Clara Luz, segundo asalto. De la alberca al cuadrilátero

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Opinión
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Gobernó Escobedo en tres ocasiones. Escobedo en tres ocasiones. Abandonó el PRI en febrero de 2020 y se acercó a la Cuarta Transformación. Un año después, Morena, PT, Verde y Nueva Alianza la lanzaron a la gubernatura

Nos recibió en una de sus residencias. Corría la época en la cual Abel Guerra, priista de toda la vida y marido de la anfitriona, aspiraba a la alcaldía de Monterrey. El predio quedaba por el rumbo de El Uro, sobre la carretera Nacional. Ahí la pareja Guerra Flores apostó todas sus canicas.

El lugar deslumbraba. Había luces bien pensadas, arte en las paredes, palapa con sombra y una piscina de postal. Todo lucía dispuesto para el disfrute de los servidores públicos. Los contribuyentes, naturalmente, no recibieron tarjeta.

Clara Luz se asomó poco. Brindó con los artistas y se retiró con aire de anfitriona experta. La convocatoria salió del doctor Jorge Cuéllar, simpatizante del movimiento cubano y explorador del gremio cultural. Cayó la noche. Fluyeron copas, abrazos y proyectos prometidos, todos sin nacimiento.

Cuéllar, según el chisme de pasillo, sueña con la Secretaría de Cultura. Desde hace semanas entrevista a personajes de la farándula local. Nació en Matamoros y trabajó en el gobierno tamaulipeco como coordinador o vocero de acciones para prevenir delitos del fuero común. Hoy busca escenario propio. Compite contra una fila larga de suspirantes. Las secretarías de Cultura suelen repartirse como rebanadas de pastel, y todos llegan con cuchillo.

Volvamos a 2021.

Clara Luz gobernó Escobedo en tres ocasiones. Abandonó el PRI en febrero de 2020 y se acercó a la Cuarta Transformación. Un año después, Morena, PT, Verde y Nueva Alianza la lanzaron a la gubernatura. Arrancó con ruido. Terminó con silencio.

Las encuestas la fueron relegando. Salvador García Soto, columnista de El Universal, la describió en tercer lugar y abandonada por la 4T. Las urnas resultaron más crueles: alrededor de 14 por ciento y cuarto sitio, según reportes recientes. Ganó Samuel García, de Movimiento Ciudadano.

Julio Scherer Ibarra, entonces consejero jurídico de López Obrador, recibió el encargo de operar la campaña. Ahí comenzó el melodrama. Hernán Gómez Bruera escribió por esos días sobre un audio filtrado, la renuncia de Omar Cervantes como vocero de Gobernación y las sospechas de simpatía de los Scherer hacia Adrián de la Garza, candidato priista. Según esa columna, una secretaria de Estado alertó al presidente. Algunos morenistas hablaron de infiltración. El texto planteaba sospechas, no sentencias. Bastaron para alborotar el gallinero.

García Soto contó otra escena. Desde Palacio Nacional se hablaba de expedientes electorales y judiciales, mientras la FGR abría denuncias el 11 de mayo por compra del voto contra De la Garza y por aportaciones de origen ilícito en la campaña de Samuel García. Denuncia no equivale a condena. Pero el ruido acompañó el resultado, y el efecto acompañó a Clara Luz durante cinco años.

Ahora la rueda dio vuelta. Morena la designó como candidata para 2027. En junio había dejado la Unidad de Asuntos Religiosos de Gobernación. Superó a Tatiana Clouthier, Waldo Fernández, Judith Díaz, Felipe de Jesús Cantú y Andrés Mijes. Ariadna Montiel y Citlalli Hernández hicieron el anuncio.

La Política Online la ubica como la mejor posicionada en los levantamientos internos. También recoge el temor a los ecos de 2021. Clouthier asistió al acto, pero evitó nombrar a la ganadora. Dijo respaldar el proyecto de la presidenta Sheinbaum. Elegante puñalada con guante de seda. Mijes, otro aspirante, tendrá el orgullo raspado. Cicatrizar será la primera chamba de la nueva coordinadora, antes de tocar un solo mitin.

Clara Luz ya lanzó el discurso. Encontró un estado con necesidades enormes y los mismos problemas de 2021. Regresa a un territorio gobernado por Movimiento Ciudadano, con Samuel García en el sillón. La revancha llega servida con hielo.

Quedan las preguntas. ¿Ganará? A su favor cuenta el nombre conocido, la estructura de Escobedo y el respaldo del partido nacional. En contra pesan un morenismo con heridas, rivales hambrientos y una memoria colectiva sin botón de borrado. Los regios perdonan poco. Olvidan menos.

En El Uro, la palapa siguió en su sitio. La piscina conserva agua. Los invitados de aquella noche cambiaron de cargo, de partido o de acera. Nadie de teléfono.

Clara Luz sube otra vez al trampolín. Abajo esperan un estado partido, el gobernador con carisma de influencer y un electorado con la calculadora lista. Al agua, doña Clara. Nadie sabe si abajo aguarda una toalla o un tiburón.

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Morelense de cepa Regiomontana. LCC con especialidad periodismo (UANL). Doctor en Artes y Humanidades (I.C.A.H.M.). Tránsfuga de la mesa de redacción en diferentes periódicos como El Diario de Monterrey, Tribuna de Monterrey, y del grupo Reforma en el matutino Metro y vespertino El Sol. Escort de rockeros, cumbiamberos, vallenatos y aprendices al mundo de la farándula. Asiste o asistía regularmente a conciertos, salas de baile, lupanares, premieres, partidos de fútbol y hasta al culto dominical. Le teme al cosmos, al SAT, a la vejez y a la escasez de bebidas etílicas. Practica con regularidad el ghosting. Autor de varios libros de crónica como Hemisferio de las Estaciones, Crónicas Perdidas, Montehell, Turista del Apocalipsis, Monterrey Pop, Prêt-à-porter: crónicas a la medida y Perros ladrando a la luna en Monterrey

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