimiento. La recesión global es una posibilidad y, por lo pronto, hay incremento de la inflación, el cual ocurrió por una guerra cuya secuela afectará a la economía mundial, aunque el conflicto concluyera pronto. Viene la carestía, y el régimen político sabe las consecuencias. Es el principio del fin, y las próximas elecciones intermedias serán catalizador del descontento social, porque el dinero de las personas no alcanza.

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A la presidenta Sheinbaum le preocupan –con razón– las noticias del incremento de precios. Se muestra exasperada, como se vio con el precio de la tortilla y con el de los combustibles. Ella no apunta a la causa, sino a los imaginarios villanos: los empresarios, y cuenta con todos los recursos a su alcance: la ley, la justicia, el fisco y la cárcel. Para el gobierno será fácil culpar a los empresarios de voraces; regresaremos a los tiempos de llevar al empresario al patíbulo judicial y al de la opinión pública, ahora en la mañanera. De hecho, ya empezó, y los empresarios no saben qué hacer porque perdieron arrestos, pero tienen con qué sobreponerse.

El gobierno, la empresa, la representación política y social deben instalarse en la nueva realidad. La inestabilidad puede ser moderada o grave; nadie lo sabe, ni se puede conocer porque su génesis viene del exterior. Aquí sí, de las autoridades se requerirá cabeza fría y sensatez. Serán tiempos difíciles para todos, especialmente para los que viven de un ingreso modesto, sean trabajadores, empresarios o beneficiarios de los programas sociales. Es inevitable: los votos del clientelismo sufrirán merma.

Licenciado en Derecho Facultad de Jurisprudencia UAC. Maestría y Estudios de Doctorado en Gobierno por la Universidad de Essex, Inglaterra.

Ha sido Catedrático en el ITAM; en el ITESM; en el CIDE; y en la Universidad Anáhuac.

En 1997 a 2000 titular de la Asesoría Política en la Presidencia del doctor Ernesto Zedillo.

Desde 2005 director general del Gabinete de Comunicación Estratégica

Columnista Juego de Espejos en Milenio Diario, Bloomberg-El Financiero y en SDP Noticias, Código Libre y en la Revista Peninsular. Coautor de varios textos en materia electoral y estudios históricos.

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