Diagnóstico económico de un estancamiento anunciado

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Opinión
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En los últimos días se ha generado una avalancha de datos que revelan no solo el ritmo y la trayectoria de la economía mexicana, sino también cuáles son los motores que aún la impulsan y los riesgos latentes que, de no atenderse con urgencia, amenazan con estallarnos en las manos.

Las cifras revisadas del Producto Interno Bruto (PIB) correspondientes al primer trimestre confirman una debilidad crónica: un raquítico crecimiento anual de apenas 0.4% y una contracción trimestral del 0.6%. De los tres grandes sectores, la industria es la que más preocupa, al registrar tropiezos de 1% y 1.1% a tasa trimestral y anual, respectivamente.

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No es casualidad que la más reciente Encuesta Citi México de mayo haya recortado la expectativa de crecimiento para todo 2026 a 1.1%, por debajo del 1.2% estimado apenas en abril.

Al analizar los detalles, el panorama cobra sentido. El Indicador Mensual del Consumo Privado en el Mercado Interior —el termómetro del gasto de los hogares— registró un modesto avance del 1.2% a tasa anual durante el primer bimestre con cifras originales. Esto consolida una preocupante tendencia de enfriamiento en un rubro que representa casi el 70% del PIB nacional.

Por su parte, la inversión productiva raya en la tragedia, un tema al que, sorprendentemente, los medios de comunicación prestan poca atención. Con una caída del 3.6% en febrero respecto al mismo mes de 2025, este indicador acumula ya 18 meses consecutivos de retrocesos anuales. Este menor gasto en maquinaria y equipo atenta directamente contra la capacidad instalada de las empresas y compromete severamente el crecimiento futuro del país.

Irónicamente, el único motor que sigue encendido —pese al actual contexto geopolítico, la retórica proteccionista y los amagos arancelarios de Donald Trump— es el sector externo. Durante abril, las exportaciones e importaciones repuntaron a tasas extraordinarias del 32.6% y 24.1% anual.

Cabe destacar que el factor de arrastre ya no es el sector automotriz (cuyas ventas se mantuvieron estancadas), sino las manufacturas no automotrices, que registraron un alza del 34.4% en el primer cuatrimestre del año.

Esta tracción externa también se refleja en el consumo privado: en los primeros dos meses del año, el gasto de los mexicanos en bienes importados se disparó un 10.2% anual, contrastando drásticamente con la contracción del 0.9% en el consumo de bienes nacionales.

En línea con este dinamismo internacional, la Inversión Extranjera Directa (IED) sigue fluyendo hacia México, más allá del triunfalismo oficial y las comparaciones a modo que merecen un análisis aparte. Existe, sin duda, una auténtica dicotomía entre el deprimente desempeño de la Inversión Fija Bruta interna y el buen comportamiento de la IED.

Del gasto público, las calificadoras ya lo han dicho todo. La perspectiva negativa de Standard & Poor’s y la rebaja crediticia de Moody’s hablan por sí solas. La deuda pública está fuera de control, y el boquete financiero que representa Pemex se perfila, irremediablemente, como una de las primeras bombas que nos reventarán en las manos.

Economista y Catedrático de la Universidad La Salle Satillo

X: @guillermo_garza

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Economista con habilidades en redacción de artículos de opinión y discursos, así como en el análisis e interpretación de indicadores económicos y estadísticos.

Experiencia en materia de Transparencia y Acceso a la Información.

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