Divorciarse del teatro para seguir haciendo teatro (IV): hartos del sistema.
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Hace unos años, durante la crisis del COVID-19, fuimos obligados a pausar y algunas cosas surgieron de tener que detenerse un poco y pensar fuera de la estructura a la que estábamos acostumbrados. A pesar de la ansiedad y la tragedia, pudimos encontrar también muchos momentos luminosos y surgieron muchas propuestas interesantes. Luego volvió la nueva normalidad y temo que quizás perdimos un poco de aquello que habíamos ganado.
Aunque al arte se le relaciona con la creatividad y el pensar fuera de los esquemas, es humano acomodarse, y por ello, con frecuencia el sector cultural sufre también de sistemas burocráticos e ineficientes que son aceptados sin más y de prácticas que se hacen porque “así es como se hace” aunque esto no sea necesariamente lo mejor. Estamos acostumbrados a que las cosas funcionan de cierta manera y, aunque no siempre nos guste, no buscamos opciones porque pareciera que no hay otra forma de abordar la creación y la producción artística en el país.
Si hay una forma de “divorciarse del teatro” que me parece significativa, además del rebelarse contra la estética y la neurosis por generar productos y proporcionarse auto-cuidado es, precisamente, rebelarse o por lo menos cuestionar al sistema. Uno debería preguntarse por qué en México nos aferramos tanto a un sistema cultural dudoso, con fallas de funcionamiento, bajos presupuestos, nepotismo y que además falla en encaminar a los creadores hacia una verdadera suficiencia en lugar de mantenerlos dependiendo de los apoyos gubernamentales.
En Coahuila, por ejemplo, hemos vivido varios momentos reveladores que son para acabarle la paciencia a cualquiera. Con el cambio de mandato hace casi tres años, a los problemas que ya se venían arrastrando en la materia, se le sumó una falta de ideas y liderazgo al interior de la Secretaría de Cultura que culminó – o no porque la saga continúa hasta ahora – con la sesión de la administración del Teatro de la Ciudad Fernando Soler a un patronato y, recientemente, con el cambio de titular a cargo de la dependencia.
De verdad, creo que todos deseamos que esos cambios hayan sido para bien y que por fin, ya a media administración, se nos proporcione un plan estructurado, específico y que atienda las reales necesidades del sector y de la sociedad. Por otro lado, hay un lado cínico y cansado de ésta artista que simplemente quisiera decir – y disculpen por el lenguaje – “al diablo con el sistema, me quiero bajar de este tren”.
Propuestas y alternativas debería de haberlas; si es posible o no liberarse completamente y dejar de depender del gobierno para crear en nuestra bella pero problemática sociedad mexicana es un cosa que no he experimentado de primera mano porque, número uno, da mucho miedo y número dos, el teatro se hace en colectivo, así que los locos deberían ser varios. Existen en otras latitudes ejemplos de compañías que se han asimilando a su comunidad en sistemas mas complejos y simbióticos que permiten su supervivencia a través de diferentes actividades más allá de sólo presentar obras, existe una que otra compañía que por obra de un milagro o muchas influencias han conseguido patrocinios privados que les permiten existir, o quizás prefiera hacer como ciertos grupos en los 70’s y 80’s y conseguir una parcela para sembrar mi propia comida. Se vale soñar.
O de pronto, por lo menos se nos ocurre que esta vez no le permitimos al gobierno hacer lo que quiera, y mientras soñamos en nuestra vida artística libre de precariedades y jaladas de la administración en turno, evitamos quitar el dedo del renglón y seguimos exigiendo, aunque parezcamos disco rallado. Sé que algunas figuras de nuestro gremio siguen ahí al pendiente y me siento profundamente agradecida por su existencia, de otra forma, estaríamos totalmente perdidos. Ojalá una vez que me reconcilie con el teatro pueda agradecerles personalmente.
Mientras tanto, no nos sintamos culpables; toda relación tiene sus crisis, y si usted compañero artista necesita darse permiso de odiar al teatro tanto como también lo ama, siéntase libre de hacerlo. Le prometo que no es el único.