Acusaciones contra Rocha Moya, una ventana para la oposición

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Opinión
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La derrota moral del régimen implica al menos la posibilidad de que la oposición articule un argumento capaz de desmontar el aire de legitimidad de un proyecto político que se asume eterno

El Gobierno de México y su legión de simpatizantes –entre los que se cuentan no pocos periodistas y académicos que, en la práctica, llevan tiempo exhibiéndose como entusiastas propagandistas– ha decidido tratar de manejar la crisis mayúscula que suponen las acusaciones contra el gobernador de Sinaloa, el senador Inzunza y otros ocho funcionarios recurriendo a dos estrategias.

La primera es escudarse tras la soberanía nacional y el escepticismo frente a las pruebas (que conocen, aunque insistan en lo contrario). Después de meses de presión privada y pública, el régimen no ha tenido otra opción más que proceder, aunque sea centímetro a centímetro, contra uno de los suyos. Está claro que en Palacio Nacional suponen que el inicio de un proceso en México, con Rocha Moya bajo el microscopio, podría bastar para desmontar al menos parte de la presión proveniente de Washington. Parece un error. En el gobierno saben que la lista de nombres, las exigencias de extradición y, sobre todo, la desconfianza ante la confiabilidad del sistema jurídico mexicano es mucho más grande que los intentos dilatorios actualmente en marcha.

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La segunda estrategia es, quizá, la más arriesgada. Algunas voces afines al gobierno han comenzado a sugerir que Rocha Moya no es más que una manzana podrida dentro del impoluto barril del sacrosanto “movimiento”. Eso no es verdad. De nuevo: la lista de sospechosos en Estados Unidos es larga y alcanza círculos de privilegio dentro del régimen. Presentar a Rocha Moya como un actor pernicioso independiente y tratar de convertirlo en un chivo expiatorio que rescate a Morena es una ilusión.

Sería una sorpresa que las acusaciones de la semana pasada no terminaran siendo apenas el principio.

Y eso sugiere una lectura. Las acusaciones contra Rocha Moya y lo que está por comenzar representan la potencial punción del globo de honestidad inviolable que ha sido la promesa central del régimen, como lo fue durante décadas la narrativa de Andrés Manuel López Obrador en el escenario político mexicano. Con un gobernador, un senador y una lista de funcionarios que puede crecer, el gobierno habrá perdido el monopolio moral que intentó atribuirse como supuesto adalid único contra la corrupción.

Esto abre una puerta clara para la oposición en México. Por supuesto, esa oposición carga con décadas enteras de vicios y con su propia larga lista de impresentables, varios de los cuales seguramente están también en la mira de Estados Unidos. Pero la derrota moral del régimen, que ha quedado y seguirá quedando expuesto como otro nido de corrupción más en la larga historia mexicana, implica al menos la posibilidad de que la oposición articule un argumento capaz de desmontar el aire de legitimidad de un proyecto político que se asume eterno.

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Para ello tendrá que encontrar liderazgos con la cola corta, representantes –estos sí– de un México honesto. Con una clase política corroída por el poder, el dinero del crimen organizado y muchos otros venenos, la misión será extremadamente complicada. Pero ejemplos existen, empezando por la improbable victoria de la oposición en Hungría de hace algunas semanas, que aprovechó la decepción ante los modos corruptos e hipócritas del régimen para derrocarlo.

¿Aprovechará en algún momento la oposición mexicana la rendija que hoy comienza a abrirse?

@LeonKrauze

Columna: Epicentro. Nació en la Ciudad de México. Periodista, conductor y escritor mexicano, hijo del historiador Enrique Krauze y de la investigadora Isabel Turrent. Fue conductor de la Segunda Emisión de W Radio, México y miembro de la redacción de la revista cultural Letras Libres. Es maestro en Humanidad y Pensamiento Social por la Universidad de Nueva York, ha cubierto las elecciones presidenciales estadounidenses para diversos medios de habla hispana.

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