Cuba en caída libre

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Opinión
/ 6 abril 2026

El agravamiento de la coyuntura económica y geopolítica recae sobre una economía que ya llegaba a 2026 en condiciones de extrema fragilidad

Por Pavel Vidal, Project Syndicate.

CALI- La economía cubana atraviesa en 2026 una crisis más aguda que la experimentada a comienzos de los años noventa tras la desaparición de la Unión Soviética. En cuestión de semanas, se ha detenido el abastecimiento externo de energía y sus principales fuentes de ingresos externos. La captura de Nicolás Maduro en enero dejó a Cuba sin el modelo de inserción internacional que, durante los últimos veinte años, había sostenido su economía. Cuba exportaba servicios médicos, militares y de inteligencia, y a cambio recibía petróleo en condiciones financieras favorables.

A este golpe se ha sumado la presión de la administración estadounidense, que ha impuesto un bloqueo a la llegada de petróleo desde otros proveedores como México y Rusia. El impacto es devastador. La economía comienza a paralizarse, el movimiento de mercancías y de personas se reduce al mínimo, las cadenas logísticas y todas las industrias han dejado de operar con regularidad. Las exportaciones de servicios turísticos están en caída libre. La crisis de combustible obligó a la canadiense Sherritt a pausar parte de sus operaciones, afectando igualmente la exportación de níquel.

El agravamiento de la coyuntura económica y geopolítica recae sobre una economía que ya llegaba a 2026 en condiciones de extrema fragilidad. Ese deterioro venía acumulándose desde mediados de la década pasada, cuando la caída del precio del petróleo golpeó indirectamente a Cuba a través de la crisis venezolana.

Entre 2016 y 2019, las exportaciones cubanas presentaron una reducción de 22% y el balance comercial se redujo hasta un tercio del nivel previo. La agricultura y la industria manufacturera presentaban desde entonces tasas negativas de crecimiento. En 2019 el país comenzó a dejar de pagar su deuda externa. A pesar de todo ello, el gobierno cubano se ha resistido a aplicar reformas estructurales de fondo, más allá de una limitada apertura a la pequeña empresa privada.

Luego llegaron otros choques externos que terminaron de agravar aún más la situación. Tras algunas flexibilizaciones durante el período Obama, las sanciones estadounidenses se recrudecieron con la primera administración Trump. Luego vino el impacto de la pandemia, que golpeó duramente al turismo. En 2021, el gobierno cubano aplicó una reforma monetaria fallida, sin cambios productivos y sin un programa fiscal y monetario coherente. Todo ello derivó en desequilibrios macroeconómicos muy severos. El déficit fiscal se disparó: mientras entre 2010 y 2015 promedió 3,1% del PIB, entre 2016 y 2019 subió a 7,7%; en 2020 alcanzó 17,7% del PIB y en 2023 un 11,5%. El déficit fue financiado en gran medida con emisión monetaria del banco central. La economía entró en una espiral de inflación de tres dígitos, depreciación significativa del peso cubano en el mercado informal y creciente dolarización.

El costo de esta crisis ha recaído en gran medida sobre pensionados, asalariados estatales y hogares que dependen de ingresos fijos en pesos. El ajuste a la crisis se ha realizado, en gran medida, mediante un impuesto inflacionario que ha agravado la pobreza y la desigualdad, con efectos particularmente severos sobre una población cada vez más envejecida. A ello se suma una emigración masiva, sobre todo de población joven, que reduce la fuerza de trabajo, fragmenta a las familias y debilita aún más las bases demográficas y productivas del país.

Estas tensiones económicas y sociales también encuentran una expresión en las protestas, a través de las cuales la población manifiesta su desesperación, frustración y las crecientes penurias de la vida cotidiana bajo los apagones y la escasez. Se trata de una variable potencialmente disruptiva para el sistema político cubano, que no tolera el disenso ni la protesta pública y que en el pasado ha respondido con represión policial y encarcelamiento de líderes y participantes. Si la crisis continúa agravándose, la agitación social podría convertirse en una fuente adicional de inestabilidad y en un riesgo creciente para la gobernabilidad del país.

A las ineficiencias y disfuncionalidades del modelo de economía comando hay que añadir la presencia de un conglomerado empresarial militar (GAESA) que maneja cerca del 40% del PIB, monopoliza las industrias más redituables, y controla las reservas internacionales. GAESA opera con nula transparencia y rendición de cuentas a las instituciones civiles. El conglomerado está diseñado para evadir sanciones y, al mismo tiempo, otorgarle un poder financiero extraordinario a la cúpula militar mediante diferentes mecanismos de extracción de rentas de la sociedad.

Uno de los efectos negativos más visibles de GAESA fue el acaparamiento de una proporción desmesurada de la inversión nacional a sus hoteles, mientras que sectores como la agricultura, la infraestructura básica y el sistema electroenergético se descapitalizaban. Ello ayuda a explicar los actuales apagones de más de veinte horas y la creciente dependencia de alimentos importados.

El país se aproxima a una crisis humanitaria. El severo déficit de energía afecta el transporte, la producción, distribución y conservación de alimentos, el acceso a agua potable y la recogida de basura. El sistema de salud está colapsado. Los médicos y pacientes no pueden llegar a las instalaciones, no alcanzan los medicamentos, ni hay suficientes implementos médicos ni productos para la higiene de las salas. Miles de cirugías se han debido cancelar y los enfermos de cáncer y de enfermedades crónicas no logran recibir los tratamientos necesarios.

Aunque ha habido ayudas humanitarias y existe preocupación internacional, ningún país ha querido asumir el costo geopolítico y financiero de rescatar a la economía cubana.

Cualquier salida a la crisis actual pasa obligatoriamente por una negociación con el gobierno de Estados Unidos. Hay información de que existen conversaciones o contactos, pero no se conoce con claridad qué puntos se están negociando ni cuán cerca o lejos están las partes de un entendimiento. El gobierno de Estados Unidos parece estar buscando mayores libertades económicas en Cuba y también un cambio de liderazgo político, pero hay mucha incertidumbre sobre el alcance real de esas demandas y de la postura de las élites cubanas frente al escenario. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Pavel Vidal, ex economista del Banco Central de Cuba y del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC) de la Universidad de La Habana, es actualmente profesor de economía en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Colombia.

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