Consumo de alcohol: causa de la violencia doméstica

Opinión
/ 17 febrero 2022
Lo primero que debe hacerse es reconocer la cruda realidad: cualquier cosa que se esté haciendo en este momento no está dando los resultados deseados

De acuerdo con cifras de la Unidad de Integración Familiar (UNIF) de Saltillo, un altísimo porcentaje de los episodios de violencia que se registran en los hogares de la ciudad tienen como factor común el consumo de alcohol. Además, en una proporción no determinada podría darse la combinación de este con otras sustancias.

“En mucho más del 90 por ciento de los casos de conflictos familiares se ha evidenciado el consumo de alcohol y quizás, dentro de esa estadística, haya consumo de alguna otra sustancia. Sin embargo, eso lo sabe solamente el médico dictaminador”, señaló Patricia Moreno, directora de la institución.

Como en el caso de cualquier otro indicador, lo que la estadística debe provocar aquí es una reacción clara y amplia de las instituciones públicas a fin de diseñar y poner en práctica políticas orientadas a contener el fenómeno y revertir sus efectos.

Y en ese proceso, lo primero que debe hacerse es reconocer la cruda realidad: cualquier cosa que se esté haciendo en este momento no está dando los resultados deseados.

Resultaría inadmisible que frente a estadísticas de esta magnitud se proceda a la enumeración de las campañas que se han implementado para advertir sobre los nocivos efectos del consumo inmoderado de alcohol. Y no es admisible porque claramente no están sirviendo para el propósito para el cual fueron diseñadas.

Lejos de esa posibilidad, lo que las cifras que publicamos en esta edición reflejan es que el alcohol es un problema serio de salud pública que tiene repercusiones severas en las posibilidades de crecimiento y desarrollo sanos de dos grupos vulnerables de nuestra comunidad: las mujeres y los niños.

Tampoco puede abordarse el tema desde la perspectiva de que se han reforzado las estrategias para la denuncia de los casos de violencia doméstica, o que se ha incrementado la capacidad de atención para las víctimas de esta.

¿Por qué? Porque de lo que se trata no es de atender las consecuencias de la violencia, sino de impedir que se registre. Por supuesto que la existencia de mecanismos de defensa de las víctimas tiene un componente disuasor de la conducta y por ello es importante que estos existan, pero no puede apostarse a la reducción en la incidencia de casos únicamente por esta vía.

Cada mes, de acuerdo con la UNIF, cientos de víctimas solicitan ayuda a esta institución luego de haber sufrido agresiones de diversos tipos. Que reciban apoyo es importante para ellas, pero igualmente lo es que pueda garantizarse un objetivo central: que esa sea la última vez que atraviesen por un episodio de violencia en sus propios hogares.

El alcohol, está claro, es un detonante de tales conductas y entonces habríamos de centrar esfuerzos en la confección de fórmulas que, respetando el derecho que todo adulto tiene a consumirlo, no se convierta en el disparador de episodios que vulneran la integridad física y emocional de miles de mujeres y niños en nuestra ciudad.

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