¿Cuánta humillación puede tolerar JD Vance?
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En una comida a puerta cerrada con motivo de la celebración de Pascua en la Casa Blanca, el presidente Donald Trump decidió entretener a la multitud al humillar a su segundo al mando
Por Dana Milbank, The New York Times.
Trump pidió al vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, una actualización de las negociaciones de paz con Irán. “¿Cómo va eso?”, preguntó Trump, en un video del acto que la Casa Blanca parece haber subido accidentalmente a internet.
“Va bien, señor”, respondió Vance desde el público. Trump cortó el resto de su respuesta.
“¿Crees que pase?”, preguntó el presidente, refiriéndose a un final satisfactorio de la guerra.
“Eh”, respondió el vicepresidente. “Vamos a informarle”.
Entonces Trump soltó su remate. “Entonces, si no pasa, voy a culpar a JD Vance”, dijo, entre risas. “Si pasa, yo me llevo todo el crédito”.
¿Vance sigue sin darse cuenta que el chiste es a su costa? Lo interesante no es que siga rebajándose, sino que cada vez obtiene menos a cambio. A medida que su fortuna política se debilita, su alma se ha convertido en un activo que pierde valor.
En años recientes, Vance ha hecho una y otra vez pactos con el diablo, primero para obtener un escaño en el Senado y luego para convertirse en el número dos de Trump. Adoptó las posturas antimigratorias que una vez calificó de “reprobables” y otros elementos sombríos del movimiento MAGA con la esperanza de perfilarse como su siguiente líder.
Lo que antes podría haber sido un trayecto sencillo a la candidatura presidencial republicana de 2028, hoy se parece más a una travesía por el estrecho de Ormuz. Vance está viviendo una versión de la pena que sufrieron otros republicanos ambiciosos que se acercaron a Trump solo para resultar usados y, después de algún tiempo, desechados por él.
La derecha etnonacionalista a la que se enganchó Vance ahora parece tambalearse tanto en su país como en el extranjero. La guerra en Irán ha revelado una fisura en el movimiento MAGA, alienando a quienes creyeron en la promesa de Trump de “no voy a empezar una guerra”, y luego vieron al presidente que hablaba de “Estados Unidos primero” bombardear Yemen, Somalia, Siria, Nigeria, Irak y Venezuela, mientras amenazaba a Cuba y Groenlandia.
Vance se había convertido en una de las principales voces de “Estados Unidos primero”; en 2024 dijo que una guerra en Irán iba “muy” en contra del interés nacional. Y luego Trump le endosó la guerra.
Las encuestas muestran que la posición de Vance en la estima pública es tan baja como la de su jefe, quien ahora está en el punto más bajo de su mandato. El estatus del vicepresidente como heredero de Trump en el movimiento MAGA está decayendo, como reflejó la encuesta extraoficial del mes pasado en la Conferencia de Acción Política Conservadora. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, subió del 3 por ciento —el año pasado— al 35 por ciento, mientras que Vance, aunque sigue a la cabeza, retrocedió del 61 por ciento del año pasado al 53 por ciento.
Vance está respondiendo como siempre que la ambición llama: se está humillando.
El vicepresidente fue a Hungría el martes para hacer campaña a favor del líder autoritario del país, Viktor Orbán, un nacionalista blanco aliado del Kremlin que proclama que los europeos “no quieren convertirse en pueblos mestizos”.
No está claro hasta qué punto Orbán se beneficiaría de la visita. Tras 16 años en el poder, su partido va rezagado en las encuestas, a pesar del “respaldo total y absoluto” de Trump para la votación del próximo domingo, de una visita de Rubio en febrero y de una supuesta propuesta de Rusia para darle impulso organizando un falso intento de asesinato.
Tal vez Vance espere que la visita distraiga de su problema con Irán y reviva su destino menguante en el movimiento MAGA. Los partidarios de Trump idolatran a Orbán, cuyo partido reescribió la Constitución húngara para crear una “democracia iliberal” y mantiene constantes disputas con la Unión Europea por sus políticas antiinmigración.
Para un líder democrático normal, hacer campaña por Orbán exigiría tragarse unas cuantas reservas. Pero Vance no es un líder democrático normal.
Vance es vicepresidente de un hombre al que una vez se refirió como “heroína cultural” y temió que pudiera ser “el Hitler de Estados Unidos”. Ha pasado de intelectual público a trol de las redes sociales, utilizando improperios para atacar a los críticos y a la información periodística veraz.
Más de una vez ha desestimado las críticas contra otros republicanos que han sido sorprendidos en diatribas racistas que incluían prejuicios contra personas de la India, a pesar de que su mujer y sus hijos son de ascendencia india. Ha impulsado teorías conspirativas, sobre todo con su afirmación que a personas de Ohio, su estado natal, los migrantes haitianos “les han robado a sus mascotas y se las han comido”.
Sin embargo, a pesar de su flexibilidad moral, es probable que no haya nada que Vance pueda decir para que los húngaros se sientan mejor. Su economía se ha estancado mientras la familia y los amigos de Orbán se enriquecían.
Gane o pierda Orbán, su autoritarismo parece haber hecho lo suyo y llevado a Hungría a un mal lugar. Otros nacionalistas de derecha han sufrido reveses recientes en las urnas en Francia y, el año pasado, en los Países Bajos. Los partidos de extrema derecha de Alemania y otros países han empezado a distanciarse de Trump por una guerra que ha hecho al presidente aún más impopular entre los votantes estadounidenses.
Aunque funcionarios anónimos de la Casa Blanca dejaron entrever que el vicepresidente se mostraba escéptico sobre la guerra en el periodo previo a la invasión, Trump ha cortado esa vía de escape, diciendo que Vance “tal vez estaba menos entusiasmado por ir, pero estaba muy entusiasmado”. Vance se reduce a sostener que la guerra está bien ahora porque “tenemos un presidente inteligente, mientras que en el pasado hemos tenido presidentes tontos”.
Más allá de lo que se piense del intelecto del presidente, no cabe duda de que tenemos un vicepresidente listo. Por eso es aún más trágico que no haya utilizado su cargo para ser algo más que el chiste de Trump. c. 2026 The New York Times Company.
Dana Milbank es columnista del sitio de noticias NOTUS. Fue columnista de The Washington Post de 2005 a 2026.