Dios está muerto

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Opinión
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En Gaza mueren niños. Agonizan bajo las bombas

Nietzsche lo anunció. Carrère lo rozó. Yo lo compruebo. Subo al cielo y encuentro la puerta abierta. Nadie vigila. No responde. Solo hay un escritorio vacío y un cartel torcido: Volvemos pronto. Llevan dos mil años.

Pablo de Tarso prometió redención. Prometió familia, cuerpo nuevo. Pablo se equivocó. Se erro de público, fecha y promesa. Carrère lo sabe. Lucas, su escriba fiel, también dudaba. Ambos escribían con fe. Yo escribo con duda, y la incertidumbre, al menos, no cobra diezmo.

Miren al niño nacido sin piernas. Germinó sin culpa. Brotó sin trámite. El dogma lo contempla y le ofrece una sola vida, dura, sin repetición. El judaísmo, dicho sea con justicia, no habla con una sola voz. Algunos rabinos mencionan de otro mundo. Otros hablan de reencarnación. Otros callan. Pero el cielo oficial calla más. ¿Sirve un examen único para quien llegó sin lápiz? ¿Existe segunda oportunidad para el cuerpo torcido, para el síndrome, para el miembro ausente? El Creador, artesano célebre, firma obras defectuosas y culpa al cliente. El niño no falló. Falló el taller.

Suena Simpatía por el diablo, de los Rolling Stones. Jagger canta con modales de caballero. El diablo llega puntual. Llega a la crucifixión, a la guerra. Al magnicidio. Solo pide cortesía y un poco de adivinanza. Comento la letra con cariño. El diablo de la canción reparte la culpa entre todos nosotros. Al menos habla. Dios reparte el castigo y guarda silencio. El leviatán tiene modales. El Dios de los textos tiene amnesia. Me quedo con el caballero.

En África nacen niños con VIH. Nacen infectados. Nacen obligados a tragar pastillas cada día. Hoy viven más. Existen por la ciencia, no por el milagro. El antirretroviral salvó vidas. Salvaguardó niños. Amparó madres. Ningún ángel lo inventó. Lo concibieron investigadores cansados y mal pagados.

En Gaza mueren niños. Agonizan bajo las bombas. Caen apenas crecidos, cortados como tallos verdes. Sus vidas estaban en proceso. Nadie les dio terminación. Entre Rusia y Ucrania también crecen tumbas. Soldados de veinte años. Abuelas de ochenta. Niños de ocho. Cada bando reza. Cada grupo invoca el mismo cielo. El paraíso, ocupado, no contesta.

Existen israelíes valientes. Cineastas, periodistas, exsoldados. Muestran la verdad. Reciben amenazas, insultos, campañas para expulsarlos de la vida pública. Su coraje es moral, no tribal. Ningún pueblo es un bloque. Nadie elije absuelve a un gobierno.

Hay familias donde el padre manda. Compromiso con el cinturón. Manda con el silencio. El patriarca castiga, reza y come primero. Hay tíos, primos y hermanos mayores con llaves de todas las habitaciones. Niñas obligadas a callar. Hay niños obligados a sonreír en la foto. La Iglesia conoce bien el tema. Las comisiones de Irlanda, Francia, Alemania y Estados Unidos contaron víctimas por miles, y en Francia por cientos de miles. Sacerdotes trasladados. Expedientes guardados. Obispos callados. Perdón pedido tarde. Restitución casi nula.

¿Dónde queda el juicio? ¿Dónde queda el perdón? ¿Dónde queda la restitución? El perdón llega gratis para el agresor. Para la víctima llega la culpa. Pablo predica paciencia. Pablo olvida al niño. Un Dios injuzgable, sin tribunal, sin apelación, sin testigos, pide ser amado. Yo pido cuentas. Quien cría y maltrata no merece el título de padre.

Me declaro agnóstico. Por eso me expreso sucesor del ángel caído. Por eso me expongo discípulo de Bafomet, cabra barbuda, humanista de taberna. Si la naturaleza entera es Dios, como sueña el panteísta, Dios tiene cáncer, tiene terremotos, tiene cuerpos rotos. Un salvador así no merece adoración. Gana terapia.

Dios está muerto. O duerme. O mira hacia otro lado. Da igual. Un niño sin piernas cruza el patio y no espera milagros. Un niño de Gaza no cumple nueve años. Una niña calla en la cena. Nadie baja del cielo. Descendemos nosotros, con manos, con pan, justicia. La fuerza vital, si existe, ciega y cruel, aprenderá de nosotros lo único digno. Cuidar. Velar sin pedir fe. Velar sin exigir eternidad.

Morelense de cepa Regiomontana. LCC con especialidad periodismo (UANL). Doctor en Artes y Humanidades (I.C.A.H.M.). Tránsfuga de la mesa de redacción en diferentes periódicos como El Diario de Monterrey, Tribuna de Monterrey, y del grupo Reforma en el matutino Metro y vespertino El Sol. Escort de rockeros, cumbiamberos, vallenatos y aprendices al mundo de la farándula. Asiste o asistía regularmente a conciertos, salas de baile, lupanares, premieres, partidos de fútbol y hasta al culto dominical. Le teme al cosmos, al SAT, a la vejez y a la escasez de bebidas etílicas. Practica con regularidad el ghosting. Autor de varios libros de crónica como Hemisferio de las Estaciones, Crónicas Perdidas, Montehell, Turista del Apocalipsis, Monterrey Pop, Prêt-à-porter: crónicas a la medida y Perros ladrando a la luna en Monterrey

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