Crecimiento trimestral: Una golondrina no hace verano
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Los riesgos de que el segundo semestre no resulte tan dinámico como el segundo trimestre ya los conocemos
Estas líneas también podrían haberse titulado “Una observación no hace tendencia” y hago referencia al buen dato –bueno, sin mayores pretensiones– de crecimiento del segundo trimestre del año. Conforme a lo publicado por el Inegi la semana pasada, con cifras oportunas, la economía mexicana habría crecido 1.5 por ciento respecto al trimestre anterior. Si el dato se confirma cuando se produzca el definitivo, sería la mejor cifra trimestral desde finales de 2020. Al comparar con el mismo periodo del año previo, el avance fue 2.1 por ciento, por encima de lo que esperaba el consenso de los analistas.
Hay que empezar por lo evidente: el crecimiento parte de una cifra muy reducida, por lo que el rebote era esperado. En el primer trimestre del año, la economía mexicana se contrajo 0.6 por ciento. Levantarse después de una caída no es lo mismo que crecer de manera sostenida, y el resultado acumulado del primer trimestre lo deja claro. Un avance de entre 1.1 y 1.2 por ciento de forma anual, tras la revisión a la baja de las cifras de arranque de año. Es el mejor semestre en dos años, pero la vara con la que estamos midiendo era baja desde el inicio.
Dentro de la actividad del propio trimestre, hay que enfocarse en abril, cuando la actividad se disparó por la construcción, la manufactura, la agricultura y los servicios, todo al mismo tiempo. Mayo fue un mes flojo; la actividad económica se contrajo 0.3 por ciento, y las estimaciones apuntan a que junio tampoco fue bueno, a pesar del Mundial que, con los números disponibles, indica un empujón menor al anticipado. La inercia económica con la que entra México al tercer trimestre es más débil de lo que sugeriría la cifra de crecimiento del segundo trimestre leída de manera aislada.
Por sectores, el avance fue generalizado. El sector primario, que contribuye relativamente poco a la producción, creció 3.3 por ciento respecto al primer trimestre; la producción industrial, 1.6 por ciento –apoyada sobre todo en construcción, después de haber caído 1.0 por ciento el trimestre previo–; y los servicios, 1.5 por ciento. Que el crecimiento sea amplio es preferible a que dependa de una sola actividad. Pero conviene recordar que en el acumulado enero-junio la producción industrial todavía registra una contracción.
Los riesgos de que el segundo semestre no resulte tan dinámico como el segundo trimestre ya los conocemos. Una posible desaceleración en Estados Unidos que implique menores transacciones comerciales, una extensión en el conflicto en el Medio Oriente que presione el precio del petróleo, aún mayor incertidumbre en la revisión del T-MEC, el subejercicio del gasto público en inversión, la poca claridad en la política energética; todas esas variables que siguen postergando las decisiones de inversión locales y foráneas a pesar de las oportunidades y el apetito por el país. Si buscamos los vientos a favor, el consumo podría ser más resistente de lo previsto y la inversión privada podría reaccionar más rápido si el ruido se disipa y el Plan México se acelera. Son posibilidades, no pronósticos.
La tentación de convertir un buen dato en un relato de recuperación va a ser fuerte. Habrá que resistirla. Un trimestre no es una tendencia y menos cuando ese trimestre cabe casi entero en un solo mes.